El Sacerdocio de Aarón

L. Tom Perry

Del Quórum de los Doce Apóstoles


L. Tom Perry
El sacerdocio que poseen es un don especial, ya que el que lo da es el Señor mismo. Utilícenlo, magnifíquenlo y vivan dignos de él.

Al hablar en la conferencia general hace 25 años, presenté una ayuda visual que se puso de pie junto a mí: era el mayor de mis nietos. Acababa de recibir el Sacerdocio Aarónico y había sido ordenado diácono. Aproveché la oportunidad en esa ocasión para dirigirme a él al hablar de la importancia de recibir el Sacerdocio Aarónico.

Le dije a mi nieto:

“No me siento muy contento con las condiciones del mundo que tú y otros jovencitos heredan al entrar en la adolescencia. Pese a que los que somos mayores hemos tenido la edad y posición para ejercer cierta influencia en el mundo, creo que te hemos fallado al permitir que el mundo llegase a ser lo que es. Esto te coloca en una posición en la que muchos de aquellos con quienes te relacionarás no han sido criados con entendimiento ni respeto hacia los valores tradicionales. Por ello, la presión de grupo se vuelve más difícil e intensa.

“Hemos permitido que entren en nuestros hogares las radios, los tocadiscos y los televisores. Aunque cada uno de ellos puede traer entretenimiento sano, mucho de lo que se produce para que disfrutemos al escuchar y ver no tiene el calibre para inspirar y alentar a los jóvenes. De hecho, la mayor parte de lo que se produce es degradante, y el sólo oprimir un botón en tu propio hogar puede llegar a destruir dentro de ti la habilidad de diferenciar lo bueno de lo malo” (véase “Os confiero el Sacerdocio de Aarón”, Liahona, enero de 1986, pág. 37).

Cuanto más cambian las cosas, más permanecen iguales… excepto la tecnología. Quisiera preguntarles a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico si acaso saben lo que es un tocadiscos. Para los que no lo sepan, es algo que solíamos tener en la sala de estar y que usábamos para escuchar música. ¡Qué les parece!, teníamos que ir al artefacto en vez de llevarlo encima a todas partes.

También le enseñé a mi nieto Terry cuatro lecciones basadas en la historia de Daniel en el Antiguo Testamento. Le dije: (1) que mantuviese su cuerpo sano y limpio; (2) que cultivara su mente y fuera sabio; (3) que fuese fuerte y resistiera la tentación en un mundo lleno de tentaciones; y (4) que confiara en el Señor, especialmente cuando necesitara Su protección.

Te resultarán tan interesantes al leerlas como diácono, maestro, presbítero, misionero, maestro orientador, presidente del quórum de élderes o en cualquier llamamiento que el Señor tenga para ti. Te enseñarán a tener fe, valor, amor por tu prójimo y confianza en el Señor” (véase Liahona, enero de 1986, pág. 37).

Felizmente puedo informarles que Terry ha sido fiel al desafío que le di hace 25 años. Más tarde recibió el Sacerdocio de Melquisedec, sirvió en una misión fielmente, actualmente es presidente del quórum de élderes y, naturalmente, es padre de una hermosa hija.

Mucho ha cambiado en el último cuarto de siglo. Algo más que ha sucedido es que muchos de mis nietos han crecido y han tenido sus propios hijos. Este verano tuve la oportunidad de estar en un círculo de poseedores del sacerdocio con las manos sobre la cabeza del mayor de mis bisnietos mientras su padre le confería el Sacerdocio Aarónico. Aunque mi bisnieto no está presente hoy para pararse junto a mí, me gustaría dirigir mis palabras a él y a todos ustedes, maravillosos jóvenes que poseen el Sacerdocio Aarónico.

Es una bendición muy especial recibir el Sacerdocio Aarónico. La historia registra el día glorioso en que se restauró el sacerdocio a la tierra, dándole al hombre otra vez el derecho de actuar como agente de Dios al efectuar las ordenanzas sagradas del sacerdocio. Fue el 5 de abril de 1829 que Oliver Cowdery llegó a la casa de José Smith en Harmony, Pennsylvania. Oliver le preguntó al Profeta sobre su trabajo de traducción de un registro antiguo, el Libro de Mormón. Convencido de la naturaleza divina de la obra, aceptó actuar como escribiente para completar la traducción. La obra de la traducción progresó rápido una vez que Oliver se comprometió a ser el escribiente.

Para el 15 de mayo de 1829, José y Oliver ya habían llegado a 3 Nefi. El relato de la visita del Salvador resucitado al hemisferio occidental y Sus enseñanzas acerca del bautismo los maravilló. Mientras leían 3 Nefi, empezaron a preguntarse acerca del bautismo: ¿Qué tipo de bautismo era el correcto y quién tenía la autoridad para efectuar esa ordenanza sagrada y salvadora? Buscaron una respuesta a esa pregunta doctrinal fundamental. Decidieron buscar la respuesta por medio de la oración y fueron a un lugar cercano a orillas del río Susquehanna. Derramaron su corazón en oración y los cielos les fueron abiertos. Apareció un ángel que se presentó como Juan el Bautista, y les dijo que actuaba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, quienes poseían el sacerdocio mayor (véase José Smith—Historia 1:72).

Poniendo las manos sobre sus cabezas, les dijo: “Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud” (D. y C. 13:1).

Más tarde, Oliver relató la experiencia con estas palabras: “Pero… piensa, piensa un poco más en el gozo que llenó nuestros corazones, y en el asombro con que nos habremos arrodillado… cuando recibimos de sus manos el Santo Sacerdocio” (Nota al pie de página de José Smith—Historia 1:71).

Después de que la humanidad esperara por siglos que se restaurase la autoridad de Dios, el poder y la gloria del santo Sacerdocio Aarónico regresaron a la tierra. En la sección 107 de Doctrina y Convenios aprendemos por qué al sacerdocio menor se le llama el Sacerdocio Aarónico:

“El segundo sacerdocio es llamado el Sacerdocio de Aarón, porque se confirió a Aarón y a su descendencia por todas sus generaciones.

“Se llama el sacerdocio menor porque es una dependencia del mayor, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec, y tiene el poder para administrar las ordenanzas exteriores…

“El poder y la autoridad del sacerdocio menor, o sea, el de Aarón, consiste en poseer las llaves del ministerio de ángeles y en administrar las ordenanzas exteriores, la letra del evangelio, el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, de acuerdo con los convenios y los mandamientos” (D. y C. 107:13–14; 20).

Los jóvenes del Sacerdocio Aarónico no sólo reciben el poder y la autoridad para ser agentes del Señor al llevar a cabo sus responsabilidades del sacerdocio, sino que reciben las llaves del ministerio de ángeles.

Jóvenes del Sacerdocio Aarónico, les testifico que el Señor está obligado, mediante un convenio solemne, a bendecirlos de acuerdo con la fidelidad de ustedes. Si escuchan la voz de amonestación del Espíritu Santo y siguen Su dirección, serán bendecidos con el ministerio de ángeles. Esta bendición traerá sabiduría, conocimiento, poder y gloria a su vida. Ésa es una bendición segura que el Señor les ha prometido.

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a una reunión de ayuno y testimonio de un barrio. Una de las personas que se paró a dar su testimonio era un asesor del sacerdocio Aarónico. Su testimonio me hizo apreciar más lo que significa para un poseedor del Sacerdocio Aarónico poseer las llaves del ministerio de ángeles.

El asesor describió algunas de sus experiencias con el Sacerdocio Aarónico esa mañana. Camino a la Iglesia vio a dos jóvenes diáconos con los sobres de las ofrendas de ayuno ir a las casas de los miembros. Le impactó la forma en que iban vestidos con su mejor ropa de vestir y cómo llevaban a cabo su asignación con apacible dignidad. Luego acompañó a dos presbíteros a administrar la Santa Cena en una residencia de ancianos para hombres discapacitados física y mentalmente. Esa fue la primera vez que los jóvenes visitaban esa residencia, y el asesor notó la forma respetuosa y comprensiva en que cumplían su asignación del sacerdocio.

Luego, el asesor compartió una breve experiencia que le había conmovido el corazón, porque uno de los presbíteros le recordó lo que realmente significa ser un verdadero ministro de Jesucristo; literalmente, un ángel ministrante. El joven presbítero que repartía el agua a la congregación llegó a un hombre que tenía Síndrome de Down muy avanzado. El hombre no podía asir el vaso de la bandeja para tomar el agua. Este joven presbítero analizó la situación de inmediato; puso la mano izquierda detrás de la cabeza del hombre para sentarlo a fin de que pudiera beber; con la mano derecha tomó el vaso de la bandeja, y lenta y gentilmente lo acercó a los labios del hombre. En el rostro del hombre se dibujó una expresión de agradecimiento, la expresión de alguien a quien otra persona había ministrado. Entonces, este estupendo joven presbítero continuó con su asignación de repartir el agua bendecida a los demás miembros de la congregación.

El asesor expresó en su testimonio lo que sintió en ese tierno momento. Dijo que lloró de gozo en silencio, y supo que la Iglesia estaba en buenas manos con esos jóvenes, bondadosos y obedientes poseedores del Sacerdocio Aarónico.

El presidente Ezra Taft Benson dijo una vez: “Denme un joven que se haya guardado moralmente limpio y que haya asistido fielmente a sus reuniones de la Iglesia; denme un joven que haya magnificado su sacerdocio y haya ganado su premio Mi Deber a Dios y sea un Scout Águila; denme un joven que se haya graduado de seminario y que tenga un testimonio ferviente del Libro de Mormón; denme tal joven, y les daré un joven que pueda efectuar milagros para el Señor durante su misión y durante toda su vida” (véase “Para la juventud bendita”, Liahona, julio de 1986, pág. 43).

Padres de estos magníficos hombres y mujeres jóvenes, les encomendamos la sagrada responsabilidad de enseñar a sus hijos las doctrinas del santo sacerdocio. Sus hijos deben aprender a temprana edad en cuanto a la bendición de tener el sacerdocio eterno del Señor y lo que deben hacer en forma individual para ser merecedores de esas bendiciones.

Obispos, ustedes tienen las llaves del sacerdocio para presidir a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico, sentarse con ellos en consejo y enseñarles sus deberes del sacerdocio. Asegúrense de que cada joven digno de recibir el Sacerdocio Aarónico entienda las obligaciones y las bendiciones que tendrá como poseedor del sacerdocio. Ayúdenlos a aprender a magnificar el sacerdocio ahora dándoles asignaciones importantes y ayudándolos a servir y ministrar a los demás.

Hombres jóvenes, los exhorto a edificar su vida sobre la base de la verdad y la rectitud. Es el único cimiento que soportará las presiones de la vida y perdurará por las eternidades. El sacerdocio que poseen es un don especial, ya que el que lo da es el Señor mismo. Utilícenlo, magnifíquenlo y vivan dignos de él. Quiero que sepan que yo tengo un testimonio especial y personal de su poder. Ha bendecido mi vida de muchas maneras.

También los reto a decidir hoy que honrarán esta gran bendición y se prepararán para avanzar en cada oficio del Sacerdocio Aarónico—diácono, maestro y presbítero. Prepárense para la gran bendición de recibir el Sacerdocio de Melquisedec, el cual deberán ser dignos de recibir antes de que sirvan como misioneros de tiempo completo. El Señor necesita que se preparen para Su servicio, especialmente para la gran responsabilidad que tendrán de declarar Su evangelio al mundo. Les prometo que si se preparan para recibir Su santo sacerdocio, Él literalmente derramará bendiciones sobre sus cabezas. Este testimonio les dejo en el nombre de nuestro Señor y Salvador, sí, Jesús el Cristo. Amén.