Gracias a la Restauración…


En el diccionario se define la palabra restaurar como “reparar, renovar o volver a poner algo en el estado o estimación que antes tenía” (DRAE, 2001). Muchos de los profetas de la Biblia prometieron que, en los últimos días, Dios restauraría el Evangelio por última vez antes de la segunda venida del Salvador. En 1820, Dios comenzó a restaurar el Evangelio por conducto del profeta José Smith.

Un día empecé a preguntarme cómo influye la Restauración en mi diario vivir y esto es lo que he escrito sobre lo que la Restauración hizo por mí en una semana normal.

El domingo pasado mi padre me dio una bendición del sacerdocio. Gracias a la Restauración, sé que se le ha dado la autoridad para obrar en el nombre de Jesucristo. Mi padre puede bendecirme siempre que estoy enferma o necesito ayuda.

El lunes me levanté para ir a la escuela e hice mi oración. Gracias a la Restauración, supe que estaba orando a un amoroso Padre Celestial y que soy Su hija, creada a Su imagen. También leí el Libro de Mormón. Gracias a la Restauración, tengo otro testamento de que Jesucristo realmente vivió. Esa noche tuvimos la noche de hogar. Gracias a la Restauración, soy bendecida con padres amorosos que me enseñan la verdad.

El martes fui al templo por primera vez y efectué bautismos por los muertos. Gracias a la Restauración, pude ayudar a recibir las bendiciones eternas a los que han fallecido sin el Evangelio.

El miércoles fui al armario y seleccioné una ropa modesta. Gracias a la Restauración, sé que mi cuerpo es sagrado y que debo ser un buen ejemplo para la personas que me ven. También cuento con la guía de profetas y apóstoles vivientes que me han proporcionado Para la fortaleza de la juventud, que contiene pautas para orientarme a tomar decisiones correctas.

El jueves me esforcé por vivir el Evangelio. Gracias a la Restauración, tengo el don del Espíritu Santo como compañero para darme Su constante ayuda. También tengo un obispo y líderes de las Mujeres Jóvenes que velan por mí en su cargo de asesores especiales. Y gracias a la Restauración, tengo conocimiento de la Expiación y sé que cuando cometo un error, puedo arrepentirme y ser perdonada.

El viernes disfruté de la compañía de mis amistades. Gracias a la Restauración, tengo amigos que también desean vivir el Evangelio y que son una gran bendición en mi vida. Asimismo, tengo oportunidades de compartir el Evangelio con aquellos amigos que no son miembros de la Iglesia.

El sábado pensé en mi hermano, Tyler, que está sirviendo como misionero en Brasil. Lo echo mucho de menos, pero gracias a la Restauración sé que está haciendo lo que es correcto. También yo quiero ser misionera más adelante.

Hoy es domingo otra vez. Gracias a la Restauración, tomé la Santa Cena y renové mi promesa de seguir a Jesucristo. Recordé que soy una hija de Dios y que Su plan ha sido restaurado para que un día pueda volver a morar con Él.

Gracias a la Restauración, sé que las Escrituras son verdaderas. Sé que ésta es la Iglesia restaurada de Jesucristo. Sé que en la actualidad tenemos profetas vivientes que nos guían. Sé que, gracias a las ordenanzas restauradas del templo, mi familia puede estar junta para siempre.

Gracias a la Restauración, somos bendecidos cada día de la semana y de nuestra vida.