2006
Para que te pongas contenta
febrero de 2006


Para los más pequeños

“Para que te pongas contenta”

“¿Le he hecho sentir [a alguien] que es bueno vivir?” (Himnos, Nº 141).

Historia de la vida real

“¡No me pregunten nada del concurso de ciencias naturales!”, dijo Michelle al entrar en la casa tras llegar del colegio.

“¿Qué ha pasado?”, le preguntó Morgan.

“¿No me has oído decir que no me pregunten nada?”, le dijo Michelle bruscamente al pasar junto a su hermana menor mientras se dirigía escaleras arriba. Y una vez que llegó a su habitación, cerró la puerta de un golpe.

Morgan le preguntó a la mamá por qué estaba Michelle tan enojada (enfadada). La mamá le explicó que Michelle esperaba ganar un premio en el concurso de ciencias naturales por su trabajo sobre los cangrejos ermitaños y que seguramente no se lo habían dado.

“¿Pero por qué no me quiere hablar a mí?”, le preguntó Morgan.

“Quizá te hable más tarde, hijita; pero por ahora más vale dejarla sola”, dijo la mamá.

“Pero es que yo quiero jugar con ella, como hacemos siempre cuando ella llega del colegio”.

“No creo que tenga ganas de jugar en estos momentos. Quizá podrías hacer unos dibujos o jugar con las muñecas mientras preparo la cena”, le sugirió la mamá.

Entonces Morgan se fue a su dormitorio y buscó papel y lápices de colores. Comenzó a dibujar unas flores, en seguida las coloreó durante unos minutos y de pronto se detuvo. Se puso de pie de un salto y corrió hasta donde estaba la mamá.

Mamá, ¿cuánto falta para la cena?, le preguntó Morgan.

“Unos cuarenta y cinco minutos, hija”.

“¿Tendré tiempo para hacer un librito con dibujos para que Michelle se ponga contenta? Quiero que estén listos antes de la cena”, le dijo Morgan.

En cuanto vio que la mamá le decía que sí con la cabeza, Morgan se fue corriendo a su habitación y cerró la puerta.

“¡Michelle, Morgan, es hora de cenar!”, llamó la madre a sus hijas un rato después.

Morgan salió apresuradamente de su dormitorio y tras haber corrido hasta el lugar en el que Michelle solía sentarse a la mesa, puso unos papeles boca abajo sobre el plato de su hermana. A continuación, fue a sentarse a su propia silla.

Cuando Michelle llegó a la mesa, señaló los papeles y de mal humor preguntó: “¿Qué es esto?”.

“Es un librito con dibujos para que te pongas contenta”, le dijo Morgan dulcemente.

“¡Ah!”, exclamó Michelle mientras volvía los papeles hacia arriba. Se quedó mirando el primero.

“Ése es el dibujo de un trofeo. Te lo he hecho porque tu trabajo de los cangrejos ermitaños era el mejor”, le dijo Morgan. “El que sigue es el de una cara triste”.

“¿Por qué?”, le preguntó Michelle.

“Porque me sentí triste cuando estabas enojada y no quisiste hablarme ni jugar conmigo”.

Michelle pasó al siguiente dibujo. “Éste es el dibujo de un corazón, ¿verdad?”

“Sí”, le contestó Morgan. “El corazón significa que te quiero”.

Michelle miró el último dibujo y en seguida miró a su hermana.

“Ése es mi dibujo preferido. Somos tú y yo jugando juntas”. Morgan miró a su hermana mayor y le preguntó: “¿Te has puesto contenta con mis dibujos?”.

“Sí, muy contenta”, le dijo Michelle. “Siento mucho haberme puesto de mal humor contigo cuando llegué a casa del colegio. Yo no estaba enojada contigo. Mi trabajo no ganó ningún premio y como yo creía que lo ganaría, me puse de muy mal humor”.

“Está bien. Yo te sigo queriendo igual”, le aseguró Morgan.

“Yo también te quiero a ti, Morgan”, le dijo Michelle sonriendo y, en seguida, le preguntó: “Quisieras que jugáramos después de la cena?”.

“¡Sí, claro que sí!”, le respondió Morgan llena de alegría.