El poder, gozo y amor que provienen de guardar convenios

Presidenta General de la Sociedad de Socorro


Linda K. Burton
Invito a cada una de nosotras a evaluar cuánto amamos al Salvador, utilizando como medida cuán alegremente guardamos nuestros convenios.

Para comenzar, me gustaría compartir un relato que me conmueve el corazón.

Una noche, un hombre llamó a sus cinco ovejas para que entraran al refugio donde pasarían la noche. Su familia observó con gran interés mientras él sencillamente les decía: “Vamos”, e inmediatamente las cinco cabezas se levantaron y se voltearon hacia él. Cuatro de ellas corrieron hacia donde él estaba. Con afecto y bondad las acarició en la cabeza. Las ovejas conocían su voz y lo amaban.

Pero la quinta oveja no corrió hacia él. Era una oveja grande que le habían regalado unas pocas semanas antes; el dueño dijo que era salvaje, desobediente y que siempre andaba descarriando a las otras ovejas. El nuevo dueño aceptó la oveja y la amarró a una estaca en su campo por algunos días para que aprendiera a quedarse allí. Con paciencia, le enseñó a amarlo a él y a las otras ovejas hasta que, con el tiempo, sólo tenía una corta cuerda alrededor del cuello, pero no estaba amarrada a la estaca.

Esa noche, mientras su familia observaba, el hombre se acercó a la oveja, que estaba en la orilla del campo, y otra vez dijo suavemente: “Vamos. Ya no estás amarrada. Eres libre”. Entonces, con amor, estiró la mano, la puso sobre la cabeza de la oveja y caminó de regreso con ella y con las otras ovejas hacia el refugio1.

Conforme al espíritu de ese relato, ruego que esta noche el Espíritu Santo nos ayude a aprender juntas en cuanto a guardar convenios. Hacer y guardar convenios significa tomar la decisión de establecer una obligación con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo. Es comprometernos a seguir al Salvador. Es confiar en Él y desear demostrar nuestra gratitud por el precio que pagó para liberarnos mediante el don infinito de la Expiación.

El élder Jeffrey R. Holland explicó que “un convenio es un contrato espiritual vinculante, una promesa solemne a Dios nuestro Padre de que viviremos, pensaremos y actuaremos de cierta manera: la manera de Su Hijo, el Señor Jesucristo. A cambio, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos prometen el pleno esplendor de la vida eterna”2. En ese contrato vinculante, el Señor establece los términos y nosotros aceptamos cumplirlos. El hacer y el guardar convenios es una expresión de nuestro compromiso de llegar a ser como el Salvador3. Lo ideal es esforzarnos por lograr la actitud mejor expresada en algunas frases de un himno favorito: “a donde me mandes iré… lo que me mandes diré… lo que me [mandes], seré”4.

¿Por qué hacer y guardar convenios?

1. El guardar los convenios fortalece, habilita y protege.

Nefi vio en visión las bendiciones considerables que el Señor otorga a las personas que guardan sus convenios. “Y aconteció que yo, Nefi, vi que el poder del Cordero de Dios descendió… sobre el pueblo del convenio del Señor… y tenían por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria”5.

Hace poco conocí a una querida amiga nueva. Ella testificó que, después de haber recibido su investidura en el templo, se sintió fortalecida con el poder para resistir las tentaciones con las que previamente había luchado.

Al guardar nuestros convenios, también recibimos valor y fortaleza para ayudarnos a llevar las cargas los unos de los otros. Una hermana afligida tenía un hijo que estaba pasando por un difícil desafío que podría causarle la muerte. Debido a su fe en las hermanas de la Sociedad de Socorro que guardaban sus convenios, ella valientemente las invitó a ayunar y a orar por su hijo. Otra hermana manifestó lo mucho que deseaba haber pedido oraciones similares de sus hermanas. Años antes, su hijo había estado pasando por dificultades. Cuánto deseaba haberlas invitado a ayudar a su familia a llevar esa carga. El Salvador dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”6.

Hermanas, todas tenemos cargas que sobrellevar y cargas para compartir. La invitación de llevar las cargas los unos de los otros es una invitación a guardar nuestros convenios. El consejo de Lucy Mack Smith a las primeras hermanas de la Sociedad de Socorro es más relevante hoy que nunca antes: “Debemos atesorarnos unas a otras, velar unas por otras, consolarnos unas a otras y adquirir conocimiento a fin de que todas nos sentemos juntas en el cielo”7. ¡Ésa es la mejor forma de guardar nuestros convenios y de ser buenas maestras visitantes!

El Libro de Mormón nos recuerda que incluso el profeta Alma tuvo que soportar la carga de tener un hijo rebelde. Pero, Alma era afortunado, pues tenía la bendición de tener hermanos y hermanas en el Evangelio que guardaban sus convenios, que estaban profundamente convertidos al Señor y que habían aprendido lo que significaba llevar las cargas los unos de los otros. Conocemos el versículo en Mosíah que habla de la gran fe de las oraciones de Alma a favor de su hijo; pero, el registro declara que “el Señor… [oyó] las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma”8.

Sabemos que el Señor siempre se regocija “por el alma que se arrepiente”9; pero, por encima de todo, deseamos que nuestros hijos sigan el consejo del presidente Henry B. Eyring de “[comenzar] con tiempo y [perseverar]” en hacer y guardar convenios10. No hace mucho tiempo, en un consejo de líderes del sacerdocio y de organizaciones auxiliares, se hizo una pregunta sincera que nos hizo reflexionar: “¿Realmente esperamos que niños de ocho años guarden sus convenios?”. Al deliberar juntos, se sugirió que una manera de preparar a los niños para hacer convenios bautismales sagrados y cumplirlos era ayudarles a aprender a hacer y cumplir una promesa sencilla.

Los padres fieles tienen derecho a saber la mejor manera de enseñar a fin de satisfacer las necesidades de sus hijos. A medida que los padres procuren revelación personal y actúen según ella, se consulten uno al otro, ministren y enseñen los principios sencillos del Evangelio, tendrán el poder para fortalecer y proteger a su familia. Otros miembros de la familia también pueden ayudar. Mi adorable abuelo nos enseñó la importancia de cumplir las promesas por medio de una simple canción que decía más o menos así: “Antes de hacer una promesa, considera bien su importancia. Luego, cuando hecha, grábala en tu corazón; grábala en tu corazón”. Esa cancioncita se enseñó con amor, convicción y poder debido a que el abuelo había grabado sus propias promesas en su corazón.

Una madre sabia que conozco, intencionalmente incluye a sus hijos en sus esfuerzos por guardar sus convenios. Ella gozosamente lleva las cargas de vecinos, amigos y miembros del barrio, y consuela a los que necesitan consuelo. No fue sorprendente que hace poco su hija llegase pidiendo ayuda para saber la mejor manera de consolar a su amiguita cuyo padre acababa de fallecer. Ése fue el momento perfecto para enseñarle que sus deseos y acciones de consolar a su amiga eran una forma de guardar su convenio bautismal. ¿Cómo podemos esperar que los niños hagan y guarden los convenios del templo si no esperamos que guarden su primer convenio: su convenio bautismal?

El élder Richard G. Scott observó: “Una de las bendiciones más grandes que podemos ofrecer al mundo es el poder de un hogar centrado en Cristo, donde se enseña el Evangelio, se guardan los convenios, y abunda el amor”11. ¿Cuáles son algunas formas en que podemos crear un hogar de ese tipo a fin de preparar a nuestros hijos para hacer y guardar los convenios del templo?

  • Juntos podemos descubrir lo que significa ser dignos de una recomendación para el templo.

  • Juntos podemos descubrir cómo escuchar al Espíritu Santo. Debido a que la investidura del templo se recibe por revelación, debemos aprender esa habilidad crucial.

  • Juntos podemos descubrir cómo aprender mediante el uso de símbolos, comenzando con los símbolos sagrados del bautismo y de la Santa Cena.

  • Juntos podemos descubrir por qué el cuerpo es sagrado, por qué a veces se dice que es un templo, y cómo la modestia en el vestir y en el arreglo personal se relaciona con la naturaleza sagrada de la ropa del templo.

  • Podemos descubrir el plan de felicidad en las Escrituras. Cuanto más familiarizados estemos con el plan de nuestro Padre Celestial y la Expiación en las Escrituras, más significativa será la adoración en el templo.

  • Juntos podemos aprender los relatos de nuestros antepasados, investigar la historia familiar, indexar y llevar a cabo la obra vicaria del templo por seres queridos que han fallecido.

  • Juntos podemos descubrir el significado de términos tales como investidura, ordenanza, sellamiento, sacerdocio, llaves y otras palabras relacionadas con la adoración en el templo.

  • Podemos enseñar que vamos al templo para hacer convenios con nuestro Padre Celestial, y que regresamos a casa ¡para cumplirlos!12.

Recordemos el concepto de “bueno, mejor, excelente” al enseñar13. Es bueno enseñar a nuestros hijos acerca del templo; es mejor prepararlos y esperar que hagan y guarden convenios; ¡y es excelente que les demostremos por medio del ejemplo que nos adherimos alegremente a nuestros propios convenios bautismales y del templo! Hermanas, ¿nos damos cuenta de la función vital que tenemos en la obra de salvación al nutrir, enseñar y preparar a los niños a progresar en el sendero de los convenios? Tendremos el poder para hacerlo al honrar y guardar nuestros propios convenios.

2. Guardar los convenios es esencial para la verdadera felicidad.

El presidente Thomas S. Monson enseñó: “…debemos venerar nuestros convenios sagrados, y la fidelidad a esos convenios es un requisito para lograr la felicidad”14. En Nefi, leemos: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz”15. Anteriormente, en ese mismo capítulo, se nos dice que Nefi y su pueblo acababan de construir un templo. ¡Sin duda eran personas que guardaban alegremente sus convenios! Y en Alma leemos: “Pero he aquí, jamás hubo época más dichosa entre el pueblo de Nefi, desde el tiempo de Nefi, que en los días de Moroni”16. ¿Por qué? Una vez más, en un versículo anterior, vemos que “fueron fieles en guardar los mandamientos del Señor”17. ¡Las personas que guardan sus convenios son personas que guardan los mandamientos!

Me gusta mucho el pasaje de las Escrituras que dice: “Y ahora bien, cuando los del pueblo hubieron oído estas palabras [es decir, las palabras que describen el convenio bautismal], batieron sus manos de gozo y exclamaron: Ése es el deseo de nuestros corazones”18. Me encanta el deseo de sus corazones. ¡Con buen ánimo deseaban hacer y guardar sus convenios!

Un domingo, una hermana joven con alegría exclamó: “¡Hoy tengo el privilegio de participar de la Santa Cena!”. ¿Cuándo fue la última vez que nos regocijamos por ese privilegio? ¿Y cómo lo demostramos? Lo hacemos al recordar siempre al Salvador y siempre guardar Sus mandamientos, lo cual incluye santificar Su día de reposo. Lo hacemos recordándolo siempre cuando hacemos nuestras oraciones personales y familiares siempre, estudiamos las Escrituras diariamente y llevamos a cabo la noche de hogar cada semana. Y cuando nos distraemos o empezamos a tomar livianamente estas cosas importantes, nos arrepentimos y empezamos de nuevo.

El hacer convenios y el guardarlos alegremente da validez y vida a las vitales y sagradas ordenanzas de salvación que tenemos que recibir a fin de obtener “todo lo que [el] Padre tiene”19. Las ordenanzas y los convenios son los “hitos espirituales” a los que el presidente Henry B. Eyring se refirió cuando enseñó: “Los Santos de los Últimos Días son un pueblo que hace convenios. Desde el momento del bautismo y en todos los acontecimientos espirituales más importantes de nuestra vida hacemos promesas con Dios y Él hace promesas con nosotros. Él siempre cumple las promesas que hace por medio de Sus siervos autorizados, pero la prueba crucial de nuestra vida es ver si nosotros haremos convenios con Él y los cumpliremos”20.

3. Cuando guardamos nuestros convenios demostramos el amor que tenemos por el Salvador y por nuestro Padre Celestial.

De todas las razones por las que deberíamos ser más diligentes en guardar nuestros convenios, esta razón es la más decisiva de todas: el amor. Un versículo del Antiguo Testamento me conmueve el corazón al considerar el principio del amor. ¿Quién de entre nosotros no se siente inspirado con la historia bíblica de amor de Jacob y Raquel? En cuanto a ella leemos: “Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba”21. Hermanas, ¿guardamos nuestros convenios con esa clase de amor profundo y devoto?

¿Por qué estaba dispuesto el Salvador a guardar Su convenio con el Padre y cumplir con Su misión divina de expiar los pecados del mundo? Fue debido a Su amor por Su Padre Celestial y Su amor por nosotros. ¿Por qué estuvo dispuesto el Padre a permitir que Su Hijo Unigénito y perfecto sufriera dolor indescriptible para llevar los pecados, las angustias y las enfermedades del mundo y todo lo que es injusto en esta vida? Hallamos la respuesta en estas palabras: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito”22.

“Si apreciáramos cabalmente las muchas bendiciones que llegan a ser nuestras por medio de la Redención que se hizo por nosotros, no hay nada que el Señor pueda pedirnos que nosotros no haríamos deseosa y solícitamente”23. De acuerdo con esta declaración del presidente Joseph Fielding Smith, el guardar convenios es una manera de expresar nuestro amor por la incomprensible e infinita expiación de nuestro Salvador y Redentor y por el amor perfecto de nuestro Padre Celestial.

El élder Holland, con compasión sugirió: “…no sé exactamente cuál será nuestra experiencia el día del juicio, pero me sorprenderá mucho si en algún momento de la conversación Dios no nos pregunta exactamente lo mismo que Cristo le preguntó a Pedro: ‘¿Me amaste?’”24. Esta noche invito a cada una de nosotras a evaluar cuánto amamos al Salvador, utilizando como medida cuán alegremente guardamos nuestros convenios. El Salvador dijo: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él”25. ¡Cuánto necesitamos todos una manifestación regular del Salvador en nuestro diario vivir!

Recordemos que incluso aquellos que han sido desobedientes en el pasado o que tienen dificultades en la actualidad pueden sentir la caricia de la mano del Buen Pastor sobre la cabeza y escuchar Su voz decir: “Vamos. Ya no estás amarrado. Eres libre”. El Salvador dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas”26. Él puede decir eso porque guardó Sus convenios con amor. Entonces, la pregunta es: ¿lo haremos nosotros? Ruego que sigamos adelante con fe, con corazones alegres y con un gran deseo de ser personas que guardan sus convenios. Ésa es la forma en que demostramos nuestro amor por nuestro Padre Celestial y por nuestro Salvador, de quienes testifico con un gran amor; en el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1. Véase D. Todd Christofferson, “Eres libre”, Liahona, marzo de 2013, págs. 16–19.

  2.  

    2. Jeffrey R. Holland, “Guardemos los convenios: Un mensaje para los que servirán en una misión”, Liahona, enero de 2012, pág. 49.

  3.  

    3. Véase “Entender nuestros convenios con Dios”, Liahona, julio de 2012, pág. 23.

  4.  

    4. “A donde me mandes iré”, Himnos, Nº 175; cursiva agregada.

  5.  

    5. 1 Nefi 14:14.

  6.  

    6. Juan 13:35.

  7.  

    7. Lucy Mack Smith, en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro, 2011, pág. 29.

  8.  

    8. Mosíah 27:14; cursiva agregada.

  9.  

    9. Doctrina y Convenios 18:13.

  10.  

    10. Véase Henry B. Eyring, “La preparación espiritual: Comiencen con tiempo y perseveren”, Liahona, noviembre de 2005, págs. 37–40.

  11.  

    11. Richard G. Scott, “La paz en el hogar”, Liahona, mayo de 2013, pág. 31.

  12.  

    12. Véase D. Todd Christofferson, “El Evangelio da respuesta a los problemas y desafíos de la vida” (Reunión mundial de capacitación de líderes, febrero de 2012), LDS.org/broadcasts.

  13.  

    13. Véase Dallin H. Oaks, “Bueno, mejor, excelente”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 104.

  14.  

    14. Thomas S. Monson, “La felicidad… la búsqueda universal”, Liahona, marzo de 1996, pág. 5.

  15.  

    15. 2 Nefi 5:27.

  16.  

    16. Alma 50:23.

  17.  

    17. Alma 50:22.

  18.  

    18. Mosíah 18:11.

  19.  

    19. Doctrina y Convenios 84:38.

  20.  

    20. Henry B. Eyring, “Testigos de Dios”, Liahona, enero de 1997, pág. 33; cursiva agregada.

  21.  

    21. Génesis 29:20.

  22.  

    22. Juan 3:16.

  23.  

    23. Joseph Fielding Smith, “Importance of the Sacrament Meeting”, Relief Society Magazine, octubre de 1943, pág. 592.

  24.  

    23. Jeffrey R. Holland, “El primer y grande mandamiento”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 84.

  25.  

    25. Juan 14:21.

  26.  

    26. Juan 10:11.