Gary E. Stevenson
El milagro de la Expiación puede compensar las imperfecciones de nuestro desempeño.

Los recientes Juegos Olímpicos de Invierno cautivaron al mundo cuando los atletas que representaron a 89 países compitieron en 98 disciplinas diferentes. Cabe destacar que diez de esos atletas son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tres de los cuales ganaron medallas y recientemente se destacó su participación en Church News: Christopher Fogt, Noelle Pikus-Pace, y Torah Bright1. Ofrecemos nuestras felicitaciones a todos los atletas que compitieron. ¡Bien hecho!

Hablo de esos juegos esta mañana dirigiendo mis reflexiones a los hombres jóvenes, las mujeres jóvenes y los jóvenes adultos solteros; a ustedes que están en los años críticos que marcarán el rumbo de su vida. Siento que me urge dirigirme a ustedes.

Para que tengan ese mismo sentido de urgencia, primero comparto la historia de Noelle Pikus-Pace, una de esos atletas Santos de los Últimos Días. En el evento de Noelle, el skeleton o trineo simple, los atletas corren para ganar velocidad y luego se lanzan de cabeza sobre un pequeño trineo. Con la cara a sólo unos centímetros de la superficie, se deslizan por una pista serpenteante y congelada a más de 145 kilómetros por hora.

Sorprendentemente, los años de preparación se considerarán un éxito o una decepción según lo que suceda en el espacio de cuatro intensos períodos de rondas de sesenta segundos.

Los sueños de Noelle en los Juegos Olímpicos de 2006 quedaron destrozados cuando, debido a un terrible accidente, se fracturó la pierna. En los Juegos Olímpicos de 2010, una vez más sus sueños no se cumplieron cuando sólo una décima de segundo le impidió estar en el podio de las ganadoras de medallas2.

¿Se imaginan la ansiedad que ella sentía mientras esperaba comenzar su primera carrera en las Olimpíadas de 2014? Los años de preparación culminarían en sólo una pequeña fracción de tiempo. Cuatro minutos en total. Ella había pasado años preparándose para esos cuatro minutos, y pasaría toda la vida meditando en ellos.

Las carreras finales de Noelle fueron prácticamente impecables. Nunca olvidaremos su salto a las gradas para abrazar a su familia después de cruzar la línea final y exclamar: “¡Lo logramos!”. Años de preparación habían dado resultado. Vimos que su medallón de las Mujeres Jóvenes le colgaba en el cuello cuando le colocaron la medalla de plata al lado3.

Quizás parezca injusto que los sueños olímpicos de Noelle dependieran de lo que hiciera en tan sólo cuatro breves minutos. Pero ella lo sabía, y por eso se preparó con tanta diligencia. Ella sintió la magnitud y la urgencia de sus cuatro minutos, y lo que significarían por el resto de su vida.

También recordamos a Christopher Fogt, un integrante del equipo de cuatro hombres que ganó la medalla de bronce en la carrera de bobsled. Aunque podría haberse dado por vencido después de un accidente devastador en las Olimpíadas de 2010, él decidió perseverar. Después de una carrera fantástica y que lo redimió, ganó el premio que procuró con tanta diligencia4.

Ahora bien, consideren en qué se parece el camino de ustedes hacia la vida eterna a la actuación de cuatro minutos de estos atletas. Ustedes son seres eternos. Antes de nacer, existían como espíritus. En la presencia de un Padre Celestial amoroso, entrenaron y se prepararon para venir a la tierra por un breve período y, bueno, actuar. Esta vida son sus cuatro minutos. Mientras estén aquí, sus acciones determinarán si ganarán el galardón de la vida eterna. El profeta Amulek dijo: “Esta vida es cuando… [ustedes deben] prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que… [deben] ejecutar su obra”5.

En cierto modo, los cuatro minutos de ustedes ya han comenzado; el reloj está corriendo. Las palabras del apóstol Pablo parecieran ser muy pertinentes: “Corred [la carrera,] de tal manera que obtengáis [el premio]”6.

Así como ciertos pasos son esenciales en la breve actuación de un atleta olímpico —los saltos o acrobacias de los patinadores y atletas de snowboard, controlar las vueltas en una carrera de bobsled o bajar zigzagueando a través de las puertas de un eslalon— así mismo sucede en nuestra vida, donde ciertos elementos son absolutamente esenciales: puntos de control que dirigen nuestro rumbo espiritual en la tierra. Esos marcadores espirituales son las ordenanzas esenciales del Evangelio dadas por Dios: el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo, las ordenaciones al sacerdocio, las ordenanzas del templo y el participar de la Santa Cena cada semana.

“…en [estas] ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad”7.

De la misma manera que la disciplina del entrenamiento prepara a un atleta para ejecutar los elementos de su deporte a su nivel más alto, guardar los mandamientos los hará dignos a ustedes de recibir esas ordenanzas de salvación.

¿Sienten la urgencia?

Mis jóvenes amigos, dondequiera que se encuentren en su “presentación de cuatro minutos”, los insto a que reflexionen: “¿Qué tengo que hacer para asegurar mi medalla?”. Tal vez durante esta conferencia, el Espíritu les haya susurrado que quizás sea prepararse con mayor determinación para una ordenanza en el futuro o recibir una ordenanza que debieron haber recibido hace mucho tiempo. Sea lo que sea, háganlo ya, no esperen. Sus cuatro minutos pasarán rápido y ustedes tendrán la eternidad para pensar en lo que hicieron en esta vida8.

Se requiere autodisciplina. La oración diaria, el estudio de las Escrituras y la asistencia a la Iglesia deben ser la base de su entrenamiento. Se requiere un patrón constante de obediencia a los mandamientos, guardar los convenios que han hecho y seguir las normas del Señor que se hallan en Para la Fortaleza de la Juventud.

Tal vez sean conscientes de cosas que están poniendo en peligro o deteniendo su progreso espiritual en la vida. Si es así, sigan el consejo de las Escrituras: “…dejemos a un lado todo peso y pecado que nos rodea, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”9.

Todavía no es demasiado tarde para arrepentirse, pero quizás pronto lo sea, porque nadie sabe realmente cuándo terminarán sus cuatro minutos.

Ahora, quizás estén pensando: “Ya arruiné todo; mis cuatro minutos ya son un desastre; es mejor que me dé por vencido”. Si es así, dejen de pensar en eso y nunca vuelvan a pensarlo. El milagro de la Expiación puede compensar las imperfecciones de nuestro desempeño. Como el élder Jeffrey R. Holland ha enseñado:

“Ustedes… que aún se resisten a progresar… les testifico del poder renovador del amor de Dios y del milagro de Su gracia…

Nunca es demasiado tarde en tanto que el Maestro… diga que hay tiempo… No se demoren”10.

Recuerden, no están solos. El Salvador ha prometido que Él no los dejará huérfanos11. También tienen familiares, amigos y líderes que están animándolos.

Aunque mis palabras se han dirigido a los jóvenes de la Iglesia, ofrezco lo siguiente a los padres y abuelos:

Hace poco, el élder David A. Bednar describió una forma sencilla de hacer una evaluación familiar para marcar el progreso por el sendero del convenio de las ordenanzas esenciales. Todo lo que se necesita es una hoja de papel con dos columnas: “Nombre” y “Plan para la ordenanza siguiente o necesaria”. Hice eso hace poco, y anoté a cada miembro de mi familia. Entre ellos, anoté a un nietecito que pronto será bendecido; un nieto de seis años, cuya preparación bautismal era esencial; y un hijo que va a cumplir 18 años, cuya preparación para el sacerdocio e investidura del templo era inminente. Todos los que estaban en la lista necesitaban la ordenanza de la Santa Cena. Este sencillo ejercicio nos permitió a Lesa y a mí cumplir nuestra función de ayudar a cada miembro de nuestra familia en el sendero del convenio, con un plan de acción para cada uno de ellos. Tal vez ésta sea una idea para ustedes que dará pie a conversaciones en familia, lecciones para la noche de hogar, preparación e incluso invitaciones para efectuar las ordenanzas esenciales en su familia12.

Puesto que yo esquío y hago snowboarding también, quedé muy impresionado con la actuación de “cuatro minutos” de la medallista de plata, y atleta SUD australiana, Torah Bright en la competencia de medio-tubo. Asombró al mundo cuando terminó la carrera prácticamente impecable que culminó con un “Backside Rodeo 720”. Sin embargo, aún más impresionante y sorprendente para el mundo fue la manera en que se acercó y demostró amor cristiano a sus competidoras. Ella se percató de que la atleta estadounidense Kelly Clark, quien tuvo una primera carrera deficiente en su última ronda, parecía nerviosa en la segunda carrera. “Ella me dio un abrazo”, recuerda Clark. “Sencillamente me abrazó hasta que me calmé lo suficiente y bajé mi ritmo de respiración. Fue reconfortante recibir un abrazo de una amiga”. Más tarde, Kelly Clark se unió a Torah en el podio como medallista de bronce.

Cuando le preguntaron acerca de este inusual acto de bondad hacia su oponente, que pudo poner en peligro su propia medalla de plata, Torah simplemente dijo: “Soy una competidora, quiero dar lo mejor de mí, pero también quiero que mis competidoras den lo mejor de ellas”13.

Con eso en mente, ¿hay alguien que necesite del apoyo de ustedes?, ¿un familiar?, ¿un amigo?, ¿un compañero de clase o miembro del quórum? ¿Cómo pueden ayudarlos con sus cuatro minutos?

Queridos amigos, están en medio de un emocionante viaje. En cierto modo, están en una carrera en el medio-tubo o la pista de trineos, y quizás sea difícil ejecutar cada acrobacia o navegar en cada giro en el camino. Pero recuerden, ustedes se han preparado para esto durante milenios; éste es el momento de actuar. ¡Éstos son sus cuatro minutos! ¡El momento es ahora!

Expreso mi plena confianza en sus aptitudes. Tienen al Salvador del mundo de su lado. Si buscan Su ayuda y siguen Sus instrucciones, ¿cómo podrían fallar?

Concluyo con mi testimonio de la bendición que tenemos de contar con un profeta viviente, el presidente Thomas S. Monson; y de Jesucristo y Su función como Salvador y Redentor; en Su santo nombre, Jesucristo. Amén.

Mostrar las referencias

  1.  

    1. Véase Christine Rappleye, “Mormons in the Olympics: 3 Medals for LDS Athletes at the Winter Games”, deseretnews.com/article/865597546/Mormons-in-the-Olympics-3-medals-for-LDS-athletes-at-the-Winter-Games.html.

  2.  

    2. Véase de Christine Rappleye, “Mormons in the Olympics”.

  3.  

    3. Véase de Sarah Petersen, “Noelle Pikus-Pace Wears LDS Young Women Necklace throughout Olympics”, deseretnews.com/article/865596771/Noelle-Pikus-Pace-wears-LDS-Young-Women-necklace-throughout-Olympics.html.

  4.  

    4. Véase de Amy Donaldson, “Army, Faith Helped Push Mormon Bobsledder Chris Fogt to Olympic Success”, deseretnews.com/article/865597390/Army-faith-helped-push-Mormon-bobsledder-Chris-Fogt-to-Olympic-success.html.

  5.  

    5.  Alma 34:32.

  6.  

    6. Véase 1 Corintios 9:24.

  7.  

    7.  Doctrina y Convenios 84:20.

  8.  

    8. Véase Alma 34:31–33.

  9.  

    9.  Hebreos 12:1.

  10.  

    10. Jeffrey R. Holland, “Los obreros de la viña”, Liahona, mayo de 2012, pág. 33.

  11.  

    11. Véase Juan 14:18.

  12.  

    12. David A. Bednar, en una conversación con el autor.

  13.  

    13. Vidya Rao, “Snowboarder Kelly Clark: Hug from Competitor Helped Me Win Bronze”, today.com/sochi/snowboarder-kelly-clark-hug-competitor-helped-me-win-bronze-2D12108132.