2003
¡Cierra la puerta de atrás!
agosto de 2003


¡Cierra la puerta de atrás!

De recién casados vivíamos en Anchorage, Alaska. Una noche desperté de un profundo sueño y me hallé inmersa en un pensamiento urgente. Desperté a mi esposo y le pregunté si había cerrado la puerta corrediza de la parte de atrás. Dijo que sí. Intenté pensar en otra cosa y volverme a dormir; me decía a mí misma que estaba obsesionada, pero el sentimiento de cerrar la puerta aún persistía. No lograba conciliar el sueño; por fin, recibí una clara impresión: “Kelli, ¡ve a cerrar la puerta de atrás!”.

Salí de la cama calentita y bajé las escaleras. La puerta corrediza parecía estar cerrada. Me dispuse a irme, pero al tirar del manubrio, ¡la puerta se abrió! El cerrojo estaba en su lugar, pero la puerta no se había cerrado totalmente para que éste quedara enganchado. Cerré bien la puerta con el cerrojo y volví a la cama.

A la mañana siguiente casi no le presté atención a la experiencia que había tenido la noche anterior, pero al descorrer las cortinas algo me llamó la atención. En la nieve de afuera había huellas que llegaban hasta la puerta y que luego se volvían a alejar. La idea que había estado intentando pasar por alto había evitado que un intruso entrara en nuestra casa.

Qué agradecida me siento por la impresión del Espíritu Santo, el cual protegió a nuestra familia aquella fría noche invernal. Ha cambiado para siempre mi forma de escuchar.

Kelli Allen-Pratt es miembro del Barrio Highland 3, Estaca Highland Este, Utah.