La condición en la que se encuentra la Iglesia

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
Creo que la Iglesia está en mejores condiciones, como nunca antes lo había estado en toda su historia.

Al dar inicio a esta gran conferencia, notamos la ausencia del élder David B. Haight y del élder Neal A. Maxwell, del Quórum de los Doce Apóstoles. Cada uno de ellos prestó servicio durante largo tiempo y muy eficazmente. Lamentamos el fallecimiento de ellos; los echamos mucho de menos y hacemos extensivo nuestro amor a sus seres queridos. Tenemos la seguridad de que ellos siguen adelante en esta gran obra al otro lado del velo.

Nos damos cuenta de que en el curso natural de los acontecimientos se producen algunas vacantes por lo que se hace necesario llenarlas a medida que se crean.

Después de ayunar y orar, hemos llamado al élder Dieter Friedrich Uchtdorf y al élder David Allan Bednar para llenar esas vacantes en el Quórum de los Doce Apóstoles. Ahora, les presentamos sus nombres a ustedes. Es posible que no los conozcan, pero pronto los conocerán mejor. Quienes estén de acuerdo en sostenerlos en este sagrado llamamiento, tengan a bien manifestarlo levantando la mano. ¿Hay alguien que se oponga?

Sus nombres se incluirán en el sostenimiento de las demás autoridades durante el correr de la conferencia. Ahora les pedimos a estos hermanos que ocupen sus lugares en el estrado junto a los miembros de los Doce. Ellos nos dirigirán la palabra el domingo por la mañana, y los conocerán un poco mejor.

Ahora bien, al comenzar esta conferencia, deseo hablar brevemente de la condición en la que se encuentra la Iglesia. Ésta continúa creciendo. Cada año llega a la vida de más y más personas y se despliega a lo ancho y a lo largo de la tierra.

Con el fin de dar cabida a ese crecimiento, debemos, en aras de la necesidad, seguir edificando lugares de adoración. Por el momento, tenemos 451 centros de reuniones de varios tamaños en diferentes etapas de construcción. Este programa de edificación es extraordinario. No sé de nada que se le iguale. Nuestros edificios son hermosos y embellecen el entorno de la comunidad en la que se erigen. Se los mantiene en buenas condiciones. Tenemos gran experiencia en la construcción de centros de adoración y, por motivo de esa gran experiencia, estamos construyendo mejores edificios comparados con los que se habían construido en la Iglesia en el pasado. Ellos armonizan la belleza con lo funcional. Si todos se parecen, es porque ésa es la intención. Al repetir los modelos que ya han sido probados, ahorramos millones de dólares y satisfacemos las necesidades de nuestra gente.

Seguimos edificando templos. Hace poco, dimos la palada inicial para un nuevo templo en Sacramento, California, el séptimo en ese estado, donde se encuentra el segundo grupo más numeroso de miembros de la Iglesia en los Estados Unidos.

Los templos en la ciudad de Salt Lake están siempre muy concurridos y, en ocasiones, sobrepasan su capacidad. Por esa razón hemos determinado edificar un nuevo templo en el Valle de Salt Lake. El emplazamiento del terreno será anunciado pronto. Podría parecer que favorecemos demasiado esta zona, pero la asistencia al templo es tal, que debemos dar cabida a los que desean asistir. Y si el crecimiento actual continúa, es probable que necesitemos otro más.

Nos sentimos complacidos en anunciar que se construirá otro templo en Idaho, donde reside el tercer grupo más numeroso de miembros de la Iglesia en los Estados Unidos. Los planes de un templo en Rexburg siguen adelante, pero ahora estamos haciendo planes de edificar otro en la ciudad de Twin Falls. Este templo prestará servicio a miles de miembros que viven entre Idaho Falls y Boise.

Por el momento, hay templos en construcción en Aba, Nigeria; Helsinki, Finlandia; Newport Beach y Sacramento en California; y en San Antonio, Texas. Estamos volviendo a construir el templo que un incendio destruyó en Samoa.

Cuando aquellos que hasta aquí hemos anunciado se dediquen, tendremos 130 templos en funcionamiento. Otros se construirán a medida que la Iglesia siga creciendo.

En la actualidad, estamos embarcados en una importante empresa en Salt Lake City. Es imprescindible que conservemos el entorno alrededor de la Manzana del Templo. Para eso, es necesario que se realice un proyecto de construcción muy grande. El fondo de diezmos no se utilizará para esa construcción, sino que se hará posible mediante el ingreso que se recibe de los negocios de la Iglesia, los alquileres de propiedades, las contribuciones privadas y otras fuentes de recursos semejantes.

Debemos efectuar una gran obra en el Tabernáculo de Salt Lake con el fin de hacerlo sísmicamente seguro. Ese maravilloso edificio se ha utilizado desde hace 137 años, este mismo mes, y ha llegado el momento de hacer algo para preservarlo. Es una obra maestra arquitectónica, única en el mundo, y un edificio de incalculable interés histórico. Sus características históricas se preservarán cuidadosamente, pero se ampliarán su utilidad, su comodidad y su seguridad. Estamos agradecidos por tener este Centro de Conferencias en el cual nos reunimos con una concurrencia como ésta. Hoy me pregunto: “¿Qué haríamos sin él?”.

Me siento complacido de informar que el Fondo Perpetuo para la Educación sigue en aumento al igual que el número de quienes se benefician con esta maravillosa empresa.

Estamos fortaleciendo el programa misional. Nos estamos esforzando por llevar mucha más espiritualidad a la obra de nuestro inmenso grupo de misioneros.

Nuestro programa educativo sigue creciendo y su influencia se extiende dondequiera que la Iglesia se ha establecido.

El Libro de Mormón se ha incluido recientemente entre los veinte libros más influyentes publicados en Estados Unidos. Estamos trabajando conjuntamente con una editorial comercial con el fin de ampliar la distribución de esta sagrada obra, este segundo testamento del Señor Jesucristo.

Y así, hermanos y hermanas, podría continuar, pero es suficiente que diga que creo que la Iglesia está en mejores condiciones, como nunca antes lo había estado en toda su historia. Yo he vivido casi 95 años de esa historia y he presenciado personalmente mucho de esa historia. Me consta que hay una fe más grande, que se presta un mayor servicio y que hay una integridad mayor entre la juventud. Existe una vitalidad mayor en todos los aspectos de la obra, que no habíamos presenciado antes. Regocijémonos en esta era maravillosa de la obra del Señor. No seamos orgullosos ni arrogantes; seamos humildes y agradecidos. Y que, cada uno de nosotros, tome la resolución de contribuir a acrecentar el brillo de esta obra magnífica del Todopoderoso, para que resplandezca por toda la tierra como un faro de fortaleza y bondad al que todo el mundo dirija su mirada, es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.