2002
Reverencia
marzo de 2002


Reverencia

Hace algunos años, tuve la oportunidad de viajar con el Presidente de la Iglesia para asistir a varias conferencias de área. Nunca olvidaré el contraste entre dos conferencias que se realizaron con pocos días de diferencia.

La primera conferencia de área fue en un gran estadio y, desde la plataforma donde nos hallábamos, podíamos notar el constante movimiento de las personas. Por todo el estadio había personas comunicándose en voz baja e inclinándose para hablar con los familiares y amigos que estaban a su lado. Para no culpar a los miembros por la falta de reverencia, la atribuimos a la clase de edificio donde nos encontrábamos.

Pocos días después asistimos a otra conferencia de área en otro país, en un estadio similar al primero. Sin embargo, cuando entramos en el edificio, reinó un silencio inmediato entre la congregación. Durante las dos horas que duró la sesión, poco era el movimiento que se podía notar entre la gente; todos escuchaban con atención, demostrando gran respeto hacia los discursantes. Cuando el profeta habló, no se oía ni el vuelo de una mosca.

Al concluir la reunión, les pregunté a los líderes del sacerdocio qué habían hecho a fin de preparar a los miembros para la conferencia. Me contestaron que había sido muy sencillo; que les habían pedido a los poseedores del sacerdocio que explicaran, tanto en sus hogares como en sus visitas de orientación familiar, que en la conferencia de área tendrían el privilegio de escuchar las palabras del Profeta y de los Apóstoles. Los líderes nos explicaron además que la reverencia que los miembros sentían hacia Dios y Sus siervos era la razón para demostrar un comportamiento reverente durante la conferencia.

La reverencia es una actitud hacia Dios y hacia Su Hijo, Jesucristo; es un sentimiento personal; es algo que sentimos dentro de nuestro corazón, suceda lo que suceda a nuestro alrededor.

Tomado de un discurso de la Conferencia General de octubre de 1990.