Mensaje de las maestras visitantes

Sintamos el amor del Señor por medio de la generosidad

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    Por medio de la oración, seleccione y lea de este mensaje los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que mejor satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio, e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

    ¿Cómo ha experimentado la generosidad del Señor?

    Élder Neal A. Maxwell, del Quórum de los Doce Apóstoles: “De entre los atributos perfectos de nuestro Dios viviente, destaca uno que es y será una gran bendición para todos nosotros: Su generosidad. A pesar de su importancia, esa cualidad tiende a pasar inadvertida.

    “La generosidad de Dios está relacionada con el gozo divino, como el que se evoca cuando Sus hijos guardan Sus mandamientos. Él es presto para bendecir y se deleita en honrar a los que son fieles (véase D. y C. 76:5). La generosidad de Dios se manifiesta también en Su longanimidad y en Su continua disposición para responder cuando Sus hijos tienen la inclinación de buscarle (véase Hechos 17:27; D. y C. 112:13)” ( If Thou Endure It Well, 1996, pág. 39).

    Presidente John Taylor (1808–1897): “Si tenemos vida, o salud o bienes; si tenemos hijos, amigos y vivienda; si tenemos la luz de la verdad, las bendiciones del Evangelio sempiterno, las revelaciones de Dios, el santo sacerdocio, con todas sus bendiciones y gobierno, todo eso y toda verdadera satisfacción, todo lo que poseemos proviene de Dios. Aun cuando no siempre nos damos cuenta de eso, es, no obstante, verdadero que somos deudores a Dios por toda buena dádiva y todo don perfecto” ( Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: John Taylor, 2001, págs. 194–195).

    ¿Cómo puede usted manifestar su generosidad?

    2 Corintios 9:7: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.

    Bonnie D. Parkin, Presidenta General de la Sociedad de Socorro: “Cuando José Smith organizó la Sociedad de Socorro, nos llamó para ‘aliviar a los pobres’ y ‘salvar las almas’ [ History of the Church, tomo V, pág. 25]. Cuando cumplimos con ese mandato, vivimos el programa de bienestar… El almacén del Señor es el lugar donde hay ‘suficiente y de sobra’; es [simbólicamente] aquello que el Señor nos ha dado a cada una de nosotras (D. y C. 104:17). Es la mujer que influye en forma positiva en la vida de otra; es la hermana que se ofrece para escuchar o hablar con otra hermana que se sienta sola; es la hermana que cultiva una amistad íntima con la hermana que visita; es usted y yo, llevando bendiciones a los demás por medio de nuestra fortaleza, nuestras aptitudes y nuestros talentos.

    “Nosotras escogemos lo que damos al almacén del Señor, de lo que Él nos ha dado a nosotras. Hermanas, ¿se dan cuenta de la abundancia sobre la que podemos apoyarnos? ¿Qué dones les han sido dados que puedan aportar al almacén del Señor?” (“Welfare, the Crowning Principle of a Christian Life”, BYU Women’s Conference, 1 de mayo de 2003, pág. 3).

    Presidente Marion G. Romney (1897–1988), Primer Consejero de la Primera Presidencia: “Sean generosos en sus dádivas para que así puedan progresar, y no den solamente para beneficiar al pobre, sino por su propio bienestar. Den lo suficiente para poder obtener el reino de Dios por medio de la consagración de su tiempo y de todos sus bienes. Si desean recibir la gloria y las bendiciones de los cielos, paguen un diezmo íntegro y una ofrenda de ayuno generosa, y yo prometo a todos los que así lo hagan que aumentará su prosperidad tanto espiritual como temporal. El Señor los recompensará de acuerdo con sus obras” (véase “Las bendiciones del ayuno”, Liahona, diciembre de 1982, pág. 4).