Tender la mano para ayudar a los demás

B. Hinckley


"Abramos nuestro corazón, tendamos la mano a los demás y levantémosles, abramos nuestra billetera, mostremos un amor mayor por nuestros semejantes".

Mis queridos hermanos, al contemplar la gran asamblea de hombres en este salón y al reconocer que hay decenas de miles más diseminados en el mundo, todos de una mente y un corazón, y todos portando la autoridad del sacerdocio del Dios viviente, me siento calmo y humilde. Invoco la guía del Espíritu Santo.

Este grupo es único en el mundo; no hay nada como él. Ustedes constituyen las legiones del Señor, hombres preparados para la batalla contra el adversario de la verdad, hombres con el deseo de participar y hacer su parte, hombres que llevan el testimonio de la verdad, hombres que se han sacrificado y dado mucho por esta gran causa. Ruego que el Señor les bendiga, les sostenga y les magnifique. "Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio" (1 Pedro 2:9).

Hermanos, seamos dignos del sacerdocio que poseemos. Vivamos más cerca del Señor. Seamos buenos esposos y padres.

Cualquier hombre que sea tirano en su hogar es indigno del sacerdocio; no puede ser instrumento apto en las manos del Señor cuando no muestra respeto, ni bondad, ni amor hacia la compañera de su elección.

De la misma forma, cualquier hombre que sea un mal ejemplo para sus hijos, que no pueda controlar su temperamento, o que se involucre en prácticas deshonestas o inmorales, verá anulado el poder de su sacerdocio.

Les recuerdo: "Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud.

"Es cierto que se nos pueden conferir; pero cuando intentamos encubrir nuestros pecados, o satisfacer nuestro orgullo, nuestra vana ambición, o ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre" (D. y C. 121:36 –37).

Hermanos, seamos buenos hombres, como esos favorecidos del Señor, con una concesión de Su divino poder sobre nosotros.

Ahora pasemos a un tema diferente, pero relacionado.

En nuestra reunión del sacerdocio de abril pasado, anuncié un nuevo programa. Hablé de una gran cantidad de misioneros de Sudamérica, México y Filipinas, además de otras áreas; ellos responden al llamado y sirven con sus hermanos y hermanas de Norteamérica. Desarrollan fuertes testimonios; aprenden una nueva forma de vida. Son altamente eficaces porque hablan su idioma natal y conocen la cultura de sus propios países. Disfrutan de una temporada maravillosa de trabajo arduo y dedicado.

Luego se les releva para regresar a su hogar. Sus familias viven en la pobreza y muchos de ellos caen en la misma situación de la que salieron, incapaces de progresar debido a la falta de destrezas y a la dificultad consecuente de encontrar buenos empleos.

Les hablé del Fondo Perpetuo para la Emigración, que se estableció en la era pionera de la Iglesia para auxiliar a los pobres a venir desde Inglaterra y Europa. Se estableció un fondo rotatorio desde donde se efectuaban préstamos pequeños que hicieron posible que 30.000 emigraran de sus tierras natales y se reunieran en Sión.

Les dije que aplicaríamos el mismo principio y crearíamos lo que se conocería como Fondo Perpetuo para la Educación. Con los fondos que donaría nuestra gente, y no de los fondos de diezmos, se crearía un capital, de cuyos ingresos se ayudaría a los jóvenes y a las señoritas a asistir a una escuela a fin de reunir los requisitos para un mejor empleo. Ellos lograrían desarrollar aptitudes que les ayudarían a ganar lo suficiente para cuidar de sus familias y salir del nivel de pobreza que ellos y sus generaciones anteriores conocieron.

No teníamos nada en el fondo al momento de la planificación. Pero siguiendo adelante con fe, establecimos una organización, modesta en sus dimensiones, para implantar lo que considerábamos necesario. Me complace informar que el dinero ha llegado en decenas de miles de dólares, en cientos de miles de dólares, incluso en millones. Ese dinero ha provenido de miembros generosos de la Iglesia que aman al Señor y desean ayudar a los menos afortunados de Su pueblo a progresar en el mundo de la economía. Ahora tenemos una suma considerable; no es todo lo que necesitamos. Esperamos que esas contribuciones continúen. El tamaño del capital determinará el número de los que puedan recibir ayuda.

Hoy, seis meses más tarde, deseo darles un informe de lo que se ha logrado. Primero, llamamos al élder John K. Carmack, que sirvió tan bien en el Primer Quórum de los Setenta y que entró al nivel de Setenta emérito en esta conferencia. él es un abogado de mucho talento, un hombre de sano juicio en empresas, un hombre de grandes aptitudes. Ha sido nombrado como director ejecutivo y, aun cuando está jubilado de su trabajo como Setenta, dará su tiempo completo para la prosecución de esta empresa.

El élder Richard E. Cook, de los Setenta, que también ha pasado a ser Autoridad General Emérita, trabajará con él en la administración de las finanzas. El élder Cook fue anteriormente Contralor Asistente de la compañía Ford Motor, un hombre con experiencia en finanzas mundiales, capacitado ejecutivo y un hombre que ama al Señor y a los hijos del Señor.

Hemos gastado a estos dos hermanos por un lado, y ahora los hemos dado vuelta para gastarlos por el otro lado.

Se han unido al hermano Rex Allen, experto en organización y capacitación, y al hermano Chad Evans, que tiene vasta experiencia en programas de educación avanzada.

Todos contribuyen su tiempo y habilidades sin compensación.

El programa está organizado y funcionando. Estos hermanos han tenido mucho cuidado para iniciarlo de manera apropiada, con principios gubernativos sólidos. Hemos restringido la zona en que operará inicialmente, pero se extenderá a medida que tengamos los medios para hacerlo.

Esos hermanos se han puesto a trabajar de manera de utilizar las organizaciones existentes de la Iglesia. El programa está basado en el sacerdocio y por eso tendrá éxito. Comienza con los obispos y los presidentes de estaca; incluye al Sistema Educativo de la Iglesia, las oficinas de Servicios de Empleo y otros que trabajarán juntos en un maravilloso espíritu de cooperación. Se puso en práctica primeramente en Perú, Chile y México, que son áreas donde hay grandes números de ex misioneros y la necesidad es grande. Los líderes locales se han mostrado entusiastas y se han comprometido. Los beneficiarios están aprendiendo principios verdaderos de autosuficiencia. Se ha ensanchado enormemente su visión de lo que pueden lograr. Están seleccionando buenas escuelas locales para capacitarse y utilizan, hasta donde sea posible, sus recursos personales, familiares y otros recursos locales. Sienten aprecio, tienen la voluntad y se sienten profundamente agradecidos por la oportunidad que se les ofrece. Permítanme darles dos o tres ejemplos.

El primero es el de un joven que sirvió en la Misión Bolivia Cochabamba. Vive con su fiel madre y sobrinas en un vecindario pobre. Su pequeño hogar tiene piso de cemento, una sola bombilla de luz, gotea el techo y la ventana está rota. él fue un misionero exitoso, y dice:

"La misión fue lo mejor que he hecho en mi vida. Aprendí a ser obediente a los mandamientos y a ser paciente en mis aflicciones; además, aprendí algo de inglés y a administrar mejor el dinero, mi tiempo y mis habilidades.

"Luego, al terminar la misión, fue difícil regresar a casa. Mis compañeros norteamericanos regresaron a la universidad, pero en mi país hay mucha pobreza. Es muy difícil obtener una educación. Mi madre hace lo que puede, pero no puede ayudarnos; ha sufrido tanto y yo soy su esperanza.

"Me sentí tan feliz cuando supe del Fondo Perpetuo para la Educación. El profeta había reconocido nuestros esfuerzos. Me colmaba el gozo. . . había una posibilidad de que podría estudiar, ser autosuficiente, tener una familia y ayudar a mi madre.

"Estudiaré contabilidad en una escuela local donde podré estudiar y trabajar. Es un curso corto, sólo tres años y debo seguir trabajando como conserje, pero no importa. Cuando me gradúe obtendré un trabajo de contabilidad y trataré de estudiar comercio internacional.

"ésta es nuestra oportunidad y no podemos fallar. El Señor confía en nosotros. He leído muchas veces en el Libro de Mormón las palabras que el Señor habló a los profetas, de que si guardamos los mandamientos, prosperaremos en la tierra. Eso se está cumpliendo. Estoy tan agradecido a Dios por esta gran oportunidad de recibir lo que mis hermanos y hermanas no tienen, por ayudar a mi familia y por lograr mis metas. Y me entusiasma saber que voy a pagar el préstamo para que otros sean abundantemente bendecidos. Sé que el Señor me bendecirá al hacerlo".

¿No es maravilloso eso? Otro ejemplo. Se aprobó la solicitud de un joven de la Ciudad de México para recibir un préstamo de aproximadamente mil dólares para asistir a una escuela y convertirse en un mecánico diesel. él ha dicho: "Mi promesa es dar lo mejor para sentirme satisfecho con mis esfuerzos. Sé que este programa es valioso e importante. Por medio de él estoy tratando de lograr el máximo de beneficios para el futuro. Podré servir y ayudar a los pobres y ayudar y aconsejar a los miembros de mi familia. Agradezco a mi Padre Celestial este hermoso e inspirado programa".

Hace poco se aprobó otro préstamo para un joven de la Ciudad de México que sirvió en la Misión Nevada Las Vegas. Desea ser técnico dentista. Su capacitación durará 15 meses de dedicada labor y él dice: "Prometo que al finalizar mis estudios en la escuela técnica, con la ayuda del Fondo Perpetuo para la Educación, pagaré el préstamo para que otros misioneros puedan disfrutar de estas bendiciones".

Y así hemos empezado esta obra de hacer posible que nuestros fieles y capaces jóvenes y señoritas suban la escala que les asegurará el éxito económico. Con mayores oportunidades de mejorar, saldrán del círculo de la pobreza que han conocido por tanto tiempo, ellos y los que fueron antes que ellos. Han servido en misiones y continuarán sirviendo en la Iglesia y llegarán a ser líderes de esta gran obra en sus tierras natales. Pagarán sus diezmos y ofrendas, lo que permitirá a la Iglesia expandir su obra a través del mundo.

Esperamos que para fin de año tengamos 1.200 en el programa y en tres años más calculamos que serán más de 3.000. Las oportunidades están allí; la necesidad es urgente. En algunos casos podemos fallar; pero la gran mayoría desempeñará la tarea como esperamos, tanto los jóvenes como las señoritas.

Nuestro único límite será la cantidad que tengamos en el fondo. Nuevamente invitamos a todos los que deseen participar, a que hagan una contribución, grande o pequeña. Podremos entonces extender esta gran obra que hará posible para aquellos que tengan fe y una habilidad latente, elevarse sobre la independencia económica como fieles miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días.

¿Pueden entender el significado de la tremenda obra de esta Iglesia? Permítanme describirles este panorama: Un par de misioneros golpea a la puerta de un pequeño hogar en alguna parte de Perú. Una mujer contesta, no entiende bien lo que desean los misioneros, pero los invita a pasar; entonces, se ponen de acuerdo para volver cuando el esposo y los otros miembros de la familia estén allí.

Los misioneros enseñan a la familia y, al sentir el Espíritu, los miembros de la familia responden al mensaje de verdad eterna y se bautizan.

La familia es activa en la Iglesia, paga un diezmo fiel pero pequeño y tiene un hijo o una hija de unos 18 años. Al debido tiempo, ese hijo o esa hija recibe el llamamiento para ir a una misión. La familia hace todo lo posible por mantenerlo o mantenerla en la misión y la diferencia se obtiene del fondo misional, que sale de las contribuciones de los Santos.

El hijo o la hija trabaja con un compañero o compañera de los Estados Unidos o Canadá; aprende inglés mientras su compañero(a) mejora rápidamente su español. Trabajan juntos con amor y aprecio y respeto el uno por el otro, ambos representantes de dos grandes culturas diferentes.

Al final de la misión, el (la) norteamericano(a) regresa a casa y asiste a la escuela. El (la) peruano(a) regresa a casa con la única esperanza de encontrar un trabajo de escasa importancia. El salario es tan pequeño. El futuro es sombrío y él o ella no tiene las habilidades necesarias para progresar y salir de ese trabajo. Entonces llega ese rayo brillante de esperanza. Bien, hermanos, ustedes entienden la situación, no tengo que entrar en más detalles. El camino por delante está claro, la necesidad es tremenda y el Señor ha mostrado el camino.

El élder Carmack encontró hace poco un viejo libro de contabilidad, y me lo trajo. Descubrimos que en 1903 se estableció un pequeño fondo para ayudar a los que aspiraban ser maestros de escuela a fin de que reunieran los requisitos para tener mayores oportunidades por medio de pequeños préstamos a medida que asistían a la escuela.

Eso continuó durante 30 años hasta que se canceló durante la Depresión.

Me sorprendieron algunos de los nombres que estaban en ese viejo libro de contabilidad. Dos llegaron a ser rectores de universidades. Otros llegaron a ser bien conocidos y respetados educadores. El libro de contabilidad mostraba pagos de intereses de 10 dólares, de 25 dólares, de 3,10 dólares y cosas así. Uno de los beneficiarios de ese programa llegó a ser obispo, luego presidente de estaca, luego apóstol y finalmente consejero de la Primera Presidencia.

Hermanos, tenemos que cuidarnos el uno al otro en forma más diligente. Tenemos que hacer un poco más de esfuerzo por ayudar a los que están en el fondo de la escala económica. Tenemos que dar aliento y extender una mano de ayuda a los hombres y las mujeres de fe, de integridad y de habilidad, que pueden subir esa escala con un poco de ayuda.

Ese principio se aplica no sólo en referencia a nuestra presente empresa en este fondo, sino en una forma más general. Abramos nuestro corazón, tendamos la mano a los demás y levantémosles, abramos nuestra billetera, mostremos un amor mayor por nuestros semejantes.

El Señor nos ha bendecido en forma tan abundante y las necesidades son tan grandes. él ha dicho: ". . .en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo 25:40).

Leo del libro de los Hechos:

"Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.

"Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.

"Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.

"Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.

"Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

"Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;

"y saltando, se puso de pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios" (Hechos 3:2 –8).

Ahora bien, noten que Pedro lo tomó por la mano derecha y lo levantó.

Pedro tuvo que tender su mano para levantar al hombre cojo. Nosotros también debemos tender la mano.

Que Dios los bendiga mis queridos hermanos, jóvenes y mayores. Mantengan la fe. Ministren con amor. Críen a sus familias en el camino del Señor. "Acude a Dios para que vivas" (Alma 37:47).

Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.