Por qué creo en Jesucristo


Discurso pronunciado el 6 de febrero de 2005 en una conferencia de estaca.
“…éste es el testimonio que hay en mí” (Alma 7:13).

Deseo contarles por qué creo en Jesucristo. Las Escrituras contribuyen al desarrollo de mi testimonio; nos hablan de Él: que creó el mundo y que murió por nosotros para que pudiéramos volver a vivir con Él. Las Escrituras nos enseñan que Jesús nos ama y que desea bendecirnos. En especial, me gusta el relato de cuando Jesús bendice a los niños nefitas.

Mi familia contribuye a que mi testimonio de Jesucristo crezca al enseñarme el Evangelio, amarme y cuidarme. Cuando llevamos a cabo la noche de hogar, compartimos relatos y nuestros sentimientos sobre el Salvador.

La oración hace que mi testimonio crezca. Cuando mi hermanita Rachel nació, tenía dificultades para respirar y tuvieron que administrarle oxígeno. No pude tenerla en brazos porque se tuvo que quedar en el hospital. Oré para que se pusiera mejor y pudiera estar en casa con nosotros. Mi oración fue contestada, pues mejoró y al poco tiempo ya pudo estar con nosotros en casa. Las oraciones me ayudan a sentirme más cerca de Jesucristo.

Los maestros y los líderes me ayudan a hacer crecer a mi testimonio. Cuando voy a las reuniones, aprendo y escucho el testimonio de otras personas. Además, mis maestros orientadores, los hermanos Hackett y Pahnke, comparten sus testimonios con mi familia.

Los profetas también fortalecen mi testimonio. Me encanta leer sobre los profetas y aprender de sus vidas y su compromiso de seguir a Jesucristo. Me gusta un relato acerca de Joseph F. Smith (1830–1918). Estaba de regreso a Salt Lake City con varios misioneros cuando un populacho se acercó a ellos. Dispararon, maldijeron y les gritaron. El líder saltó de su caballo y gritó: “¡Mataremos a cualquiera que sea mormón!”. Los demás misioneros se fueron corriendo al bosque, pero Joseph F. Smith se mantuvo firme. El hombre sacó su arma y le preguntó: “¿Eres mormón?”. Joseph F. Smith se irguió aún más y dijo: “¡Sí señor, de pies a cabeza, totalmente!”. El hombre se quedó sorprendido. Se guardó la pistola, le estrechó la mano a Joseph y dijo: “¡Es usted el hombre más agradable que he conocido! Me alegra ver a un hombre que defiende sus creencias”. Entonces se fue a caballo y no volvió a molestarlos 1 .

La sección Amigos también fortalece mi testimonio. Me gusta leer los relatos y ver los dibujos que los niños hacen de Jesucristo. Me gusta oír de otras personas que viven el Evangelio y tienen un testimonio.

Los pioneros también fortalecen mi testimonio de Jesucristo gracias a los sacrificios que hicieron para seguirle. Tengo un antepasado llamado Lars Larson que escuchó a los misioneros y decidió seguir a Jesucristo aunque sus padres estaban muy enojados por ello. Le dijeron que si se bautizaba, no lo dejarían seguir viviendo allí y no le ayudarían en nada. Su testimonio era tan fuerte que dejó a su familia para seguir al Salvador y bautizarse. Más tarde fue llamado como misionero para servir donde vivía su familia. Fue a su casa y cuando su madre abrió la puerta, la cerró con un portazo. Pero él logró decirle antes de que se cerrara: “Madre, sólo deseo que sepas que he hallado la verdad”. No fue fácil tener ese testimonio —pues por él había perdido mucho—, pero seguir al Salvador le era tan importante que mereció la pena el sacrificio.

Mi bautismo fortalece mi testimonio de Jesucristo. Decidí bautizarme el año pasado. Hice un convenio con mi Padre Celestial y con Jesucristo porque deseo seguirlos y sentir Su amor y la influencia del Espíritu Santo en mi vida.

Creo en Jesucristo. Tengo un testimonio de que Él murió por nosotros, resucitó, vive y nos ama, y que desea bendecirnos y ayudarnos.

Lindsey M., 9 años, Salt Lake City, Utah, E.U.A.

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    Nota

  1.   1.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 110.