Me bauticé el 17 de noviembre de 1996 en Samara, Rusia, e inmediatamente después de mi bautismo, me embargó el deseo de servir en una misión regular y traer almas a Jesucristo. Aguardé con avidez a que pasara un año para poder hablar con mi presidente de rama sobre la misión.

Llegado el momento, tuve las entrevistas necesarias y llené los formularios para la recomendación misional, pero entonces me di cuenta de que tenía un problema. Aunque llevaba dos años viviendo en Rusia, yo era ciudadano armenio y aún no había servido en el ejército de mi país, lo cual era mi obligación.

Comencé a orar y ayunar para que Dios abriera el camino para que pudiera servir en una misión. En marzo de 1998 fui llamado al servicio militar y tuve que regresar a Armenia. Confié en Dios, sabiendo que Él me amaba y quería que yo fuera obediente.

Mientras me hallaba en el ejército armenio, observé los convenios que había hecho y vivía la Palabra de Sabiduría. A menudo compartía mi testimonio con los demás soldados y oraba a lo largo del día. Ayunaba y le pedía a mi Padre Celestial que me protegiera, y también le pedí que pudiera servir en una misión regular lo antes posible.

Tras dos meses y medio en el ejército, enfermé y fui enviado al hospital, y cuando los médicos me exploraron, me sorprendió descubrir que tenía una dolencia del corazón, la cual creían que había tenido desde mi infancia y que ahora me estaba afectando a los pulmones, el hígado y el bazo. El cuerpo se me hinchaba y parecía como si hubiese aumentado mucho de peso.

El diagnóstico quería decir que posiblemente tuvieran que relevarme del ejército, pero la realidad de una enfermedad grave me asustaba; todo lo que podía hacer era confiar en que Dios me ayudara.

Después de un mes en el hospital, un miembro de la Iglesia armenio, el hermano Ararat, me visitó de forma inesperada y, junto con dos misioneros, me dio una bendición del sacerdocio.

Tres semanas más tarde, quedé relevado del ejército y no pasó mucho tiempo antes de sentirme lo suficientemente fuerte para servir en una misión.

Ahora necesitaba los papeles militares del relevo, así que ayuné y oré, y cuando me levanté tras la oración, obtuve mi respuesta: confiaría en el Señor.

Pasaron los días y siempre que iba a preguntar por los papeles del servicio militar, los oficiales me decían: “No los espere este año; es imposible”. Pero yo seguí confiando en el Señor y esperaba. Finalmente, el 15 de diciembre recibí aviso: “Venga y llévese sus papeles; ya están listos”.

El siguiente problema era conseguir un pasaporte. Los últimos meses del año son una época difícil para obtener uno y se me dijo que no esperara tener un pasaporte sino hasta junio. Volví a orar y una vez más recibí la inspiración de ser paciente y confiar en el Señor.

Así que confié, creí y aguardé, pero no por mucho tiempo. El 5 de enero de 1999, recibí mi pasaporte, y el 7 de enero el visado. Ya podía comenzar mi servicio misional.

Todo lo que tenía que hacer ahora era tener las entrevistas, terminar algún papeleo y recibir la recomendación médica necesaria. Aunque me sentía bien, temía que mi dolencia cardiaca me impidiera servir. El médico que me examinó conocía mi historial y ordenó una prueba del corazón. Cuando vio los resultados, dijo sorprendido: “¡Está completamente sano! No hay señal de enfermedad alguna. ¡En mi vida he visto nada parecido!”.

Yo sonreí y dije: “Creo en Dios; recibí una bendición de los poseedores de Su sacerdocio y sané”.

Poco tiempo después se me llamó a servir en la Misión Rusia Moscú Sur. Sé que Dios vive, que obra milagros en la actualidad tal como hacía en la antigüedad, y sé que nos bendice cuando ejercemos fe en Él.

Gnel Tamazyan es miembro de la Rama Tagansky, Distrito Moscú Sur, Rusia.