La manera del Señor

Por él élder Stanley G. Ellis

De los Setenta


Stanley G. Ellis
La manera del Señor es que prestemos atención a las enseñanzas de nuestros líderes, que comprendamos los principios correctos y que nos gobernemos a nosotros mismos.

Setenta

Se me ha llamado como Setenta. Los Setenta son llamados a ser mensajeros, a compartir la palabra del Señor conforme la recibimos de los apóstoles, profetas y del Espíritu, y a ser testigos especiales del nombre de Cristo en la predicación del Evangelio a todo el mundo, a edificar la Iglesia y a regular los asuntos de la misma (véase D. y C. 107:25, 34).

Niño granjero

Me crié en una granja cerca de Burley, Idaho, es decir, ¡soy un auténtico “granjero de Idaho”! Y como tal, aprendí:

  1. 1.

    A trabajar: si no se siembra, no se cosecha.

  2. 2.

    A trabajar de forma inteligente: si se irriga y se fertiliza, se cosecha más.

  3. 3.

    La importancia del momento oportuno: si no se siembra en el momento correcto, una helada prematura puede destruir la cosecha.

  4. 4.

    A hacer lo necesario o lo que se debe hacer sin importar que sea agradable, preferible o conveniente: se ordeña la vaca cuando se tiene que ordeñar, no cuando uno quiere.

  5. 5.

    A ser directo: con el ganado y las maquinarias en cuestión, no hay tiempo de “andar con rodeos” ni de preocuparse por andar con tanta diplomacia. (En cuanto a esto, a medida que he prestado servicio en varios llamamientos de la Iglesia, con frecuencia he preguntado: “¿Desean que les hable directamente o que lo endulce?”. ¡Por regla general, los santos han escogido que sea directo! Hoy seré directo.)

  6. 6.

    Por último, como granjero de Idaho, aprendí a adherirme a lo básico.

No hay nada que sea más básico para cada uno de nosotros y para nuestra doctrina, que las verdades del primer Artículo de Fe: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en Su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” (Artículos de Fe 1:1).

Además, Él es nuestro Padre Celestial, que nos conoce, nos ama y desea que regresemos a Él. Jesús es nuestro Salvador y Redentor que, mediante la Expiación, se aseguró de que nosotros venzamos la muerte y vivamos otra vez, e hizo posible que nosotros seamos exaltados y obtengamos la vida eterna. El Espíritu Santo es nuestro consolador, revelador, maestro, testigo y guía.

Piensen en esto, hermanos y hermanas: ¡no somos huérfanos espirituales! No estamos solos.

¿Cuáles son las ventajas de tener padres, de no ser huérfanos? Podemos aprender de ellos, beneficiarnos de su experiencia, evitar las dificultades sobre las que nos advierten y entienden mejor debido a su perspectiva. No tenemos que estar perdidos ni confundidos, ni ser engañados ni menos eficaces. Esto es especialmente cierto en el caso de nuestro Padre Celestial, que nos ha enseñado y mostrado no sólo una manera, sino la manera.

Dios tiene la manera

De hecho, Dios tiene la manera de vivir1, de amar2, de ayudar3, de orar4, de hablar5, de tratarnos mutuamente6, de dirigir7, de contraer matrimonio8, de criar a los hijos9, de aprender10, de saber la verdad11, de compartir el Evangelio12, de elegir sabiamente qué comer13, etc.

Junto con las Escrituras, hay otros grandes recursos para aprender la manera del Señor en Leales a la Fe, Para la Fortaleza de la Juventud, y en otras enseñanzas de los apóstoles y profetas vivientes.

  1. 1.

    Por ejemplo, el Señor nos ha enseñado en las Escrituras:
    “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová”.
    “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8–9).

  2. 2.

    Una de las iniquidades de estos últimos días es que “todo hombre anda por su propio camino” (D. y C. 1:16). En Proverbios se nos advierte: “No seas sabio en tu propia opinión” y “no te apoyes en tu propia prudencia” (véase Proverbios 3:5–7).

  3. 3.

    Se nos enseña que si hacemos las cosas a la manera del Señor, Él está obligado a bendecirnos y tenemos derecho a reclamar Sus promesas; pero si no lo hacemos a Su manera, no tenemos ninguna promesa (véase D. y C. 82:10).

  4. 4.

    El Señor comparó Su manera con la nuestra cuando instruyó al profeta Samuel, quien fue enviado a buscar un nuevo rey: “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

  5. 5.

    Hasta con el universalmente aceptado deseo de ayudar a los pobres y a los necesitados, el Señor está de acuerdo con nuestra meta, pero nos advierte: “Pero es preciso que se haga a mi propia manera” (D. y C. 104:16); de otro modo, en nuestro intento por ayudar, es posible que causemos daño. El Señor nos ha enseñado la necesidad de fomentar la autosuficiencia. Aun cuando podamos ayudar, no debemos dar ni proporcionar lo que la persona puede y debe hacer por sí misma. Dondequiera que se practique esto, el mundo sufre las consecuencias del dar sin requerir nada a cambio. Dios realmente sabe lo que es mejor.

Consideremos algunos otros ejemplos. El Señor tiene la manera de realizar la obra misional, que está codificada en las Escrituras y en Predicad Mi Evangelio, y que se implementa según lo indique el Espíritu.

El Señor tiene Su manera, o sea, la manera de amar. Los del mundo dicen que lo que realmente importa es que dos personas se amen. Nuestro Padre Celestial enseña que eso es importante, pero nos enseña algo más: que hay una manera y un momento autorizados para expresar ese amor.

Gobernarnos a nosotros mismos

A José Smith se le enseñó desde su juventud las maneras del Señor. Cuando se le preguntó cómo dirigía la Iglesia, explicó que él enseñaba principios correctos y que los miembros se gobernaban a sí mismos14. Hermanos y hermanas, nuestros profetas y apóstoles vivientes aún continúan enseñando principios correctos. La pregunta es: “¿Estamos utilizando estos principios para gobernarnos a nosotros mismos?”.

Una cosa que con frecuencia se nos ha enseñado es que florezcamos donde estemos plantados. Sin embargo, a veces nos sentimos tentados a trasladarnos a un nuevo lugar, donde creemos que nuestros hijos tendrán más amigos y, por lo tanto, mejores programas para los jóvenes.

Hermanos y hermanas: ¿creemos realmente que el factor crítico en la salvación de nuestros hijos es el vecindario en el que vivimos? Los apóstoles y profetas con frecuencia han enseñado que lo que sucede dentro del hogar es mucho más importante de lo que nuestros hijos puedan encontrar fuera de él. La forma en que criamos a nuestros hijos es más importante que el lugar donde los criamos.

Desde luego hay otros factores que se deben considerar al decidir dónde vivir y, afortunadamente, el Señor nos guiará si procuramos Su confirmación.

Otra pregunta es: “¿Dónde se nos necesita?”. Durante dieciséis años presté servicio en la presidencia de la Estaca Houston Norte, Texas, y durante esos años muchas personas se mudaron a nuestra zona. Con frecuencia, recibíamos llamadas anunciándonos que alguien se iba a mudar allí y preguntaban cuál era el mejor barrio. En esos dieciséis años, una sola vez recibí una llamada en la que preguntaban: “¿Qué barrio necesita una buena familia? ¿En dónde podemos ayudar?”.

En los primeros años de la Iglesia, el presidente Brigham Young y otros llamaban a los miembros a ir a cierto lugar a fortalecer la Iglesia. La ironía es que, aún hoy en día, también tenemos miembros fieles de la Iglesia en todo lugar que irían a cualquier parte que el profeta les pidiera que fuesen. ¿Realmente esperamos que el presidente Monson nos diga, de manera individual, a más de 14 millones de nosotros dónde se necesita a nuestra familia? La manera del Señor es que prestemos atención a las enseñanzas de nuestros líderes, que comprendamos los principios correctos y que nos gobernemos a nosotros mismos.

Sumamente importante

Con todo lo que está sucediendo en la Iglesia hoy en día, y a medida que el Señor está apresurando Su obra en todo aspecto, es de fundamental importancia que todo lo que hagamos sea a Su manera.

En especial, en la obra de salvación aprendemos que “en el don de su Hijo, Dios ha preparado un camino más excelente” (Éter 12:11). La doctrina de Cristo “es la senda; y no hay otro camino, ni nombre dado debajo del cielo por el cual el hombre pueda salvarse en el reino de Dios” (2 Nefi 31:21).

Conclusión

Ver actualmente a tantas personas del mundo que viven en confusión o, lo que es peor, andan errantes por caminos prohibidos y sufriendo innecesariamente las consecuencias de las malas decisiones, me hace desear exclamar como lo hizo Alma:

“¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!

“Sí, declararía yo a toda alma… el arrepentimiento y el plan de redención: Que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra” (Alma 29:1–2).

¡Testifico nuevamente que el Señor tiene la manera! Nuestro Padre Celestial nos conoce, nos ama y desea ayudarnos. Él sabe la mejor manera de ayudarnos. ¡No somos huérfanos espirituales!

Nuestro Salvador, Jesucristo, es “el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6; véase también Alma 38:9). Su camino se basa en la verdad eterna y nos lleva a “la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (D. y C. 59:23). Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.