Bendición

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
Dios, nuestro Padre Eterno, vive… Jesús es el Cristo, el Redentor de la humanidad. Ellos han restaurado Su obra en esta última dispensación por conducto del profeta José.

Hermanos y hermanas, hemos tenido una conferencia excepcional. Ha sido literalmente un banquete de inspiración a la mesa del Señor. La música, las oraciones y los discursos han sido maravillosos. Se nos ha informado y edificado; y nuestra fe se ha fortalecido.

El crecimiento de la Iglesia se ha hecho evidente por el hecho de que nuestras palabras se han traducido a 80 idiomas y nuestro mensaje se ha transmitido por satélite por todo el mundo, y se ha escuchado en muchas tierras. Todo ello es el gran cumplimiento de las palabras pronunciadas por Moroni al joven profeta en la noche del 21 de septiembre de 1823.

Él era un jovencito, un granjero pobre con muy poca instrucción. No tenía nada, ni tampoco sus padres. Vivía en una comunidad rural que apenas se reconocía fuera de sus fronteras. Y, sin embargo, el ángel le dijo que “era un mensajero enviado de la presencia de Dios… que Dios tenía una obra para [José], y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría [su] nombre para bien y para mal, o sea, que se iba a hablar bien y mal de [él] entre todo pueblo” (José Smith—Historia 1:33).

¿De qué manera eso sería posible? José ha de haberse preguntado cómo podía ser. Debió haber estado completamente atónito.

Y, sin embargo, todo sucedió. Y todavía sucederán muchas cosas más.

El 23 de diciembre de este año, 2005, planeamos conmemorar su cumpleaños con una gran celebración como homenaje a él.

Planeo, de ser posible, ir al lugar donde nació, para repetir lo que hizo Joseph F. Smith, el sexto presidente de la Iglesia, el 23 de diciembre de 1905, hace un siglo. En esa ocasión, dedicó el monumento que marca el lugar del nacimiento del Profeta. También se ha edificado allí una cabaña conmemorativa.

Cuando esté en Vermont, los presidentes Monson y Faust, con otras Autoridades Generales, estarán aquí en el Centro de Conferencias. Este gran salón se llenará y el programa se transmitirá a todas partes por satélite. Habrá música apropiada y se pronunciarán palabras de tributo, tanto en South Royalton como en Salt Lake City, al gran profeta de esta dispensación.

El tributo al Profeta que el coro cantó esta mañana será un simple ensayo para la ocasión en diciembre. Anticipamos este acontecimiento y deseamos que todos ustedes nos acompañen en esa ocasión.

Les dejamos nuestro testimonio de la divinidad de esta obra. Ésta es una hermosa obra. Qué vacías estarían nuestras vidas sin ella. Dios, nuestro Padre Eterno, vive. Él nos ama y vela por nosotros. Jesús es el Cristo, el Redentor de la humanidad. Ellos han restaurado Su obra en esta última dispensación por conducto del profeta José. De esto testifico con toda solemnidad y les dejo mi amor y mi bendición, amados hermanos y hermanas de esta Iglesia agradecida. Que Dios bendiga a cada uno de ustedes.

Ahora, para terminar, quiero dar las gracias a todos los que han hecho tanto para que ésta fuera una gran conferencia, a todos los que han trabajado entre bastidores para que esto fuera posible: los acomodadores, los técnicos, el personal de seguridad, el personal de primeros auxilios, los oficiales de tránsito, los traductores, las secretarias que revisan nuestros discursos y los mecanografían una y otra vez, todos ellos trabajan de día y de noche para producir este gran resultado.

Ruego humildemente que Dios nos bendiga a todos, que nos esforcemos por andar en rectitud ante Él, y les dejo mi bendición en el sagrado y santo nombre de nuestro Redentor, sí, el Señor Jesucristo. Amén.