Randall L. Ridd
Han sido escogidos para participar en Su obra en estos tiempos porque Él confía en que tomen las decisiones correctas.

Jóvenes, es probable que hayan oído antes que son “linaje escogido”, en referencia a que Dios los eligió y preparó a fin de venir a la tierra en esta época para un gran propósito; yo sé que es así. Pero esta tarde deseo dirigirme a ustedes como la “generación escogida”, ya que nunca antes en la historia se ha bendecido a la gente con tantas opciones. Más opciones significan más oportunidades; más oportunidades significan más potencial para hacer lo bueno y, desafortunadamente, lo malo. Creo que Dios los ha enviado aquí en estos tiempos porque Él confía en que discernirán con éxito entre la asombrosa multitud de opciones disponibles.

En 1974, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “Creo que el Señor anhela poner en nuestras manos invenciones que nosotros, las personas comunes, apenas podemos vislumbrar” (“When the World Will Be Converted”, Ensign, octubre de 1974, pág. 10).

¡Y lo ha hecho! Ustedes están creciendo con una de las mayores herramientas para bien en la historia del hombre: el internet, que viene acompañado de un complejo menú de opciones. Sin embargo, la abundancia de opciones conlleva la correspondiente porción de responsabilidad. Facilita el acceso a lo mejor así como lo peor de todo lo que ofrece. Con el internet pueden lograr cosas magníficas en poco tiempo o quedar atrapados en un sinnúmero de trivialidades que desperdician su tiempo y disminuyen su potencial. Con un clic del botón pueden acceder a cualquier cosa que su corazón desee. Ésa es la clave: ¿Qué desea su corazón? ¿Hacia qué se ven atraídos? ¿A dónde los conducirán sus deseos?

Recuerden que Dios “concede a los hombres según lo que deseen” (Alma 29:4) y que Él “[juzgará] a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones” (D. y C. 137:9; véase también Alma 41:3).

El élder Bruce R. McConkie dijo: “En un sentido real, aunque figurado, el libro de la vida es el registro de los actos de los hombres cuyo registro queda impreso en el cuerpo… Es decir que todo pensamiento, toda palabra y toda obra tiene un [efecto] en el cuerpo humano; todos ellos dejan sus marcas, las cuales Aquel que es Eterno puede leer con la sencillez con la que se leen las palabras de un libro” (Mormon Doctrine, 2da. edición, 1966, pág. 97).

El internet también registra sus deseos, que se manifiestan en forma de búsquedas y clics. Hay multitudes a la espera de satisfacer esos deseos. Al navegar por el internet, ustedes dejan huellas: lo que comunican, dónde han estado, cuánto tiempo han estado allí y el tipo de cosas que les interesan. De ese modo el internet crea un ciberperfil de ustedes; en cierto sentido, un “ciberlibro de la vida”. Al igual que en la vida, el internet les dará más y más de lo que procuren; si sus deseos son puros, el internet puede enaltecerlos, haciendo cada vez más fácil dedicarse a obras íntegras; pero también es cierto lo contrario.

El élder Neal A. Maxwell lo expresó así:

“Lo que persistimos en desear es lo que, con el tiempo, llegaremos a ser y lo que recibiremos en la eternidad…

“…Solamente si los educamos y disciplinamos, nuestros deseos llegarán a ser nuestros aliados en vez de nuestros enemigos” (véase “Según nuestros deseos”, Liahona, enero de 1997, págs. 21, 23).

Mis jóvenes hermanos, si no toman la iniciativa de educar sus deseos, el mundo lo hará por ustedes. Cada día el mundo procura influir en sus deseos, tentándolos a comprar algo, hacer clic en algo, jugar a algo, leer o ver algo. Al final, la decisión es de ustedes. Ustedes tienen el albedrío, que es el poder de no sólo actuar según sus deseos, sino también de refinarlos, purificarlos y elevarlos. El albedrío es el poder que tienen de llegar a ser algo; cada decisión los acercará o alejará más de lo que se espera que lleguen a ser; cada clic es de importancia. Pregúntense siempre: “¿A dónde me conducirá esta decisión?”. Cultiven la capacidad de ver más allá del momento.

Satanás quiere controlar su albedrío a fin de controlar lo que llegarán a ser. Él sabe que una de las mejores formas de hacerlo es atraparlos con conductas adictivas. Sus decisiones determinan si la tecnología les dará poder o los esclavizará.

Permítanme ofrecerles cuatro principios para ayudarlos a ustedes, la generación escogida, a adiestrar sus deseos y orientar el uso que hagan de la tecnología.

Primero: Facilita la toma de decisiones el saber quiénes son en verdad.

Tengo un amigo que aprendió esa verdad de un modo muy personal. Su hijo se había criado en el Evangelio, pero parecía estar descarriándose en lo espiritual; a menudo rechazaba oportunidades de ejercer el sacerdocio. Sus padres se desilusionaron cuando dijo que no serviría en una misión. Mi amigo oró fervientemente por él con la esperanza de que tuviera un cambio de corazón; pero esa esperanza se desvaneció cuando el hijo anunció que se había comprometido para casarse. El padre rogó a su hijo que obtuviese la bendición patriarcal. Al final, el hijo accedió, pero insistió en ver al patriarca a solas.

Al regresar, tras la bendición, estaba muy conmovido. Llevó a su novia afuera, donde podía hablarle en privado. El padre se asomó por la ventana y vio a la joven pareja secándose las lágrimas el uno al otro.

Más tarde, el hijo le dijo al padre lo que había sucedido. Muy conmovido, le explicó que durante la bendición vislumbró quién había sido en el mundo preterrenal. Vio lo valiente y convincente que había sido en persuadir a los demás a seguir a Cristo. Al saber quién era en verdad, ¿cómo podía rehusarse a servir en una misión?

Jóvenes, recuerden quiénes son en realidad; recuerden que poseen el santo sacerdocio; eso los inspirará a tomar las decisiones correctas al usar el internet y durante toda la vida.

Segundo: Conéctense a la fuente de poder

Allí en la palma de la mano tienen la sabiduría de siglos, y lo que es más importante, las palabras de los profetas, desde los días del Antiguo Testamento hasta el presidente Thomas S. Monson. Pero si no recargan su teléfono con regularidad, no sirve, y entonces ustedes se sienten perdidos y fuera de contacto; ni soñando dejarían de recargar su batería (pila) ni por un día.

Tan importante como es salir de casa todos los días con el teléfono celular cargado, mucho más importante es estar completamente cargados espiritualmente. Cada vez que enchufen el teléfono, considérenlo un recordatorio y pregúntense si se han conectado a la fuente más importante de poder espiritual: la oración y el estudio de las Escrituras, que los cargará con inspiración por medio del Espíritu Santo (véase D. y C. 11:12–14). Ese poder les ayudará a conocer la disposición y voluntad del Señor para tomar las pequeñas pero importantes decisiones diarias que determinan la dirección en la que van. Muchos de nosotros interrumpimos cualquier cosa que estemos haciendo para leer un mensaje de texto, ¿no deberíamos dar más importancia a los mensajes del Señor? Dejar de conectarnos a ese poder debería ser algo en lo que ni siquiera pensaríamos (véase 2 Nefi 32:3).

Tercero: Tener un teléfono inteligente no los hace inteligentes; el usarlo sabiamente sí puede hacerlo

Jóvenes, no hagan tonterías con su teléfono inteligente. Todos saben a qué me refiero (véase Mosíah 4:29). Hay un sinfín de formas en que la tecnología puede distraerlos de lo que es más importante. Vivan según el dicho: “Estén donde están mientras estén allí”. Cuando conducen, conduzcan; cuando están en clase, concéntrense en la clase; cuando estén con sus amigos, concédanles el don de su atención. El cerebro no puede concentrarse en dos cosas a la vez. Realizar múltiples tareas a la vez es, en realidad, alternar la atención entre una y otra cosa. Un antiguo proverbio dice: “El que mucho abarca, poco aprieta”.

Cuarto: El Señor brinda la tecnología para lograr Sus propósitos

El divino propósito de la tecnología es apresurar la obra de salvación. Como integrantes de la generación escogida, ustedes entienden la tecnología; utilícenla para acelerar su avance hacia la perfección. Porque se les han dado muchas bendiciones, ustedes también deben dar (véase “Tú me has dado muchas bendiciones, Dios”, Himnos, N° 137). El Señor espera que usen estas magníficas herramientas para llevar Su obra al siguiente nivel, para compartir el Evangelio de formas que exceden la más activa imaginación de mi generación. Mientras que las generaciones pasadas influían en los vecinos y su localidad, ustedes tienen el poder, mediante el internet y las redes sociales, de extenderse más allá de las fronteras e influir en el mundo entero.

Testifico que esta es la Iglesia del Señor. Ustedes han sido escogidos para participar en Su obra en estos tiempos porque Él confía en que tomen las decisiones correctas. Ustedes son la generación escogida. En el nombre de Jesucristo. Amén.