Manual 2:
Administración de la Iglesia

 

21.4 Normas en cuanto a asuntos morales

 21.4.1

Aborto

El Señor mandó: “…no matarás, ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6). La Iglesia se opone al aborto voluntario provocado por razones de conveniencia personal o social. Los miembros no deben someterse a un aborto, llevarlo a cabo, hacer los arreglos para que se lleve a cabo, pagar el procedimiento, dar consentimiento para que se lleve a cabo o promoverlo. Las únicas posibles excepciones son cuando:

  1. 1.

    El embarazo sea resultado de una violación o de incesto.

  2. 2.

    Un médico competente determine que la vida o la salud de la madre está en serio peligro.

  3. 3.

    Un médico competente determine que el feto tiene defectos graves que no permitirán al niño sobrevivir después del nacimiento.

Aun estas excepciones no justifican el aborto en forma automática. El aborto es un asunto sumamente serio y debe considerarse solamente después de que las personas responsables hayan consultado con sus obispos y hayan recibido confirmación divina por medio de la oración.

Los miembros de la Iglesia que se sometan a un aborto, lo lleven a cabo, hagan los arreglos para que se lleve a cabo, paguen para que se efectúe, den consentimiento o lo promuevan pueden quedar sujetos a la disciplina de la Iglesia.

De acuerdo con lo que se ha revelado, una persona puede arrepentirse y ser perdonada del pecado del aborto.

 21.4.2

Abuso, maltrato y crueldad

La posición de la Iglesia es que el maltrato físico o el abuso sexual no pueden tolerarse en ninguna de sus formas. Los que maltratan o abusan del cónyuge, de los hijos, de otros familiares o de cualquier otra persona, o los tratan cruelmente, violan las leyes de Dios y las del hombre. Se anima a todos los miembros, especialmente a los padres y líderes, a estar alerta, a ser diligentes y a hacer todo lo posible por proteger a los niños contra el maltrato, el abuso y la negligencia. Los miembros que hayan maltratado o abusado de otras personas quedan sujetos a la disciplina de la Iglesia.

Si los líderes o los maestros llegan a tener conocimiento de casos de maltrato físico o abuso sexual, deben procurar el consejo del obispo. Las instrucciones para el obispo se encuentran en el Manual 1, 17.3.2.

 21.4.3

Inseminación artificial

La Iglesia aconseja enérgicamente no recurrir a la inseminación artificial con semen de otro hombre que no sea el marido. Sin embargo, éste es un asunto personal que debe dejarse en última instancia al criterio del esposo y de la esposa. Ellos son los únicos responsables de esta decisión.

No se aprueba la inseminación artificial en mujeres solteras. Las hermanas solteras que rehúsen deliberadamente seguir el consejo de los líderes de la Iglesia en ese asunto quedan sujetas a la disciplina de la Iglesia.

 21.4.4

Control de la natalidad

Las parejas casadas que pueden tener hijos tienen el privilegio de proporcionar cuerpos mortales para los hijos de Dios, engendrados en espíritu, y son responsables de nutrirlos y de criarlos. La decisión con respecto a cuántos hijos tener y cuándo tenerlos es extremadamente íntima y privada y debe quedar entre los cónyuges y el Señor. Los miembros de la Iglesia no deben juzgarse unos a otros en este asunto.

Las parejas casadas deben entender también que las relaciones sexuales en el matrimonio son divinamente aprobadas, no sólo para el propósito de la procreación, sino también como un medio de expresar el amor y fortalecer los lazos emocionales y espirituales entre el esposo y la esposa.

 21.4.5

Castidad y fidelidad

La ley de castidad del Señor es la abstinencia de relaciones sexuales fuera del matrimonio lícito, así como la fidelidad dentro del matrimonio. Las relaciones sexuales son apropiadas sólo entre un hombre y una mujer que estén legal y lícitamente casados como esposo y esposa. El adulterio, la fornicación, las relaciones homosexuales y lesbianas, y cualquier otra práctica impía, antinatural o impura son pecaminosas. Los miembros que violan la ley de castidad del Señor o que influyen en los demás para que lo hagan quedan sujetos a la disciplina de la Iglesia.

 21.4.6

Conducta homosexual y atracción hacia personas del mismo sexo

La conducta homosexual viola los mandamientos de Dios, es contraria a los propósitos de la sexualidad humana y priva a las personas de las bendiciones que se pueden hallar en la vida familiar y en las ordenanzas salvadoras del Evangelio. Los que persistan en tal conducta o influyan en otros para que la practiquen quedan sujetos a la disciplina de la Iglesia. La conducta homosexual puede perdonarse por medio de un arrepentimiento sincero.

Si hay miembros que participen en una conducta homosexual, los líderes de la Iglesia deben ayudarlos a tener una clara comprensión de lo que es la fe en Jesucristo, el proceso del arrepentimiento y el propósito de la vida en la tierra.

Aunque se opone a la conducta homosexual, la Iglesia tiende una mano de entendimiento y respeto hacia las personas que se sienten atraídas hacia personas del mismo sexo.

Si los miembros se sienten atraídos hacia personas del mismo sexo pero no participan en ningún comportamiento homosexual, los líderes deben apoyarlos y alentarlos en su determinación de vivir la ley de castidad y controlar los pensamientos impíos. Estos miembros pueden recibir llamamientos en la Iglesia. Si son dignos y reúnen los requisitos en todos los demás aspectos, también pueden tener recomendaciones para el templo y recibir las ordenanzas del templo.

 21.4.7

Fertilización in vitro

La Iglesia aconseja enérgicamente no recurrir a la fertilización in vitro con semen de otro hombre que no sea el marido o con un óvulo de otra mujer que no sea la esposa. Sin embargo, éste es un asunto personal que debe dejarse básicamente a criterio del esposo y de la esposa. Ellos son los únicos responsables de esta decisión.

 21.4.8

Afiliación al ocultismo

Los miembros de la Iglesia no deben participar en ninguna forma de adoración a Satanás ni afiliarse de ninguna manera con lo oculto. “Esas prácticas se clasifican entre las obras de tinieblas de que se habla en las Escrituras; tienen por objeto destruir la fe de las personas en Cristo y pondrán en peligro la salvación de los que a sabiendas fomenten esa iniquidad. Esas cosas no deben practicarse en juegos, no deben ser temas que se traten en las reuniones de la Iglesia ni deben abordarse en conversaciones privadas o personales” (Carta de la Primera Presidencia, 18 de septiembre de 1991).

 21.4.9

Pornografía

La Iglesia se opone a la pornografía en cualquiera de sus formas. La participación en la pornografía perjudica la vida de las personas, a las familias y a la sociedad. Esa participación también aleja el Espíritu del Señor. Los miembros de la Iglesia deben evitar toda forma de material pornográfico y oponerse a su producción, distribución y uso.

El folleto Deja que la virtud engalane tus pensamientos proporciona consejos sobre cómo evitar y superar los problemas de pornografía.

 21.4.10

Casamiento entre personas del mismo sexo

Como principio de doctrina, basado en las Escrituras, la Iglesia afirma que el matrimonio entre un hombre y una mujer es esencial en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

Las relaciones sexuales son apropiadas sólo entre un hombre y una mujer que estén legal y legítimamente casados como esposo y esposa. Cualquier otra relación sexual, incluso aquellas entre personas del mismo sexo, es pecaminosa y debilita la institución divinamente creada de la familia. Por consiguiente, la Iglesia afirma la definición del matrimonio como la unión legal y legítima entre un hombre y una mujer.

 21.4.11

Educación sexual

Los padres tienen la responsabilidad principal de la educación sexual de sus hijos. La enseñanza sincera y sencilla de este tema en el hogar contribuirá a que los jóvenes eviten graves transgresiones morales. A fin de ayudar a los padres a enseñar este tema importante y delicado, la Iglesia ha publicado Una guía para los padres.

En los lugares en que las instituciones de enseñanza ofrezcan clases sobre educación sexual, los padres deben tratar de asegurarse de que la instrucción que reciban sus hijos esté de acuerdo con valores morales sanos y éticos.

 21.4.12

Padres solteros

Se anima a las hermanas miembros de la Iglesia que sean solteras y que estén embarazadas que acudan a su obispo. En virtud del oficio del sacerdocio y del llamamiento que posee, él puede aconsejarlas al tomar ellas decisiones importantes que afecten su propio bienestar y el del niño. Él también puede ayudarlas a comenzar el proceso del arrepentimiento, si es lo apropiado. Las instrucciones para el obispo se encuentran en el Manual 1, 17.3.12.

Cuando un hombre y una mujer conciben un hijo fuera del matrimonio, se debe hacer todo el esfuerzo posible por alentarlos a que se casen. Cuando existe la probabilidad de que el matrimonio no tenga éxito debido a la edad o a otras circunstancias, se debe alentar a los padres solteros a colaborar con los Servicios para la Familia SUD para dar al menor en adopción y proporcionarle al bebé la oportunidad de ser sellado a padres dignos de entrar al templo. La adopción es una decisión desinteresada y amorosa que bendice tanto a los padres naturales como al hijo en esta vida y en la eternidad.

Si en la localidad no se dispone de Servicios para la Familia SUD, los líderes deben alentar la colocación confidencial del niño en adopción con un matrimonio digno de ir al templo, por medio de una agencia local con autorización oficial. Los Servicios para la Familia SUD pueden ser útiles para identificar agencias de adopción que sean de buena reputación y tengan autorización oficial. Las agencias oficialmente autorizadas están organizadas para proteger los intereses del niño, indagar sobre los padres adoptivos antes de colocar al niño y proporcionarles la supervisión y la asesoría necesarias.

A los padres naturales que no se casen, no se les debe aconsejar que se queden con el menor como condición para el arrepentimiento o como resultado de un sentimiento de obligación de cuidar a su propio hijo. Además, los abuelos y los demás familiares no deben sentirse obligados a facilitar la crianza de los hijos por parte de padres que no se casen, ya que esos niños por lo general no podrán recibir las bendiciones del convenio de sellamiento. Más aún, normalmente los padres solteros no pueden proporcionar la estabilidad y el ambiente alentador que un padre y una madre casados pueden dar. Los padres solteros deben considerar, por medio de la oración, las mejores condiciones para el niño y las bendiciones que recibe el menor que es sellado a una madre y a un padre (véase la carta de la Primera Presidencia, 26 de junio de 2002).

Si una madre embarazada decide quedarse con el niño, los líderes y los demás miembros deben tratar tanto a la madre como al niño con compasión e interés, procurando fortalecer las habilidades para desempeñarse como madre. Los Servicios para la Familia SUD pueden ofrecer ayuda en estas circunstancias. Los líderes alientan a la madre para que permita que el niño reciba un nombre y se le dé una bendición (véase 20.2).

Para información sobre si las jóvenes embarazadas deben asistir a las reuniones de la Sociedad de Socorro o de las Mujeres Jóvenes, véase 10.12.4.

Los Servicios para la Familia SUD han establecido una línea telefónica gratuita de ayuda para que los futuros padres y madres solteros y otras personas interesadas obtengan asesoría en cuanto a embarazos y otros asuntos relacionados (1-800-537-2229). Esta línea de ayuda está disponible en todas partes de los Estados Unidos y de Canadá. Tanto los miembros como los que no lo sean pueden llamar directamente a ese número o a la oficina local de Servicios para la Familia SUD. Si los líderes no saben el número de la oficina local, pueden llamar a la línea telefónica gratuita o visitar itsaboutlove.org. Este sitio web proporciona información útil para quienes estén solteras y embarazadas, y estén considerando sus opciones.

 21.4.13

Donación de esperma

La Iglesia aconseja enérgicamente que no se done esperma.

 21.4.14

Suicidio

Es malo quitar la vida, incluso la propia. Sin embargo, una persona que comete suicidio quizás no sea responsable de sus propios actos. Sólo Dios puede juzgar en este asunto.

La familia, en consulta con el obispo, decide el lugar y la naturaleza de los servicios funerarios de una persona que haya muerto en esas circunstancias. Se pueden utilizar las instalaciones de la Iglesia. Si la persona estaba investida, pueden sepultarla con la ropa del templo.

 21.4.15

Esterilización quirúrgica (incluyendo la vasectomía)

La Iglesia aconseja enérgicamente no participar en una esterilización quirúrgica como método optativo de control de la natalidad. La esterilización quirúrgica sólo se debe considerar si (1) por razones médicas la vida o la salud está en serio peligro o (2) si algún defecto de nacimiento o trauma grave ha causado que una persona quede mentalmente incompetente y no sea responsable de sus actos. Esas condiciones deben determinarse mediante la opinión médica competente y de acuerdo con la ley. Aun así, las personas responsables de tomar esa decisión deben consultarse entre sí y asesorarse con el obispo, y deben recibir confirmación divina de su decisión por medio de la oración.

 21.4.16

Maternidad subrogada

La Iglesia aconseja enérgicamente no participar en la maternidad subrogada.