Sigan adelante y sean firmes


Elaine S. Dalton
Pueden seguir adelante con visión; el Espíritu Santo les ayudará a permanecer firmes y su testimonio del Salvador les ayudará a avanzar con un fulgor perfecto de esperanza.

En un muelle de Copenhague, Dinamarca, hay una estatua de bronce de una jovencita llamada Kristina, que mira hacia el mar con la meta de unirse a los santos en Sión. El viento sopla con fuerza contra ella, pero no la hace retroceder; con firmeza sigue adelante en algo que es muy difícil, pero que sabe que es lo correcto. Me encanta esa estatua, ya que para mí, Kristina representa a mi propia tatarabuela danesa, quien decidió unirse a la Iglesia en medio de gran oposición. Estoy agradecida por su valor y por su testimonio. De la decisión que ella tomó dependía no sólo mi destino eterno, sino también el destino de generaciones.

En el Libro de Mormón, Nefi nos dice que podemos “seguir adelante” (2 Nefi 31:20); dice que no sólo podemos, sino que debemos hacerlo. Quizás Nefi, al igual que Kristina, comprendía que las decisiones firmes de una persona afectan a generaciones. Cuando el padre de Nefi lo envió de regreso a Jerusalén a obtener las planchas de Labán, Nefi dijo: “Y he aquí, es prudente para Dios que obtengamos estos anales a fin de que preservemos para nuestros hijos el idioma de nuestros padres” (1 Nefi 3:19; cursiva agregada). Nefi pensaba en su futura familia aunque en esa ocasión tenía pocas probabilidades de casarse, ya que, como recordarán, su familia estaba sola en el desierto. Nefi no sólo tenía una visión de cómo regresar a su hogar celestial, sino también de lo que deseaba en su hogar terrenal.

El Salvador les ayudará a ver y comprender la visión que Él tiene para ustedes, que son Sus amadas hijas. Él las conoce personalmente y tiene un plan para la vida de ustedes. Él ha prometido que, si son dignas, Su Espíritu siempre estará con ustedes.

Así como el viento soplaba con fuerza en dirección opuesta a la que mira Kristina en aquel muelle de Dinamarca, cada una de ustedes encontrará resistencia de parte de las fuerzas mundanas. “Seguir adelante” implica resistencia. En el pasaje de Escritura no dice caminar adelante, moverse hacia delante, o simplemente proseguir; ¡dice seguir adelante! Para lograrlo, deben tener una visión de su lugar de destino. El Espíritu Santo les ayudará a permanecer firmes, y su testimonio del Salvador les ayudará a seguir adelante con un fulgor perfecto de esperanza.

Hace varios años, mi esposo y yo nos clasificamos para el maratón de Boston. La noche anterior al evento, y a fin de visualizar lo que se sentiría terminar la carrera, nos dirigimos al centro de Boston, cerca de dos kilómetros de la meta. Allí, en la quietud de la noche, nos amarramos los zapatos deportivos y corrimos los últimos dos kilómetros hasta llegar a la meta. Al cruzar la línea final levantamos las manos en señal de victoria e hicimos la cuenta de que habíamos ganado la carrera. Nos imaginamos a miles de espectadores dándonos una gran ovación. Al día siguiente participamos en la carrera. Cuarenta y dos kilómetros es una distancia considerable, y por muy buenas razones hay unas colinas que llevan el nombre de “Sufrimiento”. Durante todo el tiempo que recorría esas colinas, centré mi atención en la meta y en lo que había sentido la noche anterior al cruzar la línea de la victoria. Esa visión de la meta me ayudó a terminar el maratón bajo una lluvia sumamente helada, propia de la región.

La visión que tengan de su futuro las impulsará a seguir adelante. Tomen unos minutos para visualizar dónde desearán estar dentro de uno, dos o cinco años. En seguida, tomen las medidas necesarias para prepararse para ello. Las personas no participan en un maratón con sólo decidir hacerlo; deben adiestrarse a diario para ir adquiriendo poco a poco resistencia y fortaleza para correr los cuarenta y dos kilómetros de distancia. Lo mismo ocurre en la vida. La diligencia diaria, junto con la oración y el estudio de las Escrituras, es lo que les ayudará a lograr sus metas. Las decisiones que tomen a diario surtirán un efecto en las generaciones.

Por medio de seminario, Melissa se imaginó la clase de jovencita que deseaba llegar a ser. Ella no era miembro de nuestra Iglesia, pero se inscribió en seminario con sus amigas. Cuando cumplió 18 años, recibió la enseñanza de los misioneros; ella sabía que lo que le enseñaban era verdadero. Durante su bautismo reinó un espíritu de dulzura; se sentía como si no sólo sus amigas y su familia estuviesen presentes, sino también su futura familia. El obispo comentó que ya casi le parecía oír a la futura familia de ella decirle: “¡Gracias, mamá!”.

Al igual que Melissa, ustedes han hecho convenios bautismales. El guardar sus convenios les permitirá recibir la guía del Espíritu Santo; Él las protegerá y fortalecerá y les dirá “todas las cosas que [deben] hacer” (2 Nefi 32:5). Este don las aparta de las cosas del mundo.

Sabemos que se enfrentan con mucha oposición en lo tocante a sus normas. Las jovencitas de Tennessee y Arkansas me contaron que encuentran oposición en la escuela debido a sus creencias. Las jovencitas que conocí en Haití también encaran a diario la presión de participar en cosas indebidas para una jovencita del convenio. No obstante, sus ojos brillan con la esperanza del Evangelio; ellas permanecen firmes porque escuchan “la voz apacible y delicada” (véase 1 Reyes 19:12) del Espíritu Santo y obedecen su inspiración.

El Espíritu Santo también las guiará al tomar decisiones en cuanto a su futuro. Una jovencita que conozco salía con un joven alto y apuesto que era el mejor jugador del equipo escolar de baloncesto y presidente de su clase. Mientras hablaban de sus planes para el futuro, ella le explicó que hacía mucho tiempo había tomado la decisión de casarse en el templo con un ex misionero. Una misión no formaba parte de los planes de él, de modo que no se dijo nada más. La Navidad siguiente, él le hizo un pequeño obsequio; al abrirlo, se dio cuenta de que era una carta de un profeta de Dios que llamaba a su amigo a servir en una misión. La buena influencia de ella lo ayudó a tomar esa importante decisión.

Ustedes también pueden influir en los jovencitos con los que se relacionen para “[superarse] un poco más, ser un poco mejores” (Gordon B. Hinckley, “En pos de la excelencia”, Liahona, septiembre de 1999, pág. 3). Ustedes pueden ayudar a los jóvenes a prepararse y servir en una misión honorable; pueden ayudarles a permanecer moralmente limpios a fin de que porten su sacerdocio con honor. La influencia de rectitud que ejerzan en un joven podrá tener un efecto eterno no sólo en la vida de él sino en la de generaciones.

Cuando nuestra hija Emi tenía 15 años, tomó una decisión. Una mañana noté que su Libro de Mormón estaba abierto en el capítulo 48 de Alma; ella había marcado los versículos que describen al capitán Moroni:

“Y era Moroni un hombre fuerte y poderoso, un hombre de un entendimiento perfecto… Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo” (versículos 11, 13).

En el margen, ella había escrito: “Quiero casarme con un hombre que sea como Moroni”. Siete años más tarde, ¡lo hizo! Emi captó la visión de lo que debía ser su futuro esposo al leer las Escrituras y escuchar los susurros del Espíritu Santo. Llegó también a conocer y entender al Salvador y Su “gran plan de felicidad” (Alma 42:8).

Si leen las Escrituras, llegarán a saber que el Salvador no sólo es la luz y la vida del mundo, sino que es nuestro gran fulgor de esperanza. Por medio de Él, ustedes tienen la esperanza de volver a vivir con nuestro Padre Celestial; por medio de Él, pueden arrepentirse y superar las cosas que evitarán que sean firmes; por medio de Él encontrarán la fortaleza y el valor necesarios para seguir adelante aun cuando rujan los vientos de la oposición.

Tal vez ustedes no tengan que estar en un embarcadero y tomar decisiones difíciles como Kristina. Y tal vez tampoco se encuentren corriendo hacia una meta por las colinas de un maratón; pero sí se verán enfrentadas con tener que tomar decisiones que tendrán consecuencias eternas. Pueden seguir adelante con visión; el Espíritu Santo les ayudará a permanecer firmes y su testimonio del Salvador les ayudará a avanzar con un fulgor perfecto de esperanza.

Tal vez más adelante encuentren colinas escarpadas, pero nuestro Señor y Salvador Jesucristo ha prometido que avanzará con ustedes a lo largo del camino. Nunca ha habido un periodo más importante para seguir adelante y ser firmes.

Por eso, repito junto con Nefi: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza… Por tanto, si marcháis adelante… y perseveráis hasta el fin… así dice el Padre: Tendréis la vida eterna” (2 Nefi 31:20; cursiva agregada). En el nombre de Jesucristo. Amén.