Manual 2:
Administración de la Iglesia

 

18.6 Funerales y otros servicios en tiempos de muerte

Los líderes y los miembros de la Iglesia tratan de que los servicios relacionados con la muerte de una persona sean una experiencia digna, solemne y espiritual para todos los que participen. Estos servicios se efectúan generalmente bajo la dirección del obispo.

Los servicios por las personas que mueren varían enormemente en todo el mundo de acuerdo con la religión, la cultura, la tradición y los requisitos legales. Aun los servicios por miembros de la Iglesia varían en diferentes regiones del mundo. Esta sección establece principios generales que los líderes deben seguir en funerales u otros servicios a favor de miembros fallecidos, indistintamente de la tradición o la cultura. También proporciona pautas para determinar qué tradiciones locales relacionadas con la muerte y el luto son adecuadas para participar en ellas y cuáles no.

 18.6.1

Muerte y luto

La muerte es una parte esencial del plan de salvación del Padre Celestial (véase 2 Nefi 9:6). Cada persona debe experimentar la muerte a fin de recibir un cuerpo perfecto y resucitado. Enseñar y testificar acerca del plan de salvación, particularmente de la expiación y la resurrección del Salvador, es un propósito esencial de los servicios relacionados con la muerte de un miembro de la Iglesia.

La muerte trae una necesidad de consolar a los vivos. Como discípulos de Jesucristo, los líderes y los miembros de la Iglesia “[lloran] con los que lloran… [y consuelan] a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:9).

En muchas culturas, la preparación, el velorio y los funerales son habituales para ayudar a consolar a los vivos y a rendir un tributo respetuoso a los fallecidos. Donde sea culturalmente más apropiado, la mayoría de estos propósitos podrían lograrse en una reunión familiar, en un servicio alrededor de la tumba o en otro entorno digno y solemne.

Muchas religiones y culturas tienen tradiciones, ordenanzas y costumbres relacionadas con la muerte y con el luto por los muertos. El evangelio restaurado de Jesucristo no tiene tales rituales u ordenanzas. Los líderes de la Iglesia no deben incorporar rituales de otras religiones o grupos a los servicios de la Iglesia en beneficio de miembros fallecidos.

Los miembros de la Iglesia deben mostrar respeto por los rituales y las prácticas de otras religiones. Sin embargo, se aconseja a los miembros que no se unan a rituales, prácticas ni tradiciones que comprometan su capacidad para guardar los mandamientos o para vivir los principios del Evangelio restaurado.

En relación con el luto y los servicios por personas que mueren, se aconseja a los miembros que eviten prácticas o tradiciones que sean tan caras o prolongadas que impongan privaciones a los vivos o que les impidan continuar con sus vidas. Tales prácticas incluyen la expectativa de que se tenga que viajar mucho, vestir ropas especiales para el luto, preparar ostentosos anuncios públicos, pagar dinero a la familia, efectuar banquetes extravagantes y prolongados en el funeral, y llevar a cabo celebraciones exageradas conmemorativas o de aniversarios después del funeral.

La mayoría de los gobiernos tienen requisitos legales que regulan lo que ocurre cuando una persona muere. Los líderes y los miembros de la Iglesia deben estar al tanto de estos requisitos y seguirlos.

 18.6.2

Planeamiento y ayuda

Cuando un miembro muere, el obispo visita a la familia para consolarlos y ofrecer ayuda del barrio. Puede pedir a sus consejeros que lo acompañen. El obispo ofrece ayuda para notificar el fallecimiento a parientes, amigos y colegas. Conforme sea apropiado, también ofrece ayuda para planear el servicio fúnebre, preparar una esquela adecuada y notificar del fallecimiento a los periódicos. Si se fuera a velar el cuerpo antes del servicio fúnebre, la esquela debe incluir las horas en que comenzará y terminará.

El obispo puede ofrecer ayuda para hacer los arreglos con la funeraria y el cementerio de acuerdo con las leyes y las costumbres locales. Según sea necesario, puede ofrecer ayuda del barrio para coordinar el transporte local para la familia.

El obispo notifica al líder del Sacerdocio de Melquisedec que sea responsable de la familia a fin de que él y otros hermanos, incluso los maestros orientadores, ayuden a los familiares afligidos. Esa ayuda puede incluir el vestir el cuerpo de un difunto varón para su sepultura, cuidar el hogar durante el funeral y proporcionar otro apoyo (véase 7.10.2).

El obispo notifica también a la presidenta de la Sociedad de Socorro para que ella y otras hermanas, incluso las maestras visitantes, puedan ayudar a la familia. Esa asistencia puede incluir el vestir el cuerpo de una difunta para la sepultura, ayudar con las flores, cuidar a niños pequeños, cuidar el hogar durante el funeral y preparar comidas (véase 9.10.3).

 18.6.3

Velorios (donde sea costumbre)

Si se fuera a velar el cuerpo del fallecido justo antes del servicio fúnebre, el obispo debe concluir el velorio al menos 20 minutos antes de que empiece el funeral. Después del velorio se puede ofrecer una oración familiar si la familia lo desea. Esta oración debe concluir antes de la hora del comienzo del funeral a fin de no importunar el tiempo de la congregación que esté reunida en la capilla. El féretro se debe cerrar antes de llevarlo al salón sacramental para el funeral.

Los líderes deben abrir el centro de reuniones para los directores funerarios por lo menos una hora antes del horario previsto del velorio y del funeral.

 18.6.4

Servicios funerarios

Si se lleva a cabo un funeral por un miembro en un edificio de la Iglesia, el obispo lo dirige. Si se efectúa un funeral en un hogar, en una morgue o al lado de la tumba, la familia puede pedirle al obispo que lo dirija. Un consejero del obispo puede dirigir si el obispo no puede asistir.

Un funeral dirigido por un obispo, ya sea en un edificio de la Iglesia o en cualquier otro lugar, es una reunión de la Iglesia y un servicio religioso. Debe ser una ocasión espiritual además de una reunión familiar. El obispo insta a los miembros a que mantengan un espíritu de reverencia, dignidad y solemnidad durante el funeral y en las reuniones relacionadas con el servicio.

Cuando el obispo dirige un funeral, él o uno de sus consejeros supervisa el planeamiento del servicio. Considera los deseos de la familia, pero se asegura de que el funeral sea sencillo y digno, con música, palabras y sermones breves centrados en el Evangelio, incluso el consuelo que da la expiación y la resurrección del Salvador. Los miembros de la familia no deben pensar que tienen que hablar o participar de alguna manera en el servicio.

Un miembro de la presidencia de estaca, un Setenta de Área o una Autoridad General preside los servicios fúnebres a los que asiste. La persona que dirija lo consulta con antelación y lo reconoce durante el servicio. Al oficial que preside se le debe dar la oportunidad de ofrecer palabras de clausura si lo desea.

No se deben utilizar grabaciones de video ni presentaciones de computadora ni de otra índole electrónica como parte de un servicio fúnebre. Ni se debe transmitir el servicio por Internet o de cualquier otra manera.

Los funerales deben empezar a tiempo. A modo de cortesía hacia los que asisten, los servicios no deben ser demasiado largos. Los funerales que duran más de una hora y media resultan en una carga innecesaria para los que asisten y para los que participan.

Los funerales proporcionan una oportunidad importante para enseñar el Evangelio y testificar del plan de salvación. También proporcionan una oportunidad para rendir tributo al fallecido. No obstante, tales tributos no deben predominar en el funeral. El que un grupo numeroso de personas rindan tributo o compartan recuerdos puede resultar en que el funeral sea demasiado largo y podría ser inapropiado para un servicio en la Iglesia. Si los miembros de la familia quieren tiempo adicional para compartir tales recuerdos, podrían considerar hacerlo en una reunión familiar especial, aparte del servicio fúnebre.

Normalmente, los funerales no se efectúan en domingo.

 18.6.5

Música

La música para funerales podría incluir música de preludio, un primer himno, selecciones musicales especiales, un último himno y música de postludio. Los himnos sencillos y otras canciones con mensajes del Evangelio son lo más apropiado para estas ocasiones. El primero y el último himnos por lo general los canta la congregación.

 18.6.6

Entierro o cremación

Donde sea posible, a los miembros fallecidos que fueron investidos se les debe enterrar con la ropa del templo. En los casos en que las tradiciones culturales o las prácticas de la sepultura hagan que esto sea impropio o difícil, la ropa se puede doblar y colocar junto al cuerpo en el féretro. En 7.10.2, 9.10.3 y el Manual 1, 3.4.9 se proporcionan instrucciones adicionales sobre la ropa del templo para sepultar y cómo vestir a muertos.

Si es posible, por lo menos un miembro del obispado acompaña al cortejo al cementerio. Si se fuera a dedicar la tumba, él consulta con la familia y le pide a un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec que lo haga de acuerdo con las instrucciones de 20.9. Si la familia lo prefiere, se puede hacer una oración al lado de la tumba en vez de una oración dedicatoria.

Por lo general, la Iglesia no fomenta la cremación. Sin embargo, si el cuerpo de un miembro investido va a ser cremado, debe estar vestido con la ropa del templo, de ser posible. Para información en cuanto a dedicar el lugar donde se preserven las cenizas, véase 20.9.

 18.6.7

Normas financieras

Los miembros de la Iglesia que dirijan o tomen parte en servicios fúnebres no deben aceptar honorarios ni contribuciones, ya sea que el servicio sea para un miembro o para uno que no sea miembro.

En algunos casos, el obispo puede hacer arreglos con las funerarias para proporcionar un entierro aceptable a un costo mínimo cuando los gastos se paguen del fondo de las ofrendas de ayuno.

 18.6.8

Servicios fúnebres para no miembros

Los obispos pueden ofrecer que se usen los centros de reuniones de la Iglesia para los funerales de personas que no sean miembros. Generalmente, tales servicios se pueden efectuar a la manera prescrita por la iglesia de la persona fallecida. Sin embargo, en un centro de reuniones no se pueden llevar a cabo rituales de otras iglesias ni organizaciones externas. Si la familia lo desea, el servicio lo puede dirigir un clérigo de la iglesia de la persona, siempre y cuando sea decoroso y apropiado.