Solía tener la misma consideración hacia el Antiguo Testamento que hacia un libro de cuentos de hadas: relatos interesantes que no se relacionaban para nada con mi vida, pues, separados de mí por miles de años de historia, eran de lo más alejado de la realidad. Sin embargo, a mi maestro de seminario le encantaba el Antiguo Testamento, y su entusiasmo y su humilde testimonio empezaron a inspirar en mí una mayor reverencia por esas Escrituras.

Una noche, mientras me hallaba estudiando, me topé con este versículo: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11).

Leí las palabras y al principio no me llamaron la atención. El Señor hablaba con Moisés; ¡pues claro que lo hacía! Parecía del todo natural que el Señor se le apareciera en persona a uno de Sus profetas.

Así que oré y empecé verdaderamente a pensar en aquel pasaje. Sabía que mi Padre Celestial no se me iba a aparecer esa noche, pero quizás podía intentar hablar con Él “como habla cualquiera a su compañero”. En ese momento me sentí rodeada por Su amor.

Al orar, repetí con mis propias palabras lo que había leído: “Moisés habló contigo cara a cara, como un amigo”. Me detuve; lo repetí una y otra vez.

De repente lo entendí; era tan profundo, pero a la vez tan sencillo. Moisés vio a Dios cara a cara. De inmediato la época del Antiguo Testamento no estaba tan distante y me di cuenta de que Moisés había sido una persona mortal, igual que yo. Las Escrituras cobraron vida en mi mente; sabía que Moisés realmente había vivido y respirado y que también había experimentado dificultades y luchado con la falta de confianza. Y a pesar de ello, habló con el Mesías, el Jehová de Israel, su Señor y Redentor —mi Señor y Redentor— de la misma forma que yo hablaba con mi propio padre terrenal.

“Padre Celestial”, volví a orar, “¡deseo regresar a Ti más que ninguna otra cosa!”. Terminé mi oración y me metí en la cama percibiendo Su amor de forma tan palpable como jamás lo había sentido en mi vida.

Kristie Masumi King es miembro del Barrio BYU 162, Estaca Universidad Brigham Young 19.