La obediencia a los profetas

Claudio R. M. Costa

De la Presidencia de los Setenta


Claudio R. M. Costa
¡Qué gran bendición es tener profetas en nuestros días!

Yo soy converso a la Iglesia. Estoy tan agradecido de que Dios respondió mi oración y me dio el conocimiento y un testimonio fuerte de que José Smith es un profeta de Dios.

Antes de tomar la decisión de bautizarme en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, estudié fragmentos de la historia de José Smith. Oré después de leer detenidamente cada párrafo. Si desean hacer esto ustedes mismos, podría tomarles unas catorce horas.

Después de que leí, medité y oré, el Señor me otorgó la confirmación de que José Smith era Su profeta. Yo les testifico que José Smith es un profeta y, por haber recibido esa respuesta del Señor, sé que todos sus sucesores son profetas también. ¡Qué gran bendición es tener profetas en nuestros días!

¿Por qué es importante tener profetas vivientes para guiar la verdadera Iglesia de Jesucristo y a sus miembros?

En la Guía para las Escrituras encontramos la definición de la palabra profeta: “Persona llamada por Dios para que hable en Su nombre. En calidad de mensajero de Dios, el profeta recibe mandamientos, profecías y revelaciones de Él” (“Profeta” scriptures.lds.org; véase también Guía para el estudio de las Escrituras, “Profeta”, págs. 170--171).

Es una gran bendición recibir la palabra, los mandamientos y la guía del Señor en estos días difíciles de la tierra. El profeta puede ser inspirado para ver el futuro en beneficio de la humanidad.

Se nos ha dicho: “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). De este pasaje aprendemos que el Señor revelará a Sus profetas absolutamente todo lo que Él crea necesario comunicarnos. Él nos revelará Su voluntad y nos instruirá por medio de Sus profetas.

El Señor nos ha prometido que si creemos en Sus santos profetas, tendremos vida eterna (véase D. y C. 20:26). En el sexto artículo de fe declaramos que creemos en los profetas. Creer significa tener fe y confianza en ellos, y seguir y hacer lo que los profetas nos pidan que hagamos.

En 1980, cuando el presidente Ezra Taft Benson servía como presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dio un poderoso mensaje acerca de la obediencia a los profetas en un devocional de la Universidad Brigham Young, en el Centro Marriott. Su gran discurso, que se tituló: “Catorce razones para seguir al profeta”, conmovió mi corazón, y me hizo sentir bien de haber tomado la decisión de seguir a los profetas por el resto de mi vida cuando acepté el bautismo en la verdadera Iglesia del Señor.

Me gustaría compartir con ustedes algunos de los principios que el presidente Benson enseñó:

“Primero: El profeta es el único hombre que habla por el Señor en todo” (véase Liahona, junio de 1981, págs. 1--7).

En nuestros días, el profeta de Dios nos ha dicho que guardemos los mandamientos, que amemos a nuestros semejantes, que prestemos servicio, que cuidemos a la nueva generación, que rescatemos a los inactivos o menos activos, que hagamos muchas cosas que llamamos prioridades proféticas. Debemos entender que esas prioridades son las prioridades de Dios y que el profeta es Su voz al comunicarlas a toda la Iglesia y al mundo.

Se nos aconseja dar “oído a todas sus palabras y mandamientos” (D. y C. 21:4). También aprendemos:

“Recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

“Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre” (D. y C. 21:5–6).

Segundo principio: “El profeta viviente es más vital para nosotros que los libros canónicos” (véase “Catorce razones”, pág. 2).

El profeta viviente recibe revelaciones específicas para nosotros. Puedo recordar muchas veces, cuando he estado presente para oír a uno de los siervos del Señor hablar sobre algo específico acerca de una ciudad o un país. Recuerdo por lo menos a tres de los profetas videntes y reveladores vivientes hablar en cuanto a mi país, Brasil. Uno de esos siervos dijo que Brasil sería una gran economía en el mundo y que estaría libre de inflación. En ese momento, teníamos una inflación de dos dígitos todos los meses. Para muchas personas fue difícil creer lo que el profeta dijo, pero yo lo creí. Brasil ha tenido un 5 por ciento de inflación anual ya por varios años consecutivos y se ha convertido en la novena potencia económica del mundo. ¡El país marcha muy bien!

Tercer principio: “Un profeta viviente es más importante para nosotros que un profeta muerto” (véase “Catorce razones”, págs. 2--3).

De las Escrituras, aprendemos una gran lección sobre ello. En la época de Noé, era más fácil para la gente creer en los profetas muertos, pero les fue difícil creer en Noé. Sabemos que debido a su incredulidad, no sobrevivieron al Diluvio (véase Génesis 6–7).

Cuarto principio: “Un profeta nunca guiará a la Iglesia por un camino equivocado” (véase “Catorce razones”, pág. 3).

De nuevo aprendemos de los profetas vivientes. El presidente Wilford Woodruff declaró: “El Señor jamás permitirá que os desvíe yo ni ningún otro hombre que funcione como Presidente de esta Iglesia. No es parte del programa. No existe en la mente de Dios. Si yo intentara tal cosa, el Señor me quitaría de mi lugar, y así lo hará con cualquier hombre que intente desviar a los hijos de los hombres de los oráculos de Dios y de su deber” (Declaración Oficial 1).

Quinto principio: “No se requiere que el profeta tenga capacitación terrenal en particular ni credencial alguna para hablar sobre cualquier tema o actuar sobre cualquier asunto en cualquier momento” (véase “Catorce razones”, pág. 3).

El Señor llamó a un joven, a José Smith, para restaurar Su Iglesia. ¿Piensan ustedes que el joven José Smith era un doctor en teología o en ciencia? Sabemos que él era un joven humilde y sin instrucción académica, pero él fue elegido por el Señor y recibió de Él todo lo necesario para honrar y magnificar el llamamiento de un profeta de la Restauración.

El presidente Benson siguió:

“Sexto: El profeta no tiene porqué decir ‘Así dice el Señor’ para darnos una Escritura …

“Séptimo: El profeta nos dice lo que tenemos que saber, y no siempre lo que queremos oír” (véase “Catorce razones”, págs. 3--5).

Y entonces el presidente Benson citó de 1 Nefi 16:1, 3:

“Y aconteció que después que yo, Nefi, hube terminado de hablar a mis hermanos, he aquí, ellos me dijeron: Tú nos has declarado cosas duras, más de lo que podemos aguantar…

“Ahora bien, mis hermanos, si vosotros fuerais justos y desearais escuchar la verdad y prestarle atención, a fin de andar rectamente delante de Dios, no murmuraríais por causa de la verdad, ni diríais: Tú hablas cosas duras en contra de nosotros”.

Octavo principio: “Lo que dice el profeta no está limitado por el razonamiento de los hombres…

“…¿Parece razonable curar la lepra diciéndole a un leproso que se bañe siete veces en un río en particular? Sin embargo, eso es precisamente lo que el profeta Eliseo le dijo a un leproso y éste fue sanado” (véase 2 Reyes 5; véase “Catorce razones”, pág. 5).

Y el presidente Benson continuó dando otros principios acerca de la obediencia al profeta. Voy a leer los últimos seis e invitarles a que, en la próxima noche de hogar, encuentren estos principios en las palabras y enseñanzas de nuestros profetas videntes y reveladores vivientes durante esta conferencia general.

“Noveno: El profeta puede recibir revelaciones sobre cualquier asunto: temporal o espiritual…

“Décimo: El profeta puede participar en asuntos cívicos…

“Undécimo: Los dos grupos que tienen la dificultad más grande para seguir al profeta son los orgullosos que poseen mucho conocimiento y los orgullosos que son ricos…

“Duodécimo: El profeta no necesariamente será popular con el mundo o lo mundano…

“Décimotercero: El profeta y sus consejeros constituyen la Primera Presidencia; el quórum más elevado de la Iglesia…

“Decimocuarto: Sigan al profeta y a la Presidencia —al profeta viviente y a la Primera Presidencia —y serán bendecidos; rechácenlos y sufrirán” (véase “Catorce razones”, pág. 8).

Tenemos el privilegio de tener las palabras de nuestros profetas, videntes y reveladores vivientes durante esta maravillosa conferencia general. Ellos hablarán la voluntad del Señor para nosotros, Su pueblo; nos transmitirán la palabra de Dios y Su consejo para nosotros. Pongan atención y sigan sus instrucciones y sugerencias, y yo les testifico que sus vidas serán bendecidas completamente.

Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor. Thomas S. Monson es el profeta viviente de Dios, y la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles son profetas, videntes y reveladores. En el nombre de Jesucristo. Amén.