Tradiciones rectas

Cheryl C. Lant

Primary General President


Cheryl C. Lant
Con las tradiciones que estamos creando en nuestra familia, ¿será más fácil para nuestros hijos seguir a los profetas vivientes?

Desde que tengo memoria, mi padre llevaba en la mano izquierda un anillo con un hermoso rubí, el que heredó mi único hermano. Supongo que llegará a ser una tradición en nuestra familia, un legado que pasará de generación en generación; será una buena tradición, llena de dulces recuerdos.

Todos tenemos tradiciones en nuestra familia; algunas son materiales y otras encierran gran significado. Las más importantes se relacionan con la manera en que vivimos y perdurarán al influir y moldear la vida de nuestros hijos. En el Libro de Mormón leemos sobre los lamanitas, en quienes tuvieron una gran influencia las tradiciones de sus padres. El rey Benjamín dijo que era un pueblo que no sabía nada de los principios del Evangelio, “y ni siquiera [los] creen cuando se [los] enseñan, a causa de las tradiciones de sus padres, las cuales no son correctas” (Mosíah 1:5).

Y nosotros, ¿qué clase de tradiciones tenemos? Algunas tal vez provengan de nuestros padres, y ahora las transmitimos a nuestros hijos. ¿Son las tradiciones que deseamos? ¿Se basan en hechos de rectitud y de fe? ¿Son, en su mayor parte, de naturaleza material o son eternas? ¿Nos esforzamos de verdad por crear tradiciones rectas o la vida simplemente nos está pasando de largo? ¿Creamos nuestras tradiciones en respuesta a las voces estridentes del mundo o en base a la influencia de la voz dulce y apacible del Espíritu? De acuerdo con las tradiciones que estamos creando en nuestra familia, ¿será más fácil para nuestros hijos seguir a los profetas vivientes o será difícil hacerlo?

¿Cómo determinamos cuáles serán nuestras tradiciones? En las Escrituras encontramos un gran modelo; en Mosíah 5:15 dice: “Por tanto, quisiera que fueseis firmes e inmutables, abundando siempre en buenas obras”.

Me encantan esas palabras, ya que sabemos que las tradiciones se forman con el tiempo al repetir las mismas cosas una y otra vez. Si somos firmes e inmutables en hacer lo bueno, nuestras tradiciones se arraigarán en la rectitud. Sin embargo, tengo una duda: ¿cómo determinamos lo que es bueno o, lo que es más importante, aquello que es suficientemente bueno? Otro pasaje que nos brinda un poco más de información se encuentra en 3 Nefi 6:14. Habla de personas “que se habían convertido a la verdadera fe; y no quisieron separarse de ella, porque eran firmes, inquebrantables e inmutables; y estaban dispuestos a guardar los mandamientos del Señor con toda diligencia”.

De eso aprendemos que nuestra conversión a la “verdadera fe” antecede a nuestra aptitud de permanecer firmes, inquebrantables e inmutables en guardar los mandamientos; esa conversión es una firme creencia en Jesucristo como nuestro Redentor. Un testimonio de ello se encuentra en el Libro de Mormón, que es “otro testamento de Jesucristo” y va de la mano con la Biblia al proclamar la divinidad y la misión de Jesucristo, así como la realidad de un Padre Celestial viviente. Todo profeta de quien se hace mención en esos libros sagrados da su testimonio personal de estas cosas, y de las enseñanzas sobre la forma en que debemos vivir a fin de participar de la Expiación y de encontrar la paz y la felicidad.

Sólo hay una manera de convertirnos y es por medio de un testimonio del Espíritu al estudiar esos mismos pasajes que testifican de Jesucristo; se logra al orar y ayunar y sólo cuando tenemos un profundo deseo de conocer la verdad. Nuestra motivación debe ser la de buscar la verdad sin reservas en vez de justificar nuestras acciones al buscar errores en las Escrituras, en las enseñanzas de los profetas o en la Iglesia misma. Debemos esforzarnos por oír las interpretaciones del Espíritu en vez del entendimiento del mundo. Debemos tener corazones y mentes receptivos, aceptar el camino del Señor y, si es necesario, cambiar nuestro modo de vivir. La conversión personal se logra al empezar a vivir como el Señor desea que vivamos firmes e inmutables en guardar todos los mandamientos, no sólo los que nos convengan. Esto llega a ser un proceso de refinamiento si nos esforzamos para que cada día sea mejor que el anterior; de este modo, nuestras tradiciones se convierten en tradiciones de rectitud.

Quisiera que todos tomásemos un momento para meditar en nuestras tradiciones y la forma en que tal vez estén influyendo en nuestra familia. Las tradiciones de la observancia del día de reposo, la oración familiar, el estudio familiar de las Escrituras, el servicio y la actividad en la Iglesia, así como los ejemplos de respeto y lealtad en el hogar tendrán un profundo impacto en nuestros hijos y en su futuro. Si los padres nos basamos en las enseñanzas de las Escrituras y de los profetas de los últimos días, no nos equivocaremos. Si cada vez que hay un desafío, primeramente volvemos nuestro corazón a nuestro Padre Celestial para recibir Su guía, estaremos seguros; si nuestros hijos saben nuestra postura y si siempre estamos en el lado del Señor, sabremos que es allí donde debemos estar.

Ahora bien, lo importante es que siempre nos esforcemos por hacer estas cosas. No seremos perfectos en ello y nuestra familia no siempre responderá de manera positiva, pero estaremos edificando un firme cimiento de tradiciones rectas de las que nuestros hijos puedan depender; ellos pueden aferrarse a ese cimiento en momentos difíciles, y volver a él si llegaran a desviarse por un tiempo.

Al final de su vida, mi padre nos dejó a nosotros, sus hijos, mucho más que un anillo con un rubí. Su cuerpo estaba desgastado; pero, en realidad, era un pilar de fortaleza, un ejemplo de rectitud y de verdad. Su vida misma encerraba las tradiciones que hoy nos dan fortaleza a pesar de que ya no esté con nosotros; él era “firme e inmutable, [dispuesto] a guardar los mandamientos del Señor con toda diligencia”.

¿Podemos hacer lo mismo por nuestros hijos? ¿Qué legado les estamos dejando hoy? ¿Cuál será el que les dejemos mañana? Eso empieza con nosotros mismos. ¿Estarán su corazón y su vida llenos de tradiciones que les facilitarán aceptar y seguir al Señor y a los profetas de los últimos días? ¿Podremos, como familias, reclamar las bendiciones prometidas de “…que Cristo, el Señor Dios Omnipotente, pueda sellaros como suyos, a fin de que seáis llevados al cielo, y tengáis salvación sin fin, y vida eterna” (Mosíah 5:15)?

Hermanos y hermanas, ¡sé que podemos hacerlo! Sé que Dios nos ama y está ansioso por ayudarnos a venir a Él. Todos podemos saber que estas cosas son ciertas. ¡Sé que lo son! Sé que Dios vive; Jesucristo es Su Hijo y nuestro Redentor. El evangelio de Jesucristo es verdadero; está en las Escrituras y ellas testifican de él. Hoy día tenemos un profeta verdadero y viviente: el presidente Thomas S. Monson, quien ha sido preparado y levantado en esta época para dirigir la Iglesia del Señor.

Si somos “firmes e inmutables” en guardar los mandamientos de Dios, aseguraremos las bendiciones de los cielos para nosotros y para nuestra familia.

Ruego que sintamos esto en lo profundo de nuestro corazón y de nuestra vida, en el nombre de Jesucristo. Amén.