Convirtiendo el progreso en algo personal en Panamá


Estas jovencitas han aprendido a mejorarse mediante el programa del Progreso Personal.

En 1671, los piratas dejaron Panamá La Vieja en ruinas humeantes. Hoy, desde sus escombros, Melissa Bethancourt señala los altos rascacielos y el vasto horizonte urbano de la moderna Ciudad de Panamá. El progreso de esa ciudad durante los últimos 335 años ha sido impresionante.

Pero el progreso que Melissa ha alcanzado en los últimos años ha sido inspirador. Se trata de un cambio que un número cada vez mayor de jovencitas está experimentando en todo el mundo, gracias al programa del Progreso Personal.

“Siempre pensaba lo peor de mí misma”, dice Melissa, de 17 años, que está a punto de terminar el programa de las Mujeres Jóvenes en el Barrio Cincuentenario, Estaca Ciudad de Panamá, Panamá, “pero el programa del Progreso Personal me ha ayudado a darme cuenta de que valgo”.

Según Melissa: “No importa quién seas ni dónde estés, estas experiencias pueden ayudarte a ser una persona mejor. Éste es un programa inspirado y es para nosotras. El mundo cambia, las tentaciones y los desafíos cambian, y este programa es para nuestra época y tiene por objeto ayudarnos a progresar y a superar los desafíos actuales”.

Elevándose hacia el cielo

Entre las ruinas de Panamá La Vieja todavía se yergue La Catedral, construida de piedra, con su torre que tiene unos cuatro pisos de altura. Probablemente fue una de las construcciones más imponentes de la antigua ciudad portuaria. Desde los tiempos de Panamá La Vieja, el panorama urbano de la Ciudad de Panamá ha cambiado enormemente. Los rascacielos hacen honor a su nombre y sobrepasan ampliamente en altura a La Catedral.

Esa clase de progreso se refleja también en la vida de las jovencitas de la Iglesia en Panamá. El Progreso Personal les sirve para darse cuenta de que, del mismo modo que esos rascacielos se alzan hacia el cielo, el comprender quiénes son y el observar los valores de las Mujeres Jóvenes les es de utilidad para elevarse ellas también hacia el cielo.

“El Progreso Personal no sólo me ha enseñado acerca de la Iglesia”, dice Andrea Navas, de 16 años, miembro del Barrio Cincuentenario, “sino que también me ha servido para saber quién soy y que somos hijas de Dios”.

Con la confianza que les da ese conocimiento, estas jóvenes, al intentar alcanzar nuevos objetivos, se sienten más seguras de sí mismas, ya que no les preocupa lo que pensarán los demás si no llegan a lograr lo que deseaban. El saber lo que valen a la vista de Dios también las impulsa a extender una mano de ayuda a los demás.

Ese conocimiento motivó a Andrea a escribirle una nota de agradecimiento a una hermana misionera que prestaba servicio en su barrio, y que le enseñó a tocar el piano; le dio a Melissa el incentivo de visitar una residencia de ancianos para hablar con ellos y ayudarles en cosas que ya no pueden hacer por sí mismos; y le dio a Mayka Moreno, del Barrio Marcasa, el valor para enseñarle a un amigo de la escuela acerca del plan de salvación.

“Somos de valor infinito”, dice Mayka. “El alma es grande a la vista de Dios. El Progreso Personal ha cambiado mi percepción de mí misma y de los demás. A veces juzgamos a algunas personas como no muy buenas, pero Dios nos ama a todos”.

Un nuevo cimiento

Después de que se quemó Panamá La Vieja, los habitantes de Panamá escogieron a unos kilómetros de distancia una ubicación que fuera más fácil de defender y comenzaron a construir su ciudad empezando de la nada. Probablemente no fue fácil, pero los resultados ahora se elevan sobre las ruinas de la antigua Panamá.

El progreso personal de Mayka Moreno y de su hermana Minerva ha seguido un camino similar. Cuando estas hermanas se unieron a la Iglesia, Mayka estaba en edad de Abejitas, y a Minerva sólo le faltaban unos meses para entrar en el programa de las Mujeres Jóvenes. Estaban comenzando básicamente de la nada, en lo que respecta al Evangelio, sin contar con el beneficio de tener un cimiento basado en la Primaria. Ahora, varios años después, echan un vistazo hacia atrás para analizar lo que el Progreso Personal hizo por ellas como nuevas conversas.

“No tuvimos la oportunidad de ir a la Primaria”, dice Mayka. “El Progreso Personal me ayudó a comprender las doctrinas del Evangelio. Fortaleció mucho mi testimonio acerca de la expiación de Cristo y de otras cosas que no comprendía”.

“He aprendido muchísimo más acerca del Evangelio y de José Smith”, dice Minerva. “He podido darme cuenta de las mentiras que algunas personas dicen acerca de la Iglesia y de cuál es la verdad”.

Su madre, Justa, también se ha dado cuenta de su progreso. “He visto un gran cambio en ellas”, dice Justa. “Ha sido total, el cien por ciento, pero para bien: en su vida diaria, en su comportamiento, con sus amistades y en la escuela”.

“He aprendido muchísimas cosas”, dice Mayka. “No soy la misma persona que era. Soy mejor”.

Convirtiendo el progreso en algo personal

Las amigas de Mayka que se han criado como miembros de la Iglesia consideran que el programa también ha cambiado la vida de ellas.

“A veces creces en la Iglesia pero sin el testimonio que tienen tus padres”, dice Melissa. “Pero el programa del Progreso Personal y el valor de la fe, específicamente, me han ayudado a desarrollar y a fortalecer mi propio testimonio”.

Cada una de estas jovencitas panameñas confirma que el Progreso Personal ha fortalecido su testimonio y ha cambiado su vida para bien. Están seguras de que dará el mismo resultado a cualquier mujer joven que lo ponga a prueba.

“Para que algo te cambie la vida, tiene que convertirse en algo personal”, dice Beatriz Martínez, del Barrio Bella Vista, que cree que el programa está inspirado porque se puede adaptar a cualquier persona. “Es para todas”, dice.

“El Señor quiere que seamos mejores, que brillemos más. Desea que cultivemos nuestros talentos, que seamos una luz sobre un monte”, dice Mayka. “Ésa es la razón por la que tenemos este programa”.

La Primera Presidencia ha dicho:

“Eres una amada hija de nuestro Padre Celestial… Tu amoroso Padre Celestial te ha bendecido con talentos y habilidades que te ayudarán a cumplir tu misión divina. A través de la oración personal, el estudio de las Escrituras, la obediencia a los mandamientos y el servicio a los demás, puedes desarrollar esos dones…

“Al participar en el programa del Progreso Personal, te unes a miles de mujeres jóvenes que se esfuerzan por venir a Cristo y ‘ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar’ (Mosíah 18:9)”. (El Progreso Personal de las Mujeres Jóvenes, pág. 1).

A medida que la Ciudad de Panamá sigue progresando y agregando rascacielos a su paisaje urbano, las jovencitas que convierten el Progreso Personal en algo personal seguirán cultivando sus talentos y destacándose como ejemplos, ayudando a otras personas a progresar junto con ellas conforme vengan a Cristo.