El magnífico Sacerdocio Aarónico

Por David L. Beck

Presidente General de los Hombres Jóvenes


Por David L. Beck
Es urgente que cumplan su deber a Dios, y confío en que lo harán.
 

Me siento honrado de dirigirme a los increíbles hombres jóvenes de la Iglesia. He tenido la bendición de conocer a muchos de ustedes alrededor del mundo; su entusiasmo es contagioso.

Ustedes afrontan los desafíos con gran fortaleza y valor. Les expreso mi amor y la confianza que tengo en ustedes.

Ustedes inspiran a quienes los rodean más de lo que se imaginan. Escuchen las palabras de un joven que no es de nuestra religión al tratar de describir a su amigo que tiene el Sacerdocio Aarónico: “Noto algo diferente en Luis… no es en absoluto… como otras personas. Se ve algo en él… ni siquiera sé qué es, pero él es diferente de todos los demás. Es algo que se siente; no es [algo]… que se alcance a ver; simplemente se siente”.

Hay algo muy importante que distingue a Luis y a ustedes de los demás hombres jóvenes; han recibido el Sacerdocio Aarónico. Es un don sagrado, y muchos no lo aprecian plenamente. Esta tarde les ayudaré a ver cómo pueden descubrir por ustedes mismos la magnificencia del Sacerdocio Aarónico.

I. Dios confía en ustedes

Cuando Dios les confía Su sagrado sacerdocio, demuestra gran confianza en ustedes. Sabe que puede confiar en que usarán el sacerdocio para servir a los demás, así como ha confiado en otros jóvenes para realizar partes clave de Su obra.

Por ejemplo, el mundo no tendría el poderoso testimonio de Jesucristo que contiene el Libro de Mormón si no fuera por dos jóvenes en quienes Dios confió. Mormón, el profeta que recopiló este registro sagrado, tenía sólo 10 años cuando se le asignó observar y después registrar la historia de su pueblo. A los 15 años, fue visitado “por el Señor, y [probó] y [conoció] la bondad de Jesús” (Mormón 1:15).

El Libro de Mormón fue traducido y publicado por José Smith, quien fue llamado a su gran obra a los 14 años, cuando recibió la visita del Padre Celestial y de Jesucristo.

El presidente Thomas S. Monson dijo: “…se esperan grandes cosas de ustedes… Como el llamado del clarín llega la palabra del Señor a ustedes, y a mí, y a todos los poseedores del sacerdocio en todas partes: ‘Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado’ (D. y C. 107:99)” (“El llamado al valor”, Liahona, mayo de 2004, págs. 54, 57).

II. El nuevo programa Mi Deber a Dios

Para ayudarles a responder a ese llamado urgente, la Iglesia va a presentar un nuevo programa Mi Deber a Dios, como lo anunció hoy el presidente Henry B. Eyring; estoy entusiasmado con este programa. Se enviarán los materiales a los obispos y presidentes de rama a partir de junio, y ustedes deberán comenzar a usarlos en cuanto los reciban.

Como diáconos, maestros y presbíteros, participarán en actividades que les ayudarán a fortalecerse espiritualmente y a aprender y cumplir sus deberes del sacerdocio. Cada actividad sigue este modelo sencillo:

Primero aprenden acerca de un principio del Evangelio o deber del sacerdocio. Descubren lo que el Padre Celestial desea que hagan y se esfuerzan por obtener una confirmación espiritual de su importancia.

Luego, hacen planes para actuar de acuerdo con lo que aprendieron. Se les insta a basar sus planes en sus propias necesidades, circunstancias y oportunidades de servir a los demás. Es una gran oportunidad de hacerse responsables de su propio crecimiento y de desarrollar la autosuficiencia espiritual.

Luego comparten con los demás lo que han aprendido y experimentado. Al hacerlo, fortalecerán su testimonio y aumentarán la fe de quienes los rodean; también aumentarán su capacidad de hablar del Evangelio con otras personas.

Estoy agradecido a un joven por compartir conmigo la siguiente experiencia. Él y otro poseedor del Sacerdocio Aarónico recibieron la asignación de administrar la Santa Cena a un hermano muy enfermo que no podía salir de la casa. Llegaron allí sin saber que los recientes tratamientos médicos le impedían ingerir alimentos, ni siquiera un pedazo de pan sacramental. Tras bendecir el pan, el joven ofreció la Santa Cena al débil hombre. Él tomó el pedazo de pan bendecido, esperó un momento, y luego lo puso contra sus labios. El joven dijo que cuando vio a ese fiel hermano expresar su reverencia por la Santa Cena, sintió como si lo viera besar los pies del Salvador. Se dio cuenta de que el hermano amaba al Salvador.

La importancia de la Santa Cena quedó grabada en este joven de manera inolvidable ese día. Ustedes tendrán experiencias sagradas, igual que ese joven.

Sus padres, sus líderes y los miembros de su quórum tienen un papel importante en el programa Mi Deber a Dios. Las reuniones de quórum los domingos les darán oportunidades de aprender, actuar y compartir. El nuevo programa Mi Deber a Dios los guiará en su camino para cumplir su deber a Dios y descubrir la magnificencia del Sacerdocio Aarónico.

III. Cumplir su deber a Dios

Los viajes que he llevado a cabo durante el año pasado han cambiado para siempre mi forma de verlos a ustedes y al Sacerdocio Aarónico. Estoy entusiasmado por que ustedes descubran por sí mismos lo que yo descubrí. Aprenderán por qué el Sacerdocio Aarónico es tan importante en su vida y lo vital que es para la Iglesia. Apreciarán por qué nos referimos a él como una de las “cabezas principales” del sacerdocio (véase D. y C. 107:6). Entenderán mejor el significado de las llaves del sacerdocio, del ministerio de ángeles y del Evangelio preparatorio (véase D. y C. 13; 84:26).

Satanás desea que piensen que son demasiado jóvenes o que son muy pocos para hacer cosas significativas con el Sacerdocio Aarónico. Nada de eso es verdad.

Las palabras de Dios a Moisés son para ustedes hoy: “He aquí, tú eres mi hijo… Y tengo una obra para ti” (Moisés 1:4, 6).

Él les ha dado Su poder para hacer grandes cosas. Al cumplir su deber a Dios, fortalecerán y bendecirán a su familia, lo cual es su máximo deber del sacerdocio. Escuchen a una madre describir el impacto que su hijo ha tenido en la familia: “Leo tiene el sacerdocio en nuestro hogar y es una inmensa bendición. Es un buen ejemplo para sus hermanos… se asegura de que siempre oren. Reparte la Santa Cena los domingos y su hermano menor lo ve. Ayuda… con la oración familiar. Sé que seguirá siendo una bendición a medida que crezca. Podrá bautizar a su hermano menor. Es un consuelo y un don para nosotros”.

Al cumplir su deber a Dios, extenderán una mano a sus amigos que no son de nuestra religión y los ayudarán a prepararse para unirse a la Iglesia. Como verdaderos hermanos, velarán por ellos y los fortalecerán. Liderarán el rescate de otros jóvenes que se han extraviado.

Al cumplir su deber a Dios, serán una fuerza para bien en todo momento y en toda circunstancia. Su ejemplo de rectitud y su fiel servicio en el sacerdocio serán una forma poderosa de invitar a todos los que conozcan a venir a Cristo.

Los nefitas, en su momento más crítico, recurrieron al liderazgo y a la inspiración del joven Mormón (véase Mormón 2:1–2). Hoy confiamos en ustedes para que sean una gran fortaleza para la Iglesia y una fuerza benéfica en la tierra. Esto es lo que el Señor espera.

IV. Llegar a ser un hombre fiel del sacerdocio

Testifico que sentirán que su corazón cambia a medida que se conviertan en hombres fieles del sacerdocio. Procurarán ser completamente limpios y administrar dignamente la Santa Cena. Tratarán a todas las jovencitas con bondad y respeto. Honrarán a sus padres. Evitarán ofender al Espíritu con lo que piensen, digan o hagan. Llegarán a conocer al Señor, a quien sirven, y siempre se esforzarán por ser como Él.

Testifico que su fiel servicio en el Sacerdocio Aarónico cambiará la vida de las personas a las que sirvan. Hay quienes necesitan su servicio del sacerdocio. Su familia, su quórum, la Iglesia y el mundo los necesitan.

Es urgente que cumplan su deber a Dios, y confío en que lo harán.

Una fría mañana hace unas semanas, corrí junto al río Tajo, en Lisboa, Portugal, y llegué a un monumento dedicado a los exploradores portugueses de siglos atrás. Me detuve mientras el sol salía y derramaba su cálida luz sobre ese monumento imponente y sobre mí. Me sentí inspirado al observar los rostros decididos de los exploradores que miraban más allá del agua. Eran hombres dispuestos a hacer cosas que pocos habían hecho. Dejaron un mundo conocido y cómodo y valientemente salieron al océano desconocido a descubrir tierras nuevas. Cambiaron el mundo.

Cuando pienso en ese monumento a los valientes exploradores, los veo a ustedes; los veo en un viaje personal que pocos en el mundo de hoy eligen emprender; los veo cumpliendo su deber a Dios.

Ruego que todos comprendamos el magnífico Sacerdocio Aarónico y confiemos, como lo hace Dios, en los que lo poseen. En el nombre de Jesucristo. Amén.