Adhiérete a los convenios

Barbara Thompson

Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro


Barbara Thompson
A medida que tengamos fe en Cristo y nos adhiramos a nuestros convenios, recibiremos el gozo del que se habla en las santas Escrituras y el que nos han prometido nuestros profetas de los últimos días.

“Eleva tu corazón y regocíjate, y adhiérete a los convenios que has hecho”1 No puedo leer este pasaje de Escrituras sin sentir gozo. Mi corazón se regocija al pensar en las promesas y las muchas bendiciones que han formado parte de mi vida a medida que he procurado adherirme a los convenios que he hecho con mi Padre Celestial.

Debido a que mis padres han fallecido, este año tuvimos que limpiar su casa y prepararla para la venta. Durante estos últimos meses en los que mis hermanos y yo la hemos limpiado y clasificado las pertenencias, encontramos historias familiares y muchos papeles y documentos importantes. Ha sido fascinante leer historias personales y las bendiciones patriarcales de mis padres y abuelos. Me ha recordado los convenios que hicieron y guardaron.

Mi abuela Ellen Hanks Rymer era una joven madre en 1912 cuando recibió su bendición patriarcal. Cuando leí su bendición, estas líneas saltaron de la página y se grabaron en mi mente: “Fuiste escogida desde antes de la fundación de la tierra, y un espíritu escogido para venir en esta época… Tu testimonio se magnificará y serás capaz de testificar… El Destructor ha tratado de destruirte, pero si te adhieres a tu Dios, él [el destructor] no tendrá el poder para hacerte daño. Mediante tu fidelidad, tendrás gran poder y el destructor huirá de delante de ti a causa de tu rectitud… Cuando te sobrevenga la hora del temor y de las pruebas, si te retiras a tu cámara secreta en oración, tu corazón será consolado y los obstáculos serán quitados”2.

A mi abuela se le hizo la promesa de que si guardaba sus convenios y permanecía cerca de Dios, Satanás no tendría poder sobre ella, y que encontraría consuelo y ayuda en sus tribulaciones; esas promesas se cumplieron en su vida.

Hoy quisiera hablar sobre (1) la importancia de adherirse a los convenios y (2) del gozo y de la protección que provienen del guardar nuestros convenios.

Algunos de los ejemplos que utilizaré provienen de Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro. El libro está repleto de ejemplos de mujeres que han encontrado gran gozo al guardar convenios.

La importancia de adherirse a los convenios

En el diccionario bíblico [en inglés] dice que un convenio es un contrato hecho entre Dios y el hombre. “Dios, de acuerdo con Su voluntad, fija los términos que el hombre acepta… El Evangelio está dispuesto de tal modo que los principios y las ordenanzas se reciben por convenio, colocando al que recibe bajo la firme obligación y responsabilidad de honrar el compromiso”3. En la frase “adhiérete a los convenios”, la palabra adhiérete significa “unirse firme y estrechamente” a algo4.

En las Escrituras aprendemos de hombres y mujeres que han hecho convenios con Dios. Dios ha dado instrucciones sobre lo que hay que hacer para honrar esos convenios, y entonces, si se han guardado esos convenios, las bendiciones prometidas les han seguido.

Por ejemplo, por medio de la ordenanza del bautismo hacemos un convenio con nuestro Padre Celestial. Nos preparamos para el bautismo al tener fe en el Señor Jesucristo, al arrepentirnos de nuestros pecados y al estar dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Cristo. Hacemos un compromiso de guardar los mandamientos de Dios y de siempre recordar al Salvador. Hacemos convenio de “llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”; indicamos que estamos dispuestos a llorar con los que lloran y a consolar a los que necesitan de consuelo5.

En los santos templos se reciben otras ordenanzas sagradas y se hacen otros convenios. En los primeros días de la Restauración, el profeta José Smith estaba ansioso de que los santos tuviesen las bendiciones prometidas del templo. El Señor dijo: “…edifíquese esta casa a mi nombre, para que en ella pueda yo revelar mis ordenanzas a mi pueblo”6.

“Uno de los grandes propósitos del Señor para organizar la Sociedad de Socorro era preparar a Sus hijas para las bendiciones mayores del sacerdocio, cual se hallan en las ordenanzas y convenios del templo. Las hermanas de Nauvoo esperaban con gran anhelo que se finalizara la construcción del templo, porque sabían, tal como lo había prometido el profeta José Smith a Mercy Fielding Thompson, que la investidura las sacaría ‘de la oscuridad hacia una maravillosa luz’”7.

“Más de 5.000 santos colmaron el Templo de Nauvoo tras su dedicación para recibir la investidura y la ordenanza del sellamiento antes de embarcarse en su travesía” al valle de Lago Salado8. El presidente Brigham Young y muchos líderes de la Iglesia y obreros del templo dedicaron su tiempo, día y noche, para servir en el templo, a fin de que se pudiera llevar a cabo esa importante obra por los santos.

Nuestros convenios nos sostienen ya sea en tiempos buenos o en épocas difíciles. El presidente Boyd K. Packer nos recuerda: “Somos un pueblo de convenios. Hacemos convenio de dar de nuestro tiempo, dinero y talentos—de dar todo lo que somos y todo lo que poseemos—para el beneficio del reino de Dios sobre la tierra. Dicho en forma sencilla, hacemos convenio de hacer el bien. Somos un pueblo de convenios, y el templo es el centro de nuestros convenios. Es la fuente del convenio”9.

Las Escrituras nos recuerdan: “Y éste será nuestro convenio: Andaremos en todas las ordenanzas del Señor”10.

Grandes son las bendiciones que recibimos al adherirnos a nuestros convenios.

Recibimos gozo y protección al guardar nuestros convenios

En el Libro de Mormón leemos el sermón del rey Benjamín, quien enseñó a la gente acerca de Jesucristo, de que Él vendría a la tierra y sufriría toda clase de aflicciones; él les enseñó que Cristo expiaría los pecados de toda la humanidad y que Su nombre era el único nombre por medio del cual el hombre podría obtener la salvación11.

Después de escuchar esas bellas enseñanzas, la gente se humilló y deseó de todo corazón verse libre del pecado y ser purificada. Se arrepintieron y profesaron su fe en Jesucristo. Hicieron convenios con Dios de que guardarían Sus mandamientos12.

“…el Espíritu del Señor descendió sobre ellos, y fueron llenos de gozo, habiendo recibido la remisión de sus pecados, y teniendo paz de conciencia a causa de la gran fe que tenían en Jesucristo”13.

Otro ejemplo de la dicha que proviene de la fidelidad al guardar los mandamientos de Dios y compartir Su evangelio con los demás lo demuestra Ammón. Por medio de él y de sus hermanos, miles de personas vinieron a Cristo. Éstas son algunas de las palabras que Ammón usó para describir sus sentimientos cuando tantas personas se bautizaron e hicieron convenios con Dios:

“…cuán gran motivo tenemos para regocijarnos”14.

“…mi gozo es completo; sí, mi corazón rebosa de gozo, y me regocijaré en mi Dios”15.

“…no puedo expresar ni la más mínima parte de lo que siento”16.

“…no ha habido hombres que tuviesen tan grande razón para regocijarse como nosotros”17.

El hacer y guardar convenios sagrados nos permite tener el Santo Espíritu con nosotros. Ése es el Espíritu que “llenará tu alma de gozo”18.

La Segunda Guerra Mundial causó gran sufrimiento para muchas personas en todo el mundo. Los santos de Alemania soportaron muchas tribulaciones. Una fiel presidenta de la Sociedad de Socorro, de Stuttgart, Alemania, era la hermana Maria Speidel. Al hablar de sus tribulaciones, dijo: “Nuestro pilar de fortaleza ha sido nuestra confianza en el Señor y nuestro testimonio de Su iglesia… Con gozo cantamos los cantos de Sión y ponemos nuestra confianza en el Señor. Él todo lo subsana”19.

Repito que a medida que los miembros guardaron sus convenios, sintieron gozo incluso al enfrentar desafíos tremendos.

Sarah Rich era una mujer recta que vivía en Nauvoo y se le llamó a servir en el templo antes de que expulsaran a los santos de la ciudad. Éstas son sus palabras en cuanto a las bendiciones de los convenios del templo: “Muchas fueron las bendiciones que recibimos en la casa del Señor y que nos brindaron gozo y consuelo en medio de todas nuestras aflicciones y que nos facultaron para tener fe en Dios, sabiendo que Él nos iba a guiar y a sostener en la jornada incierta que teníamos por delante”20.

Un poco antes, los santos habían terminado el Templo de Kirtland, y muchos participaron en la dedicación. El Señor aceptó el templo después de la dedicación. y les dijo que “se [regocijaran] en gran manera como consecuencia de las bendiciones que han de ser derramadas… sobre la cabeza de los de [Su] pueblo”21.

A medida que se han edificado más y más santos templos por toda la tierra, he visto las bendiciones que llegan a la vida de los miembros. En 2008 vi la felicidad en los rostros de una pareja de Ucrania cuando me dijeron que irían a Freiberg, Alemania, para recibir sus ordenanzas del templo. El viaje de ida al templo para esos miembros dedicados les tomaba 27 horas en autobús, por lo que no podían ir con frecuencia. Estaban muy contentos de que pronto se terminaría el Templo de Kiev, Ucrania, lo que les permitiría asistir con más frecuencia. Ese templo ya está abierto, y miles de personas disfrutan de sus bendiciones.

Al leer la historia personal de mi abuela, me enteré del gran gozo que sentía por sus convenios. Le encantaba ir al templo y efectuar las ordenanzas a favor de miles que habían muerto. Era la misión de su vida; ella prestó servicio en el Templo de Manti, Utah, durante más de veinte años, y escribió que muchas veces había sido sanada milagrosamente a fin de criar a sus hijos y servir a otras personas efectuando la obra en el templo por ellas. Nosotros los nietos, si sabíamos algo sobre la abuela Rymer, era que fue una mujer recta que guardó sus convenios y que deseaba que nosotros hiciéramos lo mismo. Cuando hayamos muerto y la gente revise nuestras posesiones, ¿encontrarán alguna evidencia de que guardamos nuestros convenios?

Nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson, nos dijo en la última conferencia general: “Cuando ustedes y yo vayamos a las santas casas de Dios, cuando recordemos los convenios que hemos hecho allí, seremos más capaces de soportar toda prueba y superar cada tentación. En ese sagrado santuario encontraremos paz, seremos renovados y fortalecidos”22.

Una vez más: “…eleva tu corazón y regocíjate, y adhiérete a los convenios que has hecho”23. El guardar convenios es verdadera gozo y felicidad; eso es consuelo y paz; eso es protección de las maldades del mundo. El guardar nuestros convenios nos ayudará en tiempos de pruebas.

Testifico que a medida que tengamos fe en Cristo y nos adhiramos a nuestros convenios, recibiremos el gozo del que se habla en las Escrituras y el que nos han prometido nuestros profetas de los últimos días.

Estimadas hermanas, las amo y espero que sientan ese gran gozo en su propia vida. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Mostrar referencias

  1.  

    1.  Doctrina y Convenios 25:13.

  2.  

    2. Bendición patriarcal dada por Walter E. Hanks, 25 de octubre de 1912, en Lyman, Condado de Wayne, Utah.

  3.  

    3. Diccionario bíblico [en inglés], “Covenant” [Convenio].

  4.  

    4.  Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, undécima ed., 2003, “cleave” [adherir].

  5.  

    5. Véase Mosíah 18:8–9; véase también Thomas S. Monson, “¿Qué he hecho hoy por alguien?”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 85–87.

  6.  

    6.  Doctrina y Convenios 124:40.

  7.  

    7.  Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro, 2011, págs. 146–147.

  8.  

    8.  Hijas en Mi reino, pág. 33.

  9.  

    9. Boyd K. Packer, El Santo Templo, págs. 37–38.

  10.  

    10.  Doctrina y Convenios 136:4.

  11.  

    11. Véase Mosíah 3:5–18.

  12.  

    12. Véase Mosíah 4:2; 5:5.

  13.  

    13.  Mosíah 4:3.

  14.  

    14.  Alma 26:1.

  15.  

    15.  Alma 26:11.

  16.  

    16.  Alma 26:16.

  17.  

    17.  Alma 26:35.

  18.  

    18.  Doctrina y Convenios 11:13.

  19.  

    19. Maria Speidel, en Hijas en Mi reino, pág. 86.

  20.  

    20. Sarah Rich, en Hijas en Mi reino, pág. 34.

  21.  

    21.  Doctrina y Convenios 110:9–10.

  22.  

    22. Thomas S. Monson, “El Santo Templo: Un faro para el mundo”, Liahona, mayo de 2011, pág. 93.

  23.  

    23.  Doctrina y Convenios 25:13.