Manual 2:
Administración de la Iglesia

Principios del sacerdocio

El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios. Ha existido siempre y seguirá existiendo sin fin (véase Alma 13:7–8; D. y C. 84:17–18). Por medio del sacerdocio, Dios creó los cielos y la tierra, y los gobierna. Mediante este poder, Él exalta a Sus hijos obedientes, llevando a cabo “la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39; véase también D. y C. 84:35–38).

En la vida terrenal, el sacerdocio es el poder y la autoridad que Dios da al hombre para obrar en todas las cosas necesarias para la salvación de los hijos de Dios. Las bendiciones del sacerdocio están al alcance de todos los que reciben el Evangelio.

Entre los pasajes importantes de las Escrituras relacionados con el sacerdocio que los líderes deben estudiar se incluyen: Alma 13 y Doctrina y Convenios 13, 20, 84, 107, 121, y 124.

 

2.1 Autoridad del sacerdocio

El sacerdocio se divide en dos partes: el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec.

El Sacerdocio Aarónico es el sacerdocio menor y es “una dependencia del… Sacerdocio de Melquisedec” (véase D. y C. 107:13–14). Se le llama Sacerdocio Aarónico porque le fue conferido a Aarón, hermano de Moisés, y a los hijos de Aarón.

El Sacerdocio Aarónico incluye las llaves del ministerio de ángeles, del evangelio de arrepentimiento y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados (véase D. y C. 13:1; 84:26–27; 107:20). Quienes poseen el Sacerdocio Aarónico pueden recibir autorización para administrar las “ordenanzas exteriores” del bautismo y de la Santa Cena (véase D. y C. 107:14). El obispo es el presidente del Sacerdocio Aarónico del barrio y, como parte de esa responsabilidad, administra asuntos temporales tales como los relacionados con el bienestar y las finanzas del barrio (véase D. y C. 107:68).

El Sacerdocio de Melquisedec es el sacerdocio más alto o mayor; está presente y en funcionamiento siempre que la Iglesia de Jesucristo se encuentra en su plenitud sobre la tierra. En un principio se llamaba “el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Mas por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo, para evitar la demasiado frecuente repetición de Su nombre, ellos, los de la iglesia en los días antiguos, dieron a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec” (D. y C. 107:2–4). Melquisedec fue “un gran sumo sacerdote” (D. y C. 107:3) que vivió en la época de Abraham.

Mediante la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec, los líderes de la Iglesia guían a la Iglesia, dirigen la predicación del Evangelio alrededor del mundo y administran toda la obra espiritual de la Iglesia (véase D. y C. 84:19–22; 107:18). El Presidente de la Iglesia es el sumo sacerdote que preside el Sacerdocio de Melquisedec.

Cuando un hombre recibe el Sacerdocio de Melquisedec, hace convenio de ser fiel, de magnificar sus llamamientos y de vivir de acuerdo con toda palabra de Dios y de Sus siervos (véase D. y C. 84:33–44).

 2.1.1

Llaves del sacerdocio

Las llaves del sacerdocio son la autoridad que Dios ha dado a los líderes del sacerdocio para dirigir, controlar y gobernar el uso de Su sacerdocio en la tierra. El ejercicio de la autoridad del sacerdocio lo gobiernan aquellos que poseen sus llaves (véase D. y C. 65:2; 81:2; 124:123). Los que poseen llaves del sacerdocio tienen derecho a presidir y dirigir la Iglesia en una jurisdicción.

Jesucristo posee todas las llaves del sacerdocio pertenecientes a Su Iglesia y ha conferido sobre cada uno de Sus apóstoles todas las llaves que pertenecen al reino de Dios sobre la tierra. El Apóstol viviente de más antigüedad en el cargo, el Presidente de la Iglesia, es la única persona sobre la tierra autorizada para ejercer todas las llaves del sacerdocio (véase D. y C. 43:1–4; 81:2; 107:64–67, 91–92; 132:7).

Los Setenta actúan por asignación y por la delegación de autoridad de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles. Se asignan presidentes de área para administrar áreas bajo la autorización de la Primera Presidencia y de los Doce. A la Presidencia de los Setenta se les aparta y se les dan las llaves para presidir los Quórumes de los Setenta.

El Presidente de la Iglesia delega llaves del sacerdocio a otros líderes del sacerdocio para que puedan presidir en sus áreas de responsabilidad. Las llaves del sacerdocio se confieren a presidentes de templo, de misión, de estaca y de distrito; a obispos; presidentes de rama y presidentes de quórum. Esta autoridad para presidir sólo es válida en las responsabilidades designadas y dentro de la jurisdicción geográfica del llamamiento de cada líder. Cuando a los líderes del sacerdocio se les releva de su llamamiento, ya no poseen las llaves correspondientes al mismo.

Los consejeros de los líderes del sacerdocio no reciben llaves; son apartados y se desempeñan en sus llamamientos por asignación y mediante autoridad delegada.

Todas las organizaciones auxiliares de barrio y estaca funcionan bajo la dirección del obispo y del presidente de estaca, quienes poseen las llaves para presidir. Los presidentes y consejeros de las organizaciones auxiliares no reciben llaves, pero sí reciben autoridad delegada para actuar en sus llamamientos.

 2.1.2

Ordenanzas

Se necesita la autoridad del sacerdocio para efectuar las ordenanzas del Evangelio. Una ordenanza es un acto físico y sagrado con significado simbólico, tales como el bautismo, la confirmación o la Santa Cena. Cada ordenanza abre la puerta a ricas bendiciones espirituales. El simbolismo ayuda a los participantes a recordar el amor del Padre, la expiación del Hijo y la influencia del Espíritu Santo.

Las ordenanzas siempre han formado parte del evangelio de Jesucristo. El bautismo, por ejemplo, se estableció en la época de Adán y Eva y se practica actualmente en la Iglesia del Señor. A los miembros de la Iglesia se les manda reunirse a menudo para participar de la Santa Cena con el fin de recordar siempre al Salvador y renovar los convenios y las bendiciones del bautismo (véase Moroni 6:6; D. y C. 59:8–9).

A toda persona responsable se le requieren ciertas ordenanzas para lograr la exaltación en el reino celestial. Entre esas ordenanzas se incluyen el bautismo, la confirmación, la ordenación al Sacerdocio de Melquisedec (para los varones), la investidura del templo y el sellamiento en el templo. Los miembros de la Iglesia que están vivos reciben ellos mismos estas ordenanzas salvadoras y exaltadoras; las personas fallecidas pueden recibirlas de forma vicaria. Las ordenanzas vicarias entran en vigor únicamente cuando las personas fallecidas a cuyo favor se efectuaron las ordenanzas las aceptan en el mundo de los espíritus y honran los convenios relacionados con ellas.

Para encontrar información específica sobre cómo efectuar las ordenanzas y obtener las debidas autorizaciones, véase el capítulo 20.

 2.1.3

Convenios

Todas las ordenanzas necesarias para la salvación y la exaltación van acompañadas de convenios que se hacen con Dios. Un convenio es una promesa sagrada y perdurable entre Dios y Sus hijos. Dios establece las condiciones del convenio y Sus hijos acuerdan cumplir dichas condiciones. Dios promete bendiciones bajo la condición de que la persona cumpla fielmente el convenio.

Cuando los miembros de la Iglesia honran y observan sus convenios, son grandemente bendecidos en la vida terrenal y reúnen los requisitos para la exaltación (véase Éxodo 19:3–5; Jueces 2:1; 3 Nefi 20:25–27; Moroni 10:33; D. y C. 42:78; 97:8).

A fin de preparar a una persona para participar en una ordenanza, los padres, los demás familiares, los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, así como los maestros, se aseguran de que la persona entienda los convenios que va a hacer (véase Mosíah 18:8–11). Después de la ordenanza, la ayudan a guardar esos convenios (véase Mosíah 18:23–26).