Como Ayudar A Los Niños A Discernir La Verdad Del Error


“Es indispensable que los niños sepan discernir la verdad del error ellos solos y que tengan el valor de hacer lo que sepan es lo correcto.”

Es un privilegio extraordinario participar en esta histórica reunión, levantar la mano y usar la voz para sostener al Profeta viviente del Señor, lo cual hago de todo corazón. También apoyo el sostenimiento de hoy de la hermana Patricia Pinegar como la nueva Presidenta General de la Primaria. El tiempo que he pasado en esta organización ha estado lleno de experiencias extraordinarias, las cuales echaré de menos; pero conozco a la hermana Pinegar, a la hermana Wirthlin y a la hermana Warner, y se que nuestros niños están en buenas manos. Le deseo lo mejor a esta nueva presidencia.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre ha velado por los niños. La Primera Presidencia, al reconocer las condiciones sin precedentes que reinan en el mundo de hoy, ha tomado una medida sin precedente encaminada a renovar nuestra dedicación a nuestros pequeños. Por medio de un mensaje dirigido a la Iglesia que se llamaba ‘‘Dediquémonos a los niños”, nos han pedido amar y proteger a nuestros nichos mas que nunca, enseñarles mejor que antes y prepararlos de forma mas completa y con mayor eficacia para vencer el poder de Satanás y recibir la paz y la gloria eternas del Señor (véase la carta de la Primera Presidencia del 11 de agosto de 1993).

Nos inquieta lo que les ocurra a nuestros niños; ellos son valiosísimos para nuestro Padre Celestial y son la esperanza que tenemos de que traigan el bien al mundo. El presidente Boyd K. Packer me dijo en una ocasión:

“Son los niños de hoy los que llevarán el evangelio a todo el mundo. Los niños deben ser enérgicos, firmes e independientes al ejercer su albedrío. Para que así sea, tienen que tener un conocimiento del evangelio y un testimonio de la veracidad de el”.

Quisiera contarles de la pequeña Lindsay, de ocho años de edad, que se encuentra muy bien encaminada.

Ocurrió que había estudiado mucho para una prueba de matemáticas, y contó lo siguiente: “Al comenzar la prueba, mi amiga me pidió en voz baja que le ayudara a contestar las preguntas. Pensé entonces en las noches de hogar que tenemos al comenzar el año escolar, en las que papa nos dice que siempre debemos hacer nuestro propio trabajo, que es mejor ser honrados a hacer trampa para conseguir mejores calificaciones. Entonces me di cuenta de que si hacía lo que mi amiga me había pedido, yo también haría trampa. Por eso, con un movimiento de cabeza, le indique que no. Al día siguiente, la maestra nos llamó a mi amiga y a mí y nos dijo que nuestras respuestas de la prueba eran idénticas. Me fue fácil mirarla a los ojos y decirle que yo no había hecho trampa. Mi amiga se puso a llorar y le dijo que me había copiado las respuestas. Me dio lastima mi compañera, pero me sentí muy contenta de haber actuado yo con honradez”.

Es indispensable que los niños sepan discernir la verdad del error ellos solos y que tengan el valor de hacer lo que sepan es lo correcto, como lo hizo Lindsay. Al examinar los principios que gobiernan el discernimiento, he hecho algunos descubrimientos; uno de ellos se encuentra en el Libro de Moisés de la Perla de Gran Precio.

En el primer capítulo de Moisés, leemos que este vio a Dios cara a cara, y que Dios le enseñó que era Su hijo, y le mostró la tierra y sus confines. Pero luego “Satanás vino para tentarlo, diciendo; Moisés, hijo de hombre, adórame” (vers. 12).

¿Y que le respondió Moisés a Satanás?

“Y sucedió que Moisés miró a Satanás, y le dijo: ¿Quien eres tu? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito. )y dónde esta tu gloria, para que te adore?” (vers. 13).

Debido a que Moisés conocía a Dios, reconoció que Satanás era un impostor. Si nuestros hijos conocen la verdad, reconocerán el error Al reconocer Moisés el error, lo rebatió. No siguió lo que Satanás le indicó para ver cómo era seguirlo. No, sino que le dijo:

“… puedo discernir entre tu y Dios …

“Vete de aquí, Satanás; no me engañes” (vers. 15–16).

Y Moisés clamó a Dios y no cesó de hacerlo. Satanás, enfurecido e insistente, redobló sus esfuerzos, y tentó a Moisés de nuevo. Le dijo Satanás a Moisés: “Yo soy el Unigénito, adórame a mí” (vers. 19).

Moisés sabía que eso no era cierto, pero la furia de Satanás le produjo un gran temor. No obstante, no permitió que el miedo lo venciera; clamó a Dios de nuevo, recibió fuerzas de Dios y otra vez mandó a Satanás retirarse. Entonces, gritando en voz alta, con lloro y crujir de dientes, Satanás por fin se apartó de allí (véanse los vers. 20–22).

Moisés reconoció el error, no cesó de pedir ayuda a Dios y venció el miedo. Y así pudo resistir las tentativas de Satanás de intimidarlo.

Deseamos adiestrar a nuestros niños de modo que sepan reconocer el error y rebatirlo, como lo hizo Moisés. Eso lleva en si mucho mas que tan sólo decirles lo que han de pensar y lo que deben hacer; es ayudarles a buscar y a amar la verdad, y a resolver actuar por su propia cuenta, y actuar de acuerdo con ella.

Dos formas de lograr eso son, primero, enseñarles de Jesucristo y las sencillas verdades de Su evangelio. Para hacerlo, es preciso estar con ellos para hablarles de nuestras creencias y para que nos vean actuar de acuerdo con los principios que las rigen. Al trabajar con ellos, al pasar juntos momentos de recreación, al enseñarles lecciones que hayamos preparado y al presentársenos momentos propicios para enseñarles, (aprovechemos todas las ocasiones! La noche de hogar, la oración familiar y los momentos que pasemos a solas con cada uno de nuestros hijos servirán para plantar la verdad en el alma de ellos.

Nuestros hijos tienen que saber que si leemos las Escrituras y las palabras de los profetas, y si escuchamos y obedecemos los susurros del Espíritu, aprenderemos de la fuente de la cual emana toda la verdad. Si nos. oponemos a los maestros de la verdad que el Señor ha señalado, en ese caso nos. opondremos a la verdad misma; pero si con sinceridad deseamos saber lo que es verdadero, entonces, naturalmente, querremos aprender de la fuente de la verdad.

Padres, sírvanse del apoyo que la Iglesia les ofrece, incluso el llevar a sus hijos a la Primaria. Los lideres y los maestros de esta organización les proporcionaran a sus hijos afecto y apoyo, y les enseñarán inolvidables lecciones del evangelio. Ellos les ayudaran a ustedes a sumergir a sus hijos en la verdad.

Agradezco de todo corazón a todos los que presten servicio en la Primaria. Ustedes son una bendición para los niños, y se atraen bendiciones ustedes mismos. Hace poco, el presidente Hunter dijo lo siguiente acerca de los lideres y los maestros de la Primaria:

“Los que tienen la oportunidad de enseñar a los niños de la Iglesia son particularmente bendecidos al hacerles comprender a los pequeños su origen divino y el plan de nuestro Padre Celestial para ellos. Esas personas recibirán ellas mismas comprensión espiritual al enseñar a los niños las preciosas verdades del evangelio”.

La segunda forma de ayudar a los niños a aprender a discernir la verdad del error es brindarles la oportunidad de practicar el modo de discernir la verdad y escoger hacer lo correcto

Una madre de familia, cada vez que alguno de sus hijos sale de casa, le dice: “(Acuérdate … !” Y ellos le responden: “Ya lo se, HLJ!” Ellos saben que eso significa “haz lo justo”.

Los miembros de una familia que conozco, en la noche de hogar, representan situaciones en las que podrían encontrarse y practican las posibles formas de reaccionar ante ellas. De eso modo, los niños están preparados de antemano para saber que hacer en el momento dado. Esos niños están aprendiendo a discernir la verdad del error y a ser independientes al usar su albedrío con prudencia.

Si nuestros niños conocen la verdad, harán frente con confianza a las opiniones contrarías. Nadie podrá decirles que la Iglesia no es verdadera porque eso les parecerá errado. Si alguna vez cometen errores o si llegan a dudar de las enseñanzas, como nos ocurre a todos, los recuerdos de la verdad y los sentimientos experimentados al haberla oído en los días de su infancia los harán volver al redil.

Cuando yo era niña, mi padre se sentaba a los pies de mi cama por las noches y nos enseñaba a mi hermana y a mi que habíamos vivido con nuestro Padre Celestial antes de que existiera el mundo, que habíamos resuelto obedecer los mandamientos de Dios y rechazar a Satanás. El nos enseñó que Satanás se regocija cuando desobedecemos a nuestro Padre Celestial. Cuando era yo muy pequeña, resolví que deseaba que mi Padre Celestial se regocijara por mi y no Satanás. Esa resolución ha producido un efecto muy potente en mi vida.

Ruego que todos nuestros niños sean sumergidos en las enseñanzas del evangelio y tengan oportunidades de practicar el usar su albedrío con prudencia. Ruego que todos los niños tengan la oportunidad de llegar a saber, como yo lo se, que Dios vive, que Jesucristo es nuestro Salvador y que hoy nos guía un profeta viviente. Ruego que la letra de esta canción de la Primaria resuene en sus almas, como hoy resuena en la mía:

Yo siento Su amor,
su bendición constante;
le ofrezco el corazón,
El mi Pastor será.
Yo siempre lo seguiré,
mi vida le daré,
pues siento Su amor que me infunde calma.

(“Siento el amor de mi Salvador”, Canciones para los niños.)

En el nombre de Jesucristo. Amen.