Manual 2:
Administración de la Iglesia

 

1.3 Establecer familias eternas

La familia ocupa un lugar fundamental en el plan de Dios, el cual proporciona el medio para que las relaciones familiares se extiendan más allá de la tumba. Si se observan fielmente, las sagradas ordenanzas y convenios del templo nos ayudan a regresar a la presencia de Dios unidos eternamente a nuestra familia.

 1.3.1

Esposo y esposa

La exaltación en el más alto grado del reino celestial sólo la pueden alcanzar aquellos que hayan vivido fielmente el evangelio de Jesucristo y estén sellados como compañeros eternos.

El sellamiento de un esposo y una esposa por el tiempo y la eternidad mediante la autoridad del sacerdocio —también conocido como matrimonio en el templo— es un privilegio y una obligación sagrados que todos debieran esforzarse por recibir. Constituye el fundamento de una familia eterna.

La naturaleza masculina y femenina de los espíritus es tal que se completan el uno al otro. Se ha dispuesto que el hombre y la mujer progresen juntos hacia la exaltación.

El Señor ha mandado al esposo y a la esposa allegarse el uno al otro (véase Génesis 2:24; D. y C. 42:22). En este mandamiento, la palabra allegarse significa ser completamente dedicado y fiel a alguien. Las parejas casadas se allegan a Dios y entre sí al servirse y amarse mutuamente, y al guardar convenios con absoluta fidelidad el uno para con el otro y para con Dios (véase D. y C. 25:13).

Un matrimonio ha de llegar a ser uno al establecer su familia como la base de una vida recta. Los esposos y las esposas Santos de los Últimos Días dejan atrás su vida de solteros y establecen su matrimonio como la prioridad principal de su vida. No permiten que ninguna otra persona ni ningún interés tenga mayor prioridad en su vida que el guardar los convenios que han hecho con Dios y entre sí. No obstante, los matrimonios siguen amando y apoyando a sus padres y hermanos, al mismo tiempo que se concentran en su propia familia. Del mismo modo, los padres sabios se dan cuenta de que sus responsabilidades familiares perduran a lo largo de la vida en un espíritu de amor y aliento.

El ser uno en el matrimonio requiere una plena asociación. Por ejemplo, Adán y Eva trabajaron juntos, oraron y adoraron juntos, se sacrificaron juntos, enseñaron juntos el Evangelio a sus hijos y juntos lamentaron la pérdida de hijos descarriados (véase Moisés 5:1, 4, 12, 27). Estaban unidos el uno al otro, y a Dios.

 1.3.2

Padres e hijos

“El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva se relacionaba con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres… el mandamiento de Dios para Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece en vigor” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”). Por designio divino, tanto el hombre como la mujer son esenciales para traer hijos a la vida mortal y proporcionar el mejor ambiente para criarlos y educarlos.

La total abstinencia sexual antes del matrimonio y la absoluta fidelidad dentro del matrimonio protegen la santidad de esta sagrada responsabilidad. Los padres y los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares deben hacer todo lo posible por reafirmar esta enseñanza.

En cuanto a la función de los padres y las madres, los líderes de la Iglesia han enseñado: “El padre debe presidir la familia con amor y rectitud y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección. La madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos. En estas sagradas responsabilidades, el padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”). Si no hay un padre en el hogar, la madre preside la familia.

Los padres tienen la responsabilidad divinamente señalada de “criar a sus hijos con amor y rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, y de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, a observar los mandamientos de Dios y a ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”; véase también Mosíah 4:14–15).

Los padres sabios enseñan a sus hijos a aplicar el poder sanador, reconciliador y fortalecedor de la Expiación en su familia. Así como el pecado, las debilidades terrenales, el dolor emocional y la ira son estados que alejan a los hijos de Dios de Él, esas mismas condiciones pueden distanciar a los integrantes de una familia. Cada miembro de la familia tiene la responsabilidad de esforzarse por alcanzar la unidad familiar. A los hijos que aprendan a esforzarse por lograr la unidad en el hogar les resultará más sencillo hacerlo fuera de él.

 1.3.3

Miembros solteros de la Iglesia

Todos los miembros, aun cuando no se hayan casado nunca ni tengan familia dentro de la Iglesia, deben esforzarse por lograr el ideal de vivir en una familia eterna. Eso significa prepararse para llegar a ser cónyuges dignos y padres o madres amorosos. En algunos casos, estas bendiciones no se cumplirán hasta la vida venidera, pero la meta máxima es la misma para todos.

Los miembros fieles cuyas circunstancias no les permitan recibir las bendiciones del matrimonio eterno y de la paternidad en esta vida recibirán todas las bendiciones prometidas en las eternidades, siempre y cuando guarden los convenios que hayan hecho con Dios.