La verdad: La base de las decisiones correctas

Élder Richard G. Scott

Del Quórum de los Doce Apóstoles


Élder Richard G. Scott
El conocimiento de la verdad tiene poco valor a menos que lo apliquemos al tomar decisiones correctas.

Dado que la verdad es la única base significativa sobre la cual podemos tomar decisiones correctas, ¿cómo establecer, entonces, cuál es realmente la verdad? Cada vez más personas encuentran que se intensifica la dificultad de tomar buenas decisiones debido al mundo tan intercomunicado en el que vivimos. Un aluvión incesante de consejos, recomendaciones y propaganda entra avasallante a nuestra conciencia en forma constante, mediante una confusa combinación de medios de difusión, internet y otros medios semejantes. Sobre un tema en particular, podemos recibir múltiples mensajes, expresados con convicción y muy bien presentados, dando soluciones; sin embargo, muy a menudo dos de las soluciones pueden ser diametralmente opuestas. No es de sorprenderse que algunas personas se confundan y no sepan con seguridad cómo tomar decisiones correctas.

Para complicar más las cosas, otros tratan de persuadirnos de que nuestras decisiones deben ser socialmente aceptables y políticamente correctas. Algunos, al meditar sobre ese criterio, se dan cuenta de lo equivocado que es. Puesto que la estructura social y la política difieren muchísimo alrededor del mundo, y pueden cambiar drásticamente con el tiempo, es obvio lo absurdo de seguir ese método para tomar decisiones.

Hay dos formas de encontrar la verdad, ambas útiles siempre que sigamos las leyes sobre las cuales se basan. La primera es el método científico, que puede requerir de un análisis de datos para confirmar una teoría o la alternativa de validar un principio por medio de la experimentación. El método científico es una forma valiosa de buscar la verdad; sin embargo, tiene dos desventajas. Primero, nunca podremos estar seguros de haber encontrado la verdad absoluta, aun cuando a menudo nos acerquemos más y más a ella. Segundo, en ocasiones, sin importar con cuánta eficacia apliquemos ese método, es posible que lleguemos a la conclusión equivocada.

La mejor manera de encontrar la verdad es ir sencillamente al origen de toda verdad y preguntar o responder a la inspiración1. Para tener éxito, son esenciales dos elementos: primero, una fe inquebrantable en la fuente de toda verdad; segundo, la disposición de guardar los mandamientos de Dios con el fin de mantener abierta la comunicación con Él. El élder Robert D. Hales nos acaba de hablar acerca de esa revelación personal y de cómo obtenerla.

El método científico2

¿Qué hemos aprendido usando el método científico para descubrir la verdad? Un ejemplo lo ilustrará. Por más que trato no puedo comprender, ni siquiera en lo más mínimo, lo vasto, lo profundo y lo extraordinario de la grandeza de lo que nuestro Santo Padre Celestial, Elohim, ha permitido que sea revelado por el método científico. Si pudiéramos viajar al espacio, lo primero que veríamos sería la tierra, tal como sucedió con los astronautas; y si fuéramos más allá, tendríamos una vista panorámica del sol y de los planetas que giran a su alrededor, los que nos parecerían como un pequeño círculo de objetos dentro de un panorama enorme de estrellas titilantes. Si continuáramos nuestro viaje espacial, tendríamos una vista gloriosa de nuestra galaxia, la Vía Láctea, con más de cien mil millones de estrellas girando en círculo, sus órbitas controladas por la gravedad alrededor de una concentrada región central. Más adelante, podríamos mirar hacia un grupo de galaxias llamadas el cúmulo de Virgo, que algunos piensan que abarca nuestra Vía Láctea, y que se calcula que esté a unos 50 millones de años luz de distancia. Más lejos aún, encontramos galaxias a aproximadamente diez mil millones de años luz, que el telescopio espacial Hubble ha fotografiado. La enormidad astronómica de esa distancia se percibe al advertir que la luz viaja a más de mil millones de kilómetros por hora. Aun desde esa extraordinaria perspectiva, no existe la más pequeña evidencia de que se haya alcanzado el límite de las creaciones de Dios el Padre.

A pesar de lo asombrosamente inspirador que sería ese increíble panorama de los cielos, existe algo más para tener en cuenta, igualmente capaz de confirmar los poderes inmensurables de nuestro Padre Celestial. Si nos dirigiéramos en dirección opuesta para explorar la estructura de la materia, podríamos observar de cerca la doble cadena helicoidal de la molécula de ADN. Ésta es una estructura molecular extraordinaria que se auto replica y que determina la composición de nuestro cuerpo. Una exploración más a fondo nos llevaría al nivel de un átomo compuesto de protones, neutrones y electrones, de los que ya hemos oído hablar.

Si nos internáramos más en los misterios de los elementos más fundamentales de la creación, llegaríamos al límite de nuestra comprensión actual. En los últimos 70 años, se ha descubierto mucho acerca de la estructura de la materia. Se ha desarrollado un Modelo Estándar de partículas elementales y de interacción, que se basa en experimentos que han establecido la existencia de partículas elementales llamadas quarks y otras llamadas leptones. Ese modelo explica cómo las partículas nucleares de la materia se unen y se desintegran, pero no proporciona todavía una explicación satisfactoria de las fuerzas de gravedad. Además, algunos piensan que con instrumentos aún más poderosos de los que se utilizaron para adquirir nuestra comprensión actual de la materia se podrían revelar partículas elementales adicionales. Por consiguiente, existen aún más creaciones del Padre Celestial para comprender mediante el método científico.

Podemos ver cómo ese método ha sido la causa de que se haya logrado un aumento extraordinario de nuestro entendimiento debido a la inspiración que el Señor ha otorgado a personas dotadas que quizás no comprendan quién creó esas cosas ni con qué propósito. Quizás muchas de ellas ni siquiera reconozcan esa inspiración ni den mérito a Dios como fuente de sus aportes. Hace poco, me sentí reconfortado cuando el presidente Henry B. Eyring compartió una experiencia que su laureado padre tuvo en una reunión con otros científicos sobresalientes. Él les preguntó si la investigación que ellos habían hecho indicaba la existencia de una inteligencia superior organizadora. Todos ellos confirmaron su convicción de que esa inteligencia existe.

A pesar de lo limitada que es nuestra comprensión, todo indica que gran parte de las creaciones de nuestro Padre es espacio vacío. Aun aquellas cosas que consideramos sólidas, firmes y tangibles, cuando miramos la magnitud de los cielos o el mundo microscópico a través de un lente de aumento enorme, encontramos que en su mayor parte es espacio vacío que Dios, nuestro Padre, controla y utiliza perfectamente para Sus propósitos exaltados.

El método de la verdad revelada

Por medio de la revelación, ¿qué hemos aprendido acerca de la verdad?

Siglos atrás, Dios el Padre concedió a algunos de Sus profetas ver perfectamente Sus vastas creaciones mediante el Espíritu Santo, y también les explicó por qué las había creado: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”3. Uno de esos profetas fue Enoc. Él vio llorar al Dios del cielo al ver cómo el poder y la influencia de Satanás habían hecho que muchos sobre la tierra se volvieran a la maldad.

Enoc dijo:

“¿Cómo es posible que tú llores, si eres santo, y de eternidad en eternidad?

“Y si fuera posible que el hombre pudiese contar las… millones de tierras como ésta, no sería ni el principio del número de tus creaciones; y tus cortinas aún están desplegadas; y tú todavía… eres justo; eres misericordioso y benévolo para siempre…

“y nada sino paz, justicia y verdad es la habitación de tu trono; y la misericordia irá delante de tu faz y no tendrá fin; ¿cómo es posible que llores?

“El Señor dijo a Enoc: He allí a éstos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento… y… su albedrío;

“y a tus hermanos… he dado mandamiento, que se amen el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre, mas he aquí, no tienen afecto y aborrecen su propia sangre”4.

Bien le dijo Dios el Padre a Moisés:

“Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado…

“…hay muchos mundos… y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco”5.

El conocimiento de la verdad tiene poco valor a menos que lo apliquemos al tomar decisiones correctas. Pensemos por un momento en un hombre obeso que se acerca al mostrador de una panadería mientras piensa: El médico te dijo que ya no comas esas cosas. No son saludables para ti. Sólo tendrás un momento de placer y después te sentirás mal el resto del día. Recuerda que has decidido no comerlas más; después él se escucha a sí mismo decir: “¿Me podría dar dos de esos pasteles con almendras y dos rosquillas de chocolate? Una sola vez más no va a hacerme daño. Ésta es la última vez y ya no vuelvo a hacerlo”.

La fe y el carácter

El proceso de determinar la verdad exige en ocasiones un esfuerzo enorme unido a una profunda fe en nuestro Padre y en Su Hijo glorificado. Dios quiso que fuera así para forjar tu carácter. Un carácter recto fortalecerá tu capacidad de responder con obediencia la guía del Espíritu al tomar decisiones trascendentales. Un carácter recto es lo que estás forjando; es más importante que lo que posees, que lo que has aprendido o las metas que hayas alcanzado, y hará posible que otros confíen en ti. Un carácter recto proporciona la base de la fortaleza espiritual y te permite tomar correctamente decisiones difíciles y sumamente importantes en los momentos de prueba, aun cuando éstas parezcan casi imposibles. Testifico que ni Satanás ni ningún otro poder pueden debilitar ni destruir tu carácter en crecimiento. Sólo tú puedes hacerlo por medio de la desobediencia. Comprende y aplica este trascendental principio: Tu ejercicio de la fe edifica tu carácter; un carácter fortalecido aumenta tu aptitud para ejercer una mayor fe; por lo que aumenta tu confianza en tomar decisiones correctas, y el ciclo de fortalecimiento sigue adelante. Cuanto más se fortalece tu carácter, más capacidad tienes para ejercer el poder de la fe, lo que hace que se fortalezca más tu carácter.

Nuestro Padre y Su Hijo

En vista de la enormidad de lo que apenas llegamos a entender vagamente, sin llegar a comprenderlo en su totalidad, cuán agradecidos debemos sentirnos de que este Dios, que posee inconmensurables habilidades, sea nuestro Padre. Él es un padre amoroso, comprensivo, compasivo y paciente. Él nos creó como hijos Suyos, y nos trata como hijos e hijas amados; y hace que nos sintamos amados, apreciados, valorados y queridos por Él. Nos ha dado Su plan de misericordia6 y nos ha dotado, cuando somos obedientes, del poder de tomar decisiones correctas. Mediante Su Santo Hijo, nos ha proporcionado el medio para vivir, progresar, cultivarnos y ponernos directamente en la senda que estará eternamente bajo Su guía e influencia.

Amo a nuestro Padre Celestial más allá de lo que mis palabras puedan expresar. Con gran humildad, doy solemne testimonio de que este Maestro de la Creación de incomparable capacidad es nuestro compasivo Santo Padre. Su Amado Hijo dio Su vida en absoluta obediencia al Padre para romper las ligaduras de la muerte y convertirse en nuestro Maestro, Redentor y Salvador. Aun cuando no comprenda totalmente la capacidad que Ellos poseen, entiendo algo del poder que tienen para expresar intensamente Su amor. Con humildad testifico solemnemente que viven y nos aman. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1. Véase Jacob 4:8.

  2.  

    2. Para obtener más información al respecto véase: McGraw-Hill Concise Encyclopedia of Physics, 2005; Philip Morrison y otros, Powers of Ten, 1982; www.particleadven ture.org; y www.atlasoftheuniverse.com.

  3.  

    3. Moisés 1:39.

  4.  

    4. Moisés 7:29–33.

  5.  

    5. Moisés 1:33, 35.

  6.  

    6. Véase Alma 42:31.