2006
Ejerzamos la caridad y velemos por los necesitados
Junio de 2006


Mensaje de las maestras visitantes

Ejerzamos la caridad y velemos por los necesitados

Por medio de la oración, seleccione y lea de este mensaje los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

Las bendiciones de pertenecer a la Sociedad de Socorro: De acuerdo con el lema de la Sociedad de Socorro (“la caridad nunca deja de ser”), se alienta a todas las hermanas a cultivar y a ejercer el amor puro de Cristo en todos los aspectos de su vida. También se les insta a velar por los miembros de su familia, de su barrio y de su vecindario, y a cuidarlos.

¿Qué es la caridad?

Moroni 7:47: “…la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre”.

Élder Marvin J. Ashton (1915–1994), del Quórum de los Doce Apóstoles: “A menudo, equiparamos el concepto de la caridad con visitar a un enfermo, llevarle comida a algún necesitado, o compartir lo que nos sobra con aquellos que son menos afortunados. Sin embargo, la verdadera caridad es mucho, mucho más.

“La caridad verdadera no es algo que se da; es algo que se adquiere y que llega a formar parte de nuestro ser; y cuando la virtud de la caridad se graba en nuestro corazón, nunca más volvemos a ser los mismos…

“Quizás adquiramos la mayor caridad al ser amables los unos con los otros, al no juzgar ni adjudicar categorías a los demás, al limitar nuestras malas opiniones de otras personas o al permanecer en silencio. La caridad es aceptar las diferencias, debilidades y faltas de los demás; es tener paciencia con alguien que nos haya fallado; es resistir el impulso de sentirnos ofendidos… La caridad es rehusar aprovecharnos de las debilidades de otras personas y estar dispuestos a perdonar a alguien que nos haya herido. La caridad es esperar lo mejor de los demás” (“La lengua puede ser una espada aguda”, Liahona, mayo de 1992, pág. 21).

Moroni 7:48: “…pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor”.

¿Cómo podemos ejercer la caridad y velar por los necesitados?

Anne C. Pingree, segunda consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro: “Al igual que Alma, testifico que ‘por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas’ (Alma 37:6). En nuestros hogares, esas cosas pequeñas y sencillas, nuestros actos diarios de caridad, proclaman nuestra convicción: ‘Heme aquí, envíame’. Doy mi testimonio de que el acto más grandioso de caridad de esta vida y de la eternidad fue la expiación de Jesucristo. Él voluntariamente dio Su vida para expiar mis pecados y los de ustedes. Expreso mi devoción a Su causa y mi deseo de servirle siempre, adondequiera me llame” (“Caridad: Una familia y un hogar a la vez”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 110).

Presidente Howard W. Hunter (1907–1995): “Les suplicamos que ministren con su poderosa influencia para el fortalecimiento de nuestras familias, de nuestra Iglesia y de la comunidad en que vivamos.

“…Los que buscan a Cristo tratan de seguir su ejemplo. Su sacrificio que redime nuestros pecados, faltas, dolores y enfermedades debe motivarnos a tener una actitud similar a la de Él para mostrar caridad y compasión hacia aquellos que nos rodean. El lema de la Sociedad de Socorro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la organización más grande de mujeres del mundo, es realmente apropiado: ‘La caridad nunca deja de ser’ ” (“Permanezcan firmes en la fe”, Liahona, enero de 1995, pág. 113)