David, un futuro misionero


“Cuando estos jóvenes tienen contacto con el Evangelio, desarrollan con bastante naturalidad un amor profundo por Jesucristo y por nuestros profetas”.

Queridos hermanos y hermanas: una de las bendiciones del ser miembros de la Iglesia es el privilegio de sentir y compartir nuestro testimonio, el cual también puede expresarse por medio de las obras o del ejemplo.

Al igual que otras personas, jamás en la vida podremos olvidar mi esposa y yo al jovencito que estaba de pie bajo las lluvias torrenciales que cayeron durante la ceremonia de la piedra angular del Templo de Recife, Brasil, que tuvo lugar el pasado mes de diciembre.

Cuando el presidente Hinckley y el presidente Faust salieron del templo y quedaron a su vista, este chico de unos diez años de edad, al que llamaré David, se abrigó el cuerpo con los brazos, haciendo caso omiso al viento y a la lluvia, con la camisa blanca y los pantalones completamente empapados, y permaneció erguido y firme como un soldadito; y reconoció formalmente que, en efecto, se encontraba en la presencia de los Profetas, Videntes y Reveladores del Señor.

David representa a los numerosos jóvenes que componen el futuro de la Iglesia. Ha recibido una buena educación de sus amorosos padres, la cual ha sido reforzada con las enseñanzas de las maestras de la Primaria de honrar, amar y seguir a los profetas. Cuando estos jóvenes tienen contacto con el Evangelio, desarrollan con bastante naturalidad un amor profundo por Jesucristo y por nuestros profetas, como el de David. Como padres y maestros, tenemos la responsabilidad y la oportunidad de fomentar esos tiernos sentimientos de amor y respeto.

Por medio de esta enseñanza concienzuda se motivará el crecimiento constante del testimonio a lo largo del tiempo hasta que finalmente esté fundado en la revelación personal.

El ejemplo conmovedor de David, nuestro jovencito bajo la lluvia, nos demuestra que la familia es la organización básica y eterna de la Iglesia, de la cual él ha aprendido tanto. Con una orientación adecuada, él podrá obtener su testimonio personal de que JesÚs es el Hijo del Dios viviente y que por medio de Su expiación, el Salvador cumplió a la perfección Su promesa redentora; de que José Smith es el primer profeta de la restauración y de que Gordon B. Hinckley es nuestro amoroso profeta viviente.

David crecerá con el conocimiento de que un día servirá una misión. Su padre hablará con frecuencia de las bendiciones que recibió en su propia misión. Él representa a los padres de Sión que son fieles poseedores del Sacerdocio.

La madre de David inspirará la unidad dentro de la familia estableciendo tradiciones familiares significativas y duraderas. Ella representa a las madres que anhelan ver a sus hijos crecer y que son capaces de enjugar las lágrimas y hacer desaparecer los baches de la vida diaria así como hacen desaparecer las arrugas de las camisas y las faldas.

A lo largo de las preciosas playas de Recife hay señales que indican que los bañistas pueden disfrutar del mar sin peligro si no salen de la zona comprendida entre las playas y el arrecife. Los que nadan o hacen “surfing”más allá del arrecife se exponen al ataque de los tiburones, que son una amenaza constante y que han causado un nÚmero significativo de muertes y heridas.

Así como las señales de la playa, el Señor y Sus profetas proporcionan una guía inspirada para que nuestros hijos e hijas puedan escapar de los tiburones que siempre están presentes en la vida terrenal: la pornografía, las drogas y los pecados que pueden mermar o destruir el inherente sentido de divinidad del que el Señor desea que Sus hijos disfruten. Dios proporciona esta guía celestial por motivo de Su inagotable amor personal por cada uno de Sus hijos. La oración, las Escrituras y el ayuno están a disposición de todos los que deseen aprovecharlos.

“La familia: Una proclamación para el mundo” (Liahona, octubre de 1998, pág. 24) es una valiosa herramienta y un documento inspirado que nos han proporcionado nuestros profetas. Aprendamos las lecciones que contiene una y otra vez. Entonces, como padres celosos, desearemos esforzarnos hasta el grado que sea necesario para la protección y el beneficio de nuestros Davides, que simbolizan a nuestros hijos, nietos y a nuestros seres queridos.

Alma hijo enseñó a cada uno de sus hijos de manera individual. Sus palabras indican que él enseñó a Helamán en su juventud (véase Alma 36:3), de la misma manera que vemos que David está aprendiendo en su juventud. El padre de David podría muy bien parafrasear a Alma y decir: “¡Oh recuerda, David, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!” (véase Alma 37:35).

David aprende que nunca hará ni una simple escaramuza hacia las aguas contaminadas de la vida, porque es consciente de que los tiburones de la vida terrenal pueden desgarrar el delicado mÚsculo espiritual de un testimonio que está creciendo. También es consciente de que no tiene ninguna necesidad de vestirse con el uniforme de los llamados “no conformistas”, al perforar su cuerpo o tatuarlo.

Antes de que David abandone su hogar para servir en una misión, será una bendición para él el que su padre le enseñe de manera individual, de la misma hermosa manera que Alma enseñó a su hijo Helamán. “Sí, e implora a Dios todo tu sostén; sí, sean todos tus hechos en el Señor. . . Consulta al Señor en todos tus hechos. . .” (Alma 37:36–37).

En el Libro de Mormón aprendemos desde el principio lecciones en cuanto a la paternidad. Lehi proporcionó antecedentes fundamentales que dieron a Nefi razón para expresar la famosa declaración: “Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre” (1 Nefi 1:1).

A Lamán y a Lemuel su padre Lehi les dio una enseñanza poderosa con una bella analogía: “¡Oh, si fueras semejante a este río, fluyendo continuamente en la fuente de toda rectitud!. . . ¡Oh, si fueras tÚ semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor!” (1 Nefi 2:9–10).

Enós, al alcanzar la edad adulta y mientras estaba fuera cazando en el bosque, volvió su atención al recuerdo de las enseñanzas que su padre Jacob había compartido durante toda su vida. Decidió obrar de acuerdo con esas enseñanzas y clamó a Dios “todo el día”y continuó durante la noche. Finalmente, vino una voz: “Enós, tus pecados te son perdonados, y serás bendecido” (Enós 1:4–5). A partir de ese momento, Enós cambió su vida y pasó el resto de sus días enseñando.

Enoc, el profeta grande y poderoso, honró a sus padres diciendo: “Mi padre me instruyó en todas las vías de Dios” (Moisés 6:41).

Que todos nuestros Davides puedan estar preparados así para servir.

A todos nos agrada servir a los demás. En cuanto a las bendiciones que recibimos por prestar servicio, permítanme expresar mi agradecimiento por el apoyo de mi encantadora esposa, por nuestros hijos y sus esposas, por nuestros nietos, por nuestros hermanos y hermanas, por sus familias, por nuestros misioneros que son ejemplos duraderos de dedicación, por amigos que son un apoyo constante y por las maravillosas personas de Brasil, por los líderes, por los profetas y especialmente por nuestro Señor y Salvador. La Iglesia es verdadera.

Digo estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén.