2004
Ayuda del cielo
febrero de 2004


Ayuda del cielo

El paciente era alto, apuesto, vestía de blanco y me miraba a los ojos sin decir una palabra. Yo había ido a buscar su receta para ir a comprarle sus medicinas.

En ese momento, apareció una enfermera, también vestida de blanco, que me dio una hoja de papel. Parecía un historial médico.

“¿Es el número de expediente de él?”, pregunté.

Ella no contestó, sino que se limitó a dar vuelta a la hoja. Al dorso había un número: 12.830.

Este incidente no tendría nada de extraordinario si no fuera por el hecho de que ese paciente había muerto hacía más de un año, el 7 del abril de 1990. Era mi hermano menor, Carlos Hugo, y yo sólo estaba soñando.

Desperté a las 4 de la madrugada y de inmediato anoté el número. Ese mismo día me levanté temprano y le conté el sueño a mi hija Ana. Le mostré el número y ella me dijo que parecía más una fecha que un número de archivo médico. De pronto se me ocurrió algo. Ese sueño debía tener algo que ver con la información de historia familiar que estaba buscando sobre mi abuela paterna. Durante 10 años había intentado localizar el acta de nacimiento de mi padre. Al no tener éxito, dirigí mis esfuerzos a buscar información sobre su madre.

Cuando tuve el sueño, tuve la intención de volver a los archivos históricos de la provincia de Mendoza, Argentina, para ver si los investigadores habían encontrado alguna información que pudiera serme útil. Les había pedido que investigaran los años entre 1925 y 1932; pero antes de ir a los archivos, tuve la fuerte impresión de visitar el cementerio Godoy Cruz.

A las 8 de la mañana de aquel día, le preguntaba al señor Paz, un empleado del cementerio, si me haría el favor de consultar aquella fecha en sus registros para buscar alguna información sobre la muerte de mi abuela, Margarita Flores. Mientras hojeaba los viejos y gastados libros, yo oraba en silencio y con fervor.

De repente lo oí decir: “¡Tiene usted mucha suerte! Aquí es donde su abuela está enterrada”. Hizo constar los datos en un documento, lo firmó y lo selló; luego me acompañó gentilmente al sector H, donde vi una pequeña placa de bronce que decía: “Margarita Flores. Fallecida el 12/8/1930”. La misma fecha que había visto en el sueño.

Yo aún no había nacido cuando murió mi abuela, pero más de 60 años después de su muerte, pude encontrar el lugar donde estaba enterrada.

Enseguida fui a los archivos para ver si habían encontrado algo sobre mi abuela. “Negativo”, dijo el hombre que me atendió. Le di el certificado que el señor Paz me había dado en el cementerio y cinco minutos después tenía en mis manos la fotocopia del certificado de defunción de mi abuela. Utilizando esa información, por fin pude localizar el acta de nacimiento de mi padre y el nombre de mis bisabuelos.

En Su infinita misericordia, nuestro amoroso Padre Celestial había hecho posible que se me comunicara la información necesaria. De inmediato envié todos los datos que había obtenido al Templo de Buenos Aires, Argentina, para que se realizaran las ordenanzas vicarias.

Sé que todavía queda mucho por hacer, pero también sé que cuando nuestras mentes y nuestros corazones están dispuestos y nos esforzamos, recibimos ayuda del cielo. Un día habrá una resurrección gloriosa y deseo con todo mi ser encontrarme unida a los que amo.

Ceferina Dora Flores es miembro del Barrio Godoy Cruz Centro, Estaca Godoy Cruz, Argentina.