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Reseñas de los discursos

Octubre de 2017

Sesión General de Mujeres | Sesión del sábado por la mañana | Sesión del sábado por la tarde
Sesión General del Sacerdocio | Sesión del domingo por la mañana | Sesión del domingo por la tarde

 

Sesión General de Mujeres

Sharon Eubank

Sharon Eubank
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Para mi texto voy a remontarme casi 40 años atrás a una notable profecía escrita por el presidente Spencer W. Kimball.

“Gran parte del progreso y crecimiento que tendrá la Iglesia en estos últimos días se deberá a que muchas mujeres en el mundo… se sentirán atraídas a la Iglesia en grandes cantidades. Eso sucederá en la medida en que las mujeres de la Iglesia reflejen rectitud y se expresen bien en sus vidas, y al grado en que a las mujeres de la Iglesia se las considere como distintas y diferentes —de maneras favorables— de las mujeres del mundo” (“Vuestro papel como mujeres justas”, Liahona, enero de 1980, págs. 167–171).

¿Cómo desempeñamos nuestro papel? ¿Qué debemos hacer? El presidente Kimball menciona cinco cosas:

La primera es ser rectas.

La segunda es expresarse bien.

La tercera es ser diferentes.

La cuarta es ser distintas.

Y, por último, la quinta es hacer de manera feliz las cosas de la primera a la cuarta que se mencionaron.

Los profetas nos llaman, mis hermanas. ¿Serán rectas ustedes? ¿Expresarán su fe con claridad? ¿Soportarán ser distintas y diferentes? A pesar de sus pruebas, ¿atraerá su felicidad a las demás mujeres que sean buenas y nobles y que necesitan su amistad? ¿Encenderán su luz?

 

 

Neill F. Marriott

Neill F. Marriott
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Estamos aquí en esta tierra para crecer y aprender, y el crecimiento y el aprendizaje más grande provendrán de nuestra conexión de convenios con nuestro Padre Celestial y Jesucristo. De nuestra fiel relación con Ellos se obtiene conocimiento, amor, poder y capacidad divinos para servir…

Nuestros pecados y errores crean una brecha, o grieta, entre nosotros y la fuente de todo amor, nuestro Padre Celestial.

Únicamente la expiación del Salvador puede limpiarnos de nuestros pecados y cerrar esa brecha…

El Salvador reparó la brecha, o distancia, entre nosotros y nuestro Padre Celestial. Él, por medio de Su gran sacrificio expiatorio, nos abre el camino para que participemos del poder de amar de Dios y entonces tenemos la capacidad de reparar las “ruinas” de nuestras vidas personales. El curar la distancia emocional entre ambos requerirá nuestra aceptación del amor del Padre, combinado con un sacrificio de nuestras tendencias naturales al egoísmo y al temor…

El amor infinito de nuestro Padre se extiende hacia nosotros, a fin de traernos de vuelta a Su gloria y gozo. Él dio a Su Hijo Unigénito, Jesucristo, para reparar la brecha que se extiende ampliamente entre nosotros y Él. El reencuentro con nuestro Padre Celestial es la esencia del amor perdurable y el propósito eterno. Debemos hacer la conexión con Él ahora para aprender qué es lo que realmente importa, para amar como Él ama y crecer para ser como Él.

 

 

Joy D. Jones

Joy D. Jones
Presidenta General de la Primaria

El Espíritu nos confirmará de manera personal a cada uno de nosotros nuestro valor divino. Saber verdaderamente que son hijas de Dios influenciará cada aspecto de su vida y las guiará en el servicio que ofrezcan cada día…

No importa lo que ocurra, siempre tendremos valor en la vista de nuestro Padre Celestial.

A pesar de esta maravillosa verdad, ¿cuántas de nosotras luchamos de vez en cuando con pensamientos o sentimientos negativos sobre nosotras mismos? Yo lo hago. Es una trampa fácil; Satanás es el padre de todas las mentiras, especialmente cuando se trata de malinterpretar nuestra naturaleza y propósito divinos. Pensar de nosotros mismos que somos “poca cosa” no nos hace ningún bien, sino que nos detiene…

Hermanas, ¡no nos confundamos acerca de quiénes somos! Aunque a menudo es más fácil ser pasivas espiritualmente que hacer el esfuerzo espiritual de recordar y atesorar nuestra identidad celestial, no podemos permitirnos esa indulgencia en los últimos días. Que como hermanas, seamos “… [fieles] en Cristo… y que Él [nos] anime, y sus padecimientos y muerte… y su misericordia y longanimidad, y la esperanza de su gloria y de la vida eterna, reposen en [nuestra] mente para siempre” (Moroni 9:25).

 

 

Presidente Dieter F. Uchtdorf

Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Si descubren que les preocupa lo que los demás digan de ustedes, permítanme sugerir un antídoto: recuerden quiénes son. Recuerden que son de la casa real del reino de Dios, hijas de Padres Celestiales que reinan en todo el universo

Ustedes tienen el ADN espiritual de Dios. Tienen dones únicos que surgieron cuando fueron creadas espiritualmente y desarrollaron durante la vasta inmensidad de la vida preterrenal. Ustedes son hijas de nuestro Padre Celestial misericordioso y sempiterno, el Señor de los Ejércitos, que creó el universo, ubicó las estrellas en la vasta expansión del espacio y colocó los planetas en sus órbitas señaladas…

Las promesas de alabanza y aceptación por parte del mundo son poco fiables, falsas e insatisfactorias. Las promesas de Dios son ciertas, verdaderas y gozosas, hoy y siempre.

Las invito a considerar la religión y la fe desde una perspectiva más elevada. Nada de lo que ofrece el edificio grande y espacioso puede compararse al fruto de vivir el evangelio de Jesucristo…

No permitan que las circunstancias las entristezcan.

No permitan que las enfurezcan.

Pueden regocijarse en ser hijas de Dios. Pueden hallar gozo y felicidad en la gracia de Dios y el amor de Jesucristo.

Pueden ser felices.