Manual 2:
Administración de la Iglesia

 

3.2 Principios de liderazgo en el Evangelio

 3.2.1

Prepararse espiritualmente

El Salvador le mandó a Pedro: “Y tú, una vez vuelto [convertido], fortalece a tus hermanos” (Lucas 22:32). Cuando los líderes se convierten y crecen espiritualmente, pueden ayudar a otras personas a convertirse y a crecer espiritualmente.

Los líderes se preparan espiritualmente al guardar los mandamientos, al estudiar las Escrituras y las enseñanzas de los profetas de los últimos días, al orar, ayunar y humillarse ante el Señor. Con esta preparación, les es posible recibir inspiración para guiarlos en su vida personal, en sus responsabilidades familiares y en sus llamamientos.

 3.2.2

Participar en consejos

En los consejos, los líderes se reúnen bajo la dirección de los oficiales presidentes para analizar la forma de ayudar a las personas y a las familias. Con la guía del Espíritu Santo, colaboran para determinar maneras eficaces de servir a los miembros de sus organizaciones. Algunos ejemplos de los consejos que hay en la Iglesia son el consejo de barrio, el consejo de estaca, los obispados y las presidencias de quórum y de las organizaciones auxiliares. La orientación sobre cómo participar en los consejos se puede consultar en el capítulo 4.

 3.2.3

Ministrar a los demás

Al igual que el Salvador, los líderes procuran ministrar a las personas y a las familias, tanto espiritual como temporalmente. Se preocupan por cada persona y no sólo por administrar una organización. Tienden una mano a los miembros nuevos, a los miembros menos activos y a los que puedan sentirse solos o que necesiten consuelo.

El propósito de ministrar es ayudar a los demás a llegar a ser verdaderos seguidores de Jesucristo. Ministrar a los demás incluye:

  • Recordar cómo se llaman y familiarizarse con ellos (véase Moroni 6:4).

  • Amarlos sin juzgarlos (véase Juan 13:34–35).

  • Velar por ellos y fortalecer su fe “uno por uno”, como lo hizo el Salvador (3 Nefi 11:15; 17:21).

  • Establecer una amistad sincera con ellos, así como visitarlos en sus hogares y en cualquier otro lugar (véase D. y C. 20:47).

 3.2.4

Enseñar el evangelio de Jesucristo

Todos los líderes son maestros. La enseñanza eficaz inspira a las personas a fortalecer su relación con Dios y a vivir de acuerdo con los principios del Evangelio.

La enseñanza más poderosa de los líderes proviene de su ejemplo personal. Los líderes también enseñan al compartir su testimonio y dirigir análisis doctrinales en reuniones de liderazgo, clases y actividades. Enseñan basándose en las Escrituras y en las palabras de los profetas de los últimos días. Saben que “la predicación de la palabra [tiene]… un efecto más potente… que la espada o cualquier otra cosa” (Alma 31:5).

Además de enseñar el Evangelio ellos mismos, los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares son responsables de la calidad del aprendizaje y de la enseñanza en sus organizaciones. Se aseguran de que la enseñanza en las clases sea significativa, edificante y doctrinalmente correcta.

Para más orientación sobre la enseñanza del Evangelio y los esfuerzos de supervisión para mejorar la enseñanza y el aprendizaje, véase 5.5.

 3.2.5

Administrar el sacerdocio o una organización auxiliar

Los esfuerzos de los líderes por fortalecer a los demás resultan más eficaces cuando siguen las pautas establecidas de la Iglesia. Las pautas para administrar el sacerdocio y las organizaciones auxiliares se encuentran en los capítulos 7–12.