Manual 2:
Administración de la Iglesia

 

1.2 Regresar al Padre

 1.2.1

El evangelio de Jesucristo

El plan de salvación es la plenitud del Evangelio. Incluye la Creación, la Caída, la expiación de Jesucristo, y todas las leyes, ordenanzas y doctrinas del Evangelio. Proporciona el camino para que tengamos gozo en la vida mortal (véase 2 Nefi 2:25) así como la bendición de la vida eterna.

Por medio de la expiación de Jesucristo podemos ser limpios y santificados del pecado y prepararnos para entrar de nuevo en la presencia de nuestro Padre Eterno. A fin de recibir esta bendición, debemos seguir los principios y las ordenanzas del Evangelio (véase Artículos de Fe 1:3). Debemos:

  1. 1.

    Ejercer fe en el Señor Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios.

  2. 2.

    Volvernos a Dios mediante el arrepentimiento sincero, al tener un cambio en el corazón y al confesar y abandonar los pecados.

  3. 3.

    Recibir la ordenanza salvadora del bautismo para la remisión de los pecados.

  4. 4.

    Ser confirmados miembros de la Iglesia y recibir el don del Espíritu Santo mediante la imposición de manos.

  5. 5.

    Perseverar hasta el fin al guardar convenios sagrados.

Estos principios se han enseñado desde la época de Adán. Al llegar a entender y creer en estas verdades y al obtener un testimonio firme de Jesucristo, nos esforzamos por obedecer Sus mandamientos y deseamos compartir nuestras bendiciones con nuestra familia y con las demás personas (véase 1 Nefi 8:9–37). Al fundamento seguro del testimonio le suceden de manera natural los demás elementos de la actividad en la Iglesia.

El crecimiento espiritual personal se lleva a cabo cuando nos acercamos a Dios por medio de la oración, del estudio de las Escrituras, de la reflexión y de la obediencia. Nefi enseñó:

“Después de haber entrado en esta estrecha y angosta senda, quisiera preguntar si ya quedó hecho todo. He aquí, os digo que no; porque no habéis llegado hasta aquí sino por la palabra de Cristo, con fe inquebrantable en él, confiando íntegramente en los méritos de aquel que es poderoso para salvar.

“Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna” (2 Nefi 31:19–20).

Cada uno de nosotros es responsable ante Dios de aprender y guardar Sus mandamientos, y de vivir el Evangelio. Seremos juzgados de acuerdo con nuestras obras, los deseos de nuestro corazón y la clase de persona que hayamos llegado a ser. Al volvernos verdaderos seguidores de Jesucristo, experimentamos un poderoso cambio en el corazón y “ya no tenemos más disposición a obrar mal” (Mosíah 5:2; véase también Alma 5:12–15; Moroni 10:32–33). Al vivir el evangelio de Jesucristo crecemos línea por línea, y llegamos a ser más como el Salvador al amar y servir a los demás.

 1.2.2

La función de los líderes y de los maestros de la Iglesia

Los líderes y los maestros del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares se esfuerzan por ayudar a las personas a llegar a ser verdaderos seguidores de Jesucristo (véase Mosíah 18:18–30). A fin de ayudar a las personas y a las familias en esta labor, ellos:

  1. 1.

    Enseñan las doctrinas puras del evangelio de Jesucristo y testifican de ellas.

  2. 2.

    Fortalecen a las personas y a las familias en sus esfuerzos por guardar sus convenios sagrados.

  3. 3.

    Brindan consejo, apoyo y oportunidades de prestar servicio.

Además, ciertos líderes del sacerdocio tienen la autoridad para supervisar la realización de las ordenanzas salvadoras del sacerdocio.