El perfecto amor echa fuera el temor

L. Tom Perry

Del Quórum de los Doce Apóstoles


L. Tom Perry
Si ustedes responden a la invitación de compartir sus creencias y sentimientos sobre el evangelio restaurado de Jesucristo, un espíritu de amor y un espíritu de ánimo serán sus compañeros constantes.

Presidente Monson, estamos muy emocionados con las maravillosas noticias de algunos nuevos templos. Especialmente emocionantes para mis muchos, muchos familiares en el Estado de Wyoming.

La Iglesia hace algo en todo el mundo cuando se edifica un templo nuevo, que es una tradición bastante común en los Estados Unidos y Canadá: realizamos un programa de puertas abiertas. En las semanas previas a la dedicación de un nuevo templo, abrimos las puertas e invitamos a los líderes gubernamentales y religiosos de la localidad, a los miembros locales de la Iglesia y a las personas de otras religiones a venir y visitar el templo recién construido.

Son eventos maravillosos que ayudan a las personas que no están familiarizadas con la Iglesia a saber un poco más sobre ella. Casi todos los que visitan un nuevo templo se maravillan tanto por su belleza exterior como la interior. Les asombra la maestría de la obra y la atención a los detalles de cada elemento del templo. Además de ello, muchos de nuestros visitantes sienten algo único y especial a medida que los guían por el templo que aún no se ha dedicado. Todas esas reacciones son comunes entre los que acuden a los programas de puertas abiertas, pero no es la reacción más común. Lo que impresiona a los visitantes, más que cualquier otra cosa, son los miembros de la Iglesia que encuentran en nuestros programas de puertas abiertas. Salen con una impresión inolvidable de sus anfitriones, los Santos de los Últimos Días.

La Iglesia está recibiendo más atención que nunca en todo el mundo. Los representantes de los medios de comunicación escriben o hablan acerca de la Iglesia todos los días para informar sobre las diversas actividades de ella. Muchas de las agencias de noticias más importantes de los Estados Unidos hablan sobre la Iglesia o sus miembros con regularidad. Estas conversaciones también se llevan a cabo por todo el mundo.

La Iglesia también llama la atención en internet que, como saben, ha cambiado drásticamente la forma en que la gente comparte información. En cualquier momento del día, en todo el mundo, personas que nunca han escrito para un periódico o una revista disertan sobre la Iglesia y sus enseñanzas en internet, en blogs y en redes sociales. Hacen videos y los comparten en línea. Son personas comunes y corrientes, tanto miembros de nuestra religión como de otras creencias, que hablan sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Los cambios en la manera de comunicarnos explican en parte por qué los “mormones” ahora son más conocidos que nunca. Pero la Iglesia también siempre está creciendo y avanzando. Hay más personas que tienen miembros de la Iglesia entre sus vecinos y amigos, y hay miembros prominentes de la Iglesia en el gobierno, en los negocios, en los espectáculos, en la educación y en todas partes, según parece. Incluso aquellos que no son miembros de la Iglesia han notado esto, y se preguntan qué es lo que está pasando. Es maravilloso que muchos ahora sepan de la Iglesia y de los Santos de los Últimos Días.

Aunque la Iglesia es más visible, todavía hay mucha gente que no la entiende. A algunos se les ha enseñado a desconfiar de la Iglesia y a creer en estereotipos negativos sobre la misma sin cuestionar la fuente ni la validez de esas ideas. También hay mucha desinformación y confusión sobre lo que es la Iglesia y su posición. Esto ha sido así desde la época del profeta José Smith.

En parte, José Smith escribió su historia para “sacar del error a la opinión pública y presentar a los que buscan la verdad los hechos tal como han sucedido” (José Smith—Historia 1:1). Es cierto que siempre habrá quienes distorsionen la verdad y tergiversen intencionalmente las enseñanzas de la Iglesia. Pero la mayoría de los que tienen inquietudes sobre ella, simplemente quieren saber más de la misma. Esas son personas imparciales que tienen una curiosidad genuina sobre nosotros.

La creciente visibilidad y la reputación de la Iglesia nos brindan una excelente oportunidad a nosotros, sus miembros. Podemos ayudar a “sacar del error a la opinión pública”, y corregir la información errónea cuando se nos describa como algo que no somos. Pero lo más importante es que podemos compartir lo que somos.

Hay una cantidad de cosas que podemos hacer —que ustedes pueden hacer— para contribuir a la comprensión de la Iglesia. Si lo hacemos con el mismo espíritu y el mismo comportamiento que tenemos cuando somos los anfitriones de los programas de puertas abiertas del templo, nuestros amigos y vecinos llegarán a entendernos mejor. Sus sospechas se esfumarán, los estereotipos negativos desaparecerán y empezarán a saber de la Iglesia como realmente es.

Permítanme sugerir algunas ideas de lo que cada uno de nosotros puede hacer.

En primer lugar, debemos ser decididos en nuestras declaraciones de Jesucristo. Queremos que los demás sepan que afirmamos que Él es la figura central de toda la historia humana. Su vida y Sus enseñanzas constituyen el centro de la Biblia y de otros libros que consideramos escritura sagrada. El Antiguo Testamento es un preámbulo del ministerio terrenal de Cristo. El Nuevo Testamento describe Su ministerio terrenal. El Libro de Mormón ofrece un segundo testigo de Su ministerio terrenal. Él vino al mundo a declarar que Su evangelio constituye los cimientos para que toda la humanidad, todos los hijos de Dios, aprendan sobre Él y sigan Sus enseñanzas. Y que dio Su vida para ser nuestro Salvador y Redentor. Sólo a través de Jesucristo es posible la salvación. Por eso creemos que Él es la figura central de toda la historia de la humanidad. Nuestro destino eterno siempre está en Sus manos. Es algo glorioso creer en Él y aceptarlo como nuestro Salvador, nuestro Señor y nuestro Maestro.

También creemos que sólo por medio de Cristo es posible hallar el gozo, la esperanza y la felicidad supremos, tanto en esta vida como en la eternidad. Nuestra doctrina, como se enseña en el Libro de Mormón, declara enfáticamente: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna” (2 Nefi 31:20).

Declaramos nuestra creencia en Jesucristo y lo aceptamos como nuestro Salvador. Él nos bendecirá y nos guiará en todos nuestros esfuerzos. A medida que trabajemos aquí en la tierra, Él nos fortalecerá y nos dará paz en momentos de prueba. Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días andan por la fe que tienen en Aquél a quien pertenece esta Iglesia.

En segundo lugar, seamos un ejemplo de rectitud para los demás. Después de declarar nuestras creencias, debemos seguir el consejo que se nos da en 1 Timoteo 4:12: “…sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza”.

El Salvador enseñó sobre la importancia de ser un ejemplo de nuestra fe diciendo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

Nuestra vida debe ser un ejemplo de bondad y virtud a medida que tratemos de emular el ejemplo que Él dio al mundo. Las buenas obras de cada uno de nosotros fomentan una imagen positiva tanto del Salvador como de Su Iglesia. Al dedicarse a hacer el bien, al ser hombres y mujeres honorables y rectos, sus vidas reflejarán la Luz de Cristo.

Después, hablemos en defensa de la Iglesia. En el transcurso de nuestra vida diaria somos bendecidos con muchas oportunidades de compartir con los demás lo que creemos. Cuando nuestros amigos y colegas nos preguntan acerca de nuestras creencias religiosas, nos están invitando a compartir lo que somos y lo que creemos. Puede que estén o no interesados en la Iglesia, pero sí están interesados en conocernos a un nivel más profundo.

Mi recomendación es que acepten sus invitaciones. Sus compañeros no están invitándoles a enseñar, predicar, exponer o exhortar. Háganlos participar en una conversación de dos vías, compartan algo sobre las creencias religiosas de ustedes, pero también pregúntenles acerca de las creencias de ellos. Midan su nivel de interés por las preguntas que ellos hagan. Si ellos hacen muchas preguntas, centren la conversación en responderlas. Recuerden que siempre es mejor que ellos pregunten a que ustedes hablen.

Algunos miembros parecen desear mantener en secreto el hecho de ser miembros de la Iglesia. Deben tener sus razones. Por ejemplo, ellos podrían creer que no les corresponde compartir sus creencias. Tal vez tengan miedo de cometer un error o de que les hagan una pregunta que no puedan responder. Si tales ideas les pasan alguna vez por la mente, les tengo algunos consejos. Sencillamente recuerden las palabras de Juan: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18). Si tan sólo amamos a Dios y a nuestro prójimo, se nos promete que superaremos nuestros temores.

Si últimamente han visitado mormon.org, el sitio web de la Iglesia para los que tienen interés en saber de ella, habrán visto miembros que han compartido información sobre ellos mismos. Han creado perfiles en línea donde explican quiénes son y por qué sus creencias religiosas son tan importantes. Ellos están manifestando su fe.

Debemos entablar esas conversaciones con un amor semejante al de Cristo. Nuestro tono, ya sea oral o escrito, debe ser respetuoso y cortés, sin importar las respuestas de los demás. Debemos ser sinceros y abiertos, y procurar ser claros en lo que digamos. Debemos evitar ponernos a la defensiva o discutir de alguna forma.

El apóstol Pedro explicó: “…como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta” (1 Pedro 1:15).

La “conducta” de hoy en día parece estar relacionada cada vez más con la participación en internet. Animamos a la gente, jóvenes y adultos, a usar internet y los medios de comunicación para tender una mano y compartir sus creencias religiosas.

Al utilizar internet, quizás encuentren conversaciones sobre la Iglesia que ya estén en curso. Cuando se los indique el Espíritu, no duden en añadir su voz a estas conversaciones.

El mensaje del evangelio de Jesucristo es diferente a todo lo demás que compartirán con otras personas. En la era de la información, el Evangelio es la información más valiosa en todo el mundo. Su valor es incuestionable. Es una perla de gran precio (véase Mateo 13:46).

Al hablar de la Iglesia, no tratemos de hacerla ver mejor de lo que es. No hace falta que alteremos nuestro mensaje. Sino que tenemos que comunicarlo de manera sincera y directa. Si abrimos los canales de comunicación, el mensaje mismo del evangelio restaurado de Jesucristo dará pruebas de su valor a los que estén preparados para recibirlo.

A veces hay una gran diferencia —una inmensa brecha en la comprensión— entre la forma en que vivimos la experiencia de la Iglesia desde adentro y la forma en que los demás la ven desde afuera. Ésa es la razón principal por la que realizamos los programas de puertas abiertas antes de dedicar cada nuevo templo. Los miembros voluntarios de los programas de puertas abiertas sencillamente tratan de ayudar a las demás personas a ver la Iglesia como ellos la ven desde adentro. Reconocen que la Iglesia es una obra maravillosa, incluso un prodigio, y quieren que los demás también lo sepan. Pido a cada uno de ustedes que haga lo mismo.

Les prometo que si responden a las invitaciones de compartir sus creencias y sentimientos acerca del evangelio restaurado de Jesucristo, un espíritu de amor y un espíritu de valentía serán su compañero constante, ya que “el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Éste es un momento de crecientes oportunidades para compartir el evangelio de Jesucristo con los demás. Preparémonos para aprovechar las oportunidades que se nos presenten a cada uno de nosotros para compartir nuestras creencias, ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.