Manual 2:
Administración de la Iglesia

Sacerdocio Aarónico

 

8.1 Definición y propósitos del Sacerdocio Aarónico

El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios. Se confiere a los miembros varones de la Iglesia que son dignos. Aquellos que poseen llaves del sacerdocio dirigen la administración de las ordenanzas del Evangelio, la predicación del Evangelio y el gobierno del reino de Dios sobre la tierra.

El Sacerdocio Aarónico posee “la llave del ministerio de ángeles y el evangelio preparatorio, el cual es el evangelio de arrepentimiento y de bautismo, y la remisión de pecados” (D. y C. 84:26–27; véase también D. y C. 13:1; 107:20). El Sacerdocio Aarónico también “tiene el poder para administrar las ordenanzas exteriores” (D. y C. 107:14).

Para más información sobre los propósitos del sacerdocio y las llaves del sacerdocio, véase el capítulo 2.

 8.1.1

Oficios y deberes del Sacerdocio Aarónico

Los oficios del Sacerdocio Aarónico son: diácono, maestro, presbítero y obispo. Cada oficio tiene derechos y responsabilidades de servicio, incluso la autoridad para administrar las ordenanzas del sacerdocio. Para más información acerca de la ordenación a los oficios de diácono, maestro y presbítero, véase 20.7.

Diácono

Los hermanos varones dignos pueden recibir el Sacerdocio Aarónico y ser ordenados diáconos cuando tienen por lo menos 12 años. Un diácono tiene las siguientes responsabilidades:

Lleva una vida recta y se mantiene digno para ejercer el sacerdocio. Da un buen ejemplo a los miembros de su quórum y a los demás miembros de la Iglesia.

Reparte la Santa Cena (véase 20.4.3).

Sirve como ministro residente “[nombrado] para velar por la iglesia” (D. y C. 84:111). También debe “amonestar, exponer, exhortar, enseñar e invitar a todos a venir a Cristo” (D. y C. 20:59). Esta responsabilidad incluye el hermanar a los miembros del quórum y a otros hombres jóvenes, informar a los miembros acerca de las reuniones de la Iglesia, hablar en las reuniones, compartir el Evangelio y dar testimonio.

Ayuda al obispo a “administrar… las cosas temporales” (D. y C. 107:68). Esta responsabilidad podría incluir el recolectar ofrendas de ayuno, cuidar al pobre y al necesitado, ocuparse del cuidado del centro de reuniones y de sus terrenos, y servir como mensajero del obispo durante las reuniones de la Iglesia.

Participa en la instrucción del quórum al ser un estudiante activo del Evangelio.

Ayuda al obispado de otras maneras que concuerden con el oficio de diácono. Además, ayuda a los maestros “en todos sus deberes en la iglesia, si la ocasión lo requiere” (D. y C. 20:57).

Maestro

Los hermanos varones dignos pueden ser ordenados maestros cuando tengan por lo menos 14 años. El maestro tiene todas las responsabilidades de un diácono. También tiene las siguientes responsabilidades:

Prepara la Santa Cena (véase 20.4.2).

Debe “velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos” (D. y C. 20:53). Una manera de hacer esto es al servir como maestro orientador.

Debe “cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias” (D. y C. 20:54). Esta responsabilidad incluye el ser un pacificador y un ejemplo de integridad moral y de rectitud.

Debe “ver que los miembros de la Iglesia se reúnan con frecuencia, y también ver que todos cumplan con sus deberes” (D. y C. 20:55).

Ayuda al obispado de otras maneras que concuerden con el oficio de maestro.

Presbítero

Los hermanos varones dignos pueden ser ordenados presbíteros cuando tengan por lo menos 16 años. El presbítero tiene todas las responsabilidades de un diácono y de un maestro. También tiene las siguientes responsabilidades:

Ha de “predicar, enseñar, exponer, exhortar… y visitar la casa de todos los miembros, y exhortarlos a orar vocalmente, así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares” (D. y C. 20:46–47).

Cuando lo autorice el obispo, efectúa bautismos, confiere el Sacerdocio Aarónico y ordena a diáconos, maestros y presbíteros (véase D. y C. 20:46, 48).

Puede administrar la Santa Cena al oficiar en la mesa sacramental y ofrecer las oraciones sacramentales cuando reciba autorización para hacerlo (véase D. y C. 20:46, 77, 79; véase también 20.4.3 de este manual).

Ayuda al obispado de otras maneras que concuerden con el oficio de presbítero.

Obispo

Las responsabilidades del obispo con respecto al Sacerdocio Aarónico se detallan en 8.3.1.

 8.1.2

Quórumes del Sacerdocio Aarónico

Un quórum del sacerdocio es un grupo organizado de hermanos que poseen el mismo oficio en el sacerdocio. Los propósitos fundamentales de los quórumes son servir a los demás, edificar la unidad y la hermandad, e instruir a los miembros en doctrinas, principios y deberes.

El obispo organiza a los diáconos en un quórum de hasta 12 miembros, a los maestros en un quórum de hasta 24 miembros, y a los presbíteros en un quórum de hasta 48 miembros (véase D. y C. 107:85–87). Si el número de miembros de un quórum aumenta más allá de estas cifras, el obispo puede dividir el quórum. Antes de hacerlo, considera el tamaño final del quórum, los líderes disponibles y el efecto que tendrá en los miembros del quórum.

En un barrio o una rama con pocos hombres jóvenes, los quórumes del Sacerdocio Aarónico pueden reunirse juntos para recibir instrucción o realizar actividades.

 8.1.3

Propósitos del Sacerdocio Aarónico

Los hombres jóvenes se encuentran en un momento de preparación y de crecimiento espiritual personal. Por consiguiente, los padres y el obispado, y los demás líderes del Sacerdocio Aarónico, ayudan a cada joven a:

  1. 1.

    Convertirse al evangelio de Jesucristo y vivir según sus enseñanzas.

  2. 2.

    Servir fielmente en los llamamientos del sacerdocio y cumplir las responsabilidades de los oficios en el sacerdocio.

  3. 3.

    Dar servicio significativo.

  4. 4.

    Prepararse y vivir dignamente para recibir el Sacerdocio de Melquisedec y las ordenanzas del templo.

  5. 5.

    Prepararse para servir en una misión honorable de tiempo completo.

  6. 6.

    Obtener la mayor instrucción académica posible.

  7. 7.

    Prepararse para llegar a ser un esposo y padre digno.

  8. 8.

    Dar el debido respeto a las mujeres, a las mujeres jóvenes y a los niños.

Los padres y los líderes ayudan a los hombres jóvenes a lograr estos objetivos en las noches de hogar, el estudio familiar de las Escrituras, las reuniones, las actividades y las entrevistas, alentándolos a participar en el programa Mi Deber a Dios (véase 8.12).

Los hombres jóvenes no deben recitar estos objetivos en sus reuniones o actividades.