Noticias de la Iglesia

Por el Dr. Donald B. Doty, Presidente de Servicios Sanitarios del Departamento Misional


Cómo prepararse para ser misionero en todo lo relativo a la salud

La preparación física y mental debe comenzar al menos dos años antes de servir en una misión de tiempo completo.

Durante mis 35 años de ejercicio como cirujano cardiovascular y torácico, llevé a cabo miles de operaciones del corazón. Una vez terminada una operación de este tipo, los pacientes solían preguntarme cómo evitar futuras operaciones, y aunque no lo preguntaran me sentía en la obligación de aconsejarles de todos modos. Les hablaba de la importancia de una dieta sana, un peso adecuado, ejercicios aeróbicos, un descanso suficiente y la reducción del estrés. Los que ponían en práctica mis consejos solían disfrutar de muchos años sin problemas, mientras que los que no tomaban la determinación de cambiar su modo de vida normalmente terminaban por sufrir de nuevo el bisturí, a menudo poco tiempo después.

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Las medidas preventivas también son esenciales para los jóvenes adultos que se preparan para servir en una misión. En la actualidad, un tres por ciento de los misioneros no terminan la misión debido a problemas físicos o mentales. Quizá parezca que perder un tres por ciento de misioneros no sea demasiado grave, pero para la persona afectada y su familia sí que resulta muy significativo.

Hace más de un año que sirvo en un llamamiento en el que observo los problemas de salud que afrontan los misioneros. Según mi experiencia en esta asignación, desearía ofrecer la siguiente información para ayudar a los jóvenes que se preparan para ser misioneros a disminuir la probabilidad de sufrir estos problemas de salud.

Afortunadamente, muchos de los problemas de salud que afrontan los misioneros se pueden prevenir con una preparación adecuada. El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “Lo más importante que pueden hacer para prepararse para el llamamiento a servir es llegar a ser misioneros antes de ir a la misión”. 1

Recomiendo que la preparación en lo que respecta a la salud comience al menos dos años antes de la fecha prevista para salir al campo misional. Los que esperen hasta el último minuto o hasta que hayan recibido el llamamiento para prepararse se arriesgan a no estar listos e incluso a tener que retrasar su salida.

La preparación en lo que respecta a la salud física suele requerir una consulta rutinaria de un médico y un dentista. En algunos casos, la preparación mental puede requerir una consulta de un profesional de la salud mental.

Preparación en cuanto a la salud física

Ejercicio frecuente (diario). Un misionero debe ser capaz de caminar una distancia media de 10 km al día y recorrer unos 20 km en bicicleta al día. Los misioneros potenciales que no caminen más que de su vehículo a la clase o al trabajo probablemente tendrán dolor y llagas en los pies cuando lleguen al campo misional. Los que no estén acostumbrados a montar en bicicleta probablemente se resentirán al sillín cuando tengan que utilizar la bicicleta como medio de transporte principal. Un misionero que no esté en forma se cansará al hacer la obra misional, y un misionero cansado está más expuesto al desánimo y a problemas de salud que un misionero que se encuentre en buenas condiciones físicas.

Los misioneros potenciales pueden prepararse para los rigores de la vida de misionero estableciendo un programa de ejercicios aeróbicos, como caminar, correr o montar en bicicleta durante una hora al día. En el caso de aquellos que hacen ejercicio jugando a videojuegos y enviando mensajes de texto, hará falta por lo menos cuatro meses para ponerse a punto y poder disfrutar de una sesión completa de ejercicios.

Dormir lo suficiente. Aunque las horas de sueño necesarias varían de una persona a otra, los jóvenes adultos normalmente deben dormir entre siete y ocho horas al día. Lo ideal es que estén en la cama entre las diez y media y medianoche y que se levanten entre las seis y media y las ocho. Cuando uno trasnocha hasta las dos o las tres de la madrugada y se levanta a las diez de la mañana, se encuentra cansado constantemente y desea seguir durmiendo hasta las doce. Cuando uno pasa la noche entera sin dormir para estudiar para un examen, jugar a videojuegos o trabajar en turno de noche, su cuerpo se resiente porque se altera su reloj biológico. Los misioneros llevan una vida programada. Se van a la cama a las diez y media de la noche y se levantan a las seis y media de la mañana todos los días. Este horario resultará problemático a menos que los misioneros potenciales sigan una rutina parecida desde bastante tiempo antes de recibir su llamamiento para servir.

Hábitos alimentarios saludables. Más bien que alimentarse de azúcar y grasa, los jóvenes deben aprender a disfrutar de comidas ricas en proteínas y fibra, como carne magra, yogur, verdura y fruta. Además, resulta excesivo tomar más de 33 cl de bebidas gaseosas al día.

El Departamento Misional requiere que los misioneros tengan un índice de masa corporal no superior a 37. Se trata del límite entre la obesidad y la obesidad patológica. Los misioneros potenciales deben esforzarse por mantener su peso en el intervalo normal para evitar problemas de salud relacionados con la obesidad. Un peso marcadamente inferior a lo normal también puede acarrear consecuencias graves para la salud.

Aprender a preparar comidas. Los padres pueden enseñar a sus hijos a preparar comidas sencillas y saludables. Recalco la palabra “sencillas” porque los misioneros suelen cocinar en una placa (hornilla) o en un solo quemador, y quizá no cuenten con un horno. Todo futuro misionero debe tener nociones básicas de cocina y de higiene en la manipulación de alimentos. Dado que rara vez se dispone de lavavajillas en los apartamentos de los misioneros, también resulta importante saber lavar los platos con agua y jabón tras las comidas.

Higiene personal. Los hábitos de limpieza y arreglo personal son vitales para el éxito misional. Una primera impresión favorable es duradera. También es importante lavarse las manos para conservar la salud y evitar la transmisión de enfermedades contagiosas.

Problemas de piel. El acné es un problema común en la adolescencia. Quienes sufran problemas graves de acné deben obtener ayuda de un médico bastante tiempo antes de entrar en el CCM. Algunas medicinas contra el acné exigen un seguimiento en el tiempo, y no se utilizan en el campo misional.

Salud dental. La prevención es la clave de la buena salud dental. Esto conlleva tener la costumbre de cepillarse los dientes por la mañana y por la noche como mínimo, utilizar el hilo dental diariamente y visitar al dentista con frecuencia. Toda intervención dental debe terminarse antes de enviar la recomendación misional. Los tratamientos ortodónticos, que suelen durar dos años o más, deben terminarse antes de llegar al CCM.

Problemas de salud crónicos. Los dolores de cabeza son un problema de salud frecuente y difícil que puede empeorar durante el servicio misional, y resulta complicado evaluarlo y tratarlo en el campo. Problemas ocasionales en el estómago y en los intestinos pueden convertirse en males crónicos durante el servicio misional. Los problemas cardiacos y respiratorios, como el asma, deben evaluarse exhaustivamente antes de comenzar el servicio misional. Con un tratamiento adecuado, muchos problemas de salud pueden estabilizarse, lo que posibilita el servicio misional si se prosigue el tratamiento durante la misión.

Los problemas de los huesos y de las articulaciones debidos a lesiones pueden requerir una operación. Los procesos ortopédicos, e incluso las operaciones artroscópicas, suelen llevar aparejados largos períodos de rehabilitación. Los misioneros potenciales deben procurar atención ortopédica bastante antes (de cuatro a seis meses antes) de entrar en el servicio misional. Un joven que llegue al CCM en muletas dos semanas después de una operación en la rodilla no sería capaz de caminar la distancia necesaria en el campo misional.

Inmunizaciones. Los jóvenes que se preparen para servir en una misión deben recibir todas las vacunas ordinarias así como las dosis de refuerzo disponibles a la edad apropiada. Con bastante antelación a comenzar el servicio misional, también deben recibir toda inmunización especial que se requiera en el país en que vayan a servir.

Las ventajas de la inmunización compensan con creces los ínfimos riesgos que entraña recibir la vacuna. La inmunización proporciona resistencia a una enfermedad determinada durante períodos de tiempo que varían. En algunos casos, se requieren dosis de refuerzo para mantener la inmunidad.

Preparación en cuanto a la salud mental

Todos tenemos momentos de tristeza, ansiedad y desánimo. Esto es normal, especialmente en periodos de pérdida de seres queridos y de pena profunda. No obstante, cualquier dificultad emocional que interfiera con la rutina cotidiana normal debe tratarse antes de comenzar el servicio misional.

Todo pecado no resuelto afecta a la salud física y mental. Es necesario dejarlos atrás mediante un arrepentimiento completo con la ayuda de entrevistas con el obispo antes de recibir el llamamiento. Pero una vez hecho esto, quizá queden otros asuntos que necesiten tratamiento.

Trastornos en el temperamento. Quienes sufran de sentimientos crónicos o recurrentes de depresión, tristeza, ansiedad o miedo deben acudir a una revisión de un médico o de un orientador en salud mental. Las oscilaciones en el estado de ánimo, especialmente si implican mal humor e irascibilidad, también deben evaluarse. El tratamiento, que puede abarcar terapia, medicación o ambas, suele reducir o aliviar los trastornos en el temperamento, lo que posibilita el servicio misional.

Patrones de pensamiento anómalos. La preocupación y la culpabilidad excesivas pueden afectar gravemente a la capacidad de servir de un misionero. El perfeccionismo, que es una necesidad agobiante de ser perfecto, también puede convertirse en un problema de salud mental que represente una gran traba. Los pensamientos dolorosos recurrentes y los comportamientos repetitivos como el lavarse las manos con excesiva frecuencia son síntomas de trastornos obsesivo-compulsivos en el pensamiento. La terapia de un doctor o profesional de la salud mental a menudo logra buenos resultados en el tratamiento de los patrones de pensamiento anómalos.

Trastornos en el aprendizaje. Dado que la capacidad de aprender y enseñar es la esencia de la obra misional, los problemas de aprendizaje como los trastornos por déficit de atención (TDA) obstaculizan el éxito misional. No obstante, la evaluación y el tratamiento de los trastornos en el aprendizaje pueden mejorar considerablemente la capacidad de aprender. Ciertas trabas en el aprendizaje quizá no sean compatibles con la vida misional. Los padres y los misioneros potenciales deben orar y procurar el consejo de su obispo y de profesionales en cuanto a la viabilidad de servir en una misión de proselitismo de tiempo completo.

Trastornos alimentarios. Teniendo en cuenta que es frecuente utilizar la comida para consolarse y aliviar la depresión o la ansiedad, uno puede terminar comiendo de manera compulsiva y caer en la obesidad. Por otro lado, la presión social que existe para que todo el mundo sea delgado o esté incluso por debajo de su peso puede motivar la anorexia nerviosa o la bulimia, y las dos ponen en grave riesgo la salud. Estos trastornos no se resolverán solos durante la misión. Debido a que son tan difíciles de tratar, puede que no sean compatibles con el servicio misional.

Añoranza. Aunque echar de menos su hogar en cierta medida forma parte de la experiencia de la misión, la separación de los padres y hermanos a veces causa una ansiedad tan intensa que interfiere con la capacidad de dormir o comer. Los misioneros que sufren una grave ansiedad por separación suelen perder peso muy rápidamente. Para prevenir estos problemas, los misioneros potenciales deben familiarizarse con estar fuera de casa. Al participar en acampadas prolongadas o vivir en una residencia universitaria pueden surgir síntomas de una ansiedad por separación grave. Quienes tengan dificultad para desenvolverse normalmente fuera de casa deben procurar tratamiento de un médico o un profesional de la salud mental.

Aptitudes sociales. La obra misional implica estar en contacto y hablar con personas de todas las edades y tomar la palabra en público. Los misioneros potenciales deben acostumbrarse a hablar con personas mayores. Deben entrenarse para ser respetuosos y corteses, adquirir buenos modales en la mesa y respetar las convenciones sociales de la cortesía. Dado que en el campo misional se esperará de ellos que aborden a personas desconocidas y entablen conversación con ellas, los misioneros potenciales deben acostumbrarse a tomar la iniciativa en establecer contacto y conversar con personas ajenas a su círculo habitual de familiares y amigos. Deberán ser conscientes de las diferencias culturales que existen en el mundo.

Empleo. La obra misional es precisamente lo que su nombre indica: una obra, un trabajo. No tiene nada de fácil, así que los jóvenes deben adquirir la capacidad de trabajar de manera responsable. Un empleo enseña hábitos como la puntualidad y la importancia de no faltar al trabajo innecesariamente, llevar a cabo las tareas asignadas correctamente, buscar más trabajo una vez terminada la tarea asignada y no regresar a casa más pronto de lo debido. Un empleo también hace entender a los jóvenes el valor del dinero. Los candidatos a misioneros deben hacer todo lo que puedan para pagar la mayor parte del coste de la misión que les sea posible, más bien que depender de sus padres o de donaciones de otras personas. Cuando uno contribuye a costear su propia misión, suele mostrarse más dispuesto a limitar sus gastos a la modesta asignación misional una vez en el campo misional.

Otras oportunidades misionales

Mientras se preparan para servir, los misioneros potenciales quizá descubran graves problemas físicos o emocionales. Tanto ellos como sus padres deberán ser completamente francos a la hora de indicar todos los problemas de salud y la medicación en curso en el formulario de recomendación misional.

Desafortunadamente, algunos problemas de salud pueden representar obstáculos insuperables para servir en una misión de proselitismo de tiempo completo. La Primera Presidencia declaró lo siguiente: “…hay personas dignas que desean servir, pero que no llenan los requisitos para los desafíos físicos, mentales y emocionales de la misión. Pedimos a los presidentes de estaca y a los obispos que expresen gran afecto y agradecimiento a esas personas y que las eximan honorablemente de las labores misionales de tiempo completo”. En tales casos, las misiones de servicio pueden representar una gran bendición, ya que permiten que estos jóvenes vivan en su casa y reciban una atención médica adecuada mientras crecen y maduran al servicio del Señor. Los padres, obispos y presidentes de estaca pueden animar a los candidatos a efectuar este tipo de servicio y ayudar a establecer oportunidades de servicio adecuadas para ellos.

También se pueden encontrar oportunidades de misiones de servicio en el sitio Web de la Iglesia, www.lds.org. Para consultarlas, seleccione “Other Resources” (Otras fuentes) y después “Mission and Service Opportunities” (Misión y oportunidades de servicio). Otra alternativa muy loable sería proseguir con los estudios superiores o la formación técnica que se hayan emprendido, lo que ayudará a afrontar mejor las trabas crónicas.

Estamos aquí para ayudar

Cuando los misioneros potenciales se preparan con suficiente antelación para enviar los papeles de recomendación misional, pueden detectar y resolver sus problemas de salud, aumentar su resistencia física y estar más preparados mental y emocionalmente para soportar la rigurosa vida característica de los misioneros. Será mucho más probable que lleven a cabo una misión exitosa sin sufrir problemas de salud significativos.

Desafortunadamente, algunos misioneros se enferman o se lesionan de manera impredecible al servir. Hay más de 50 profesionales sanitarios prestando servicio como misioneros de tiempo completo por todo el mundo, además de 200 voluntarios que prestan servicio en las Oficinas Generales de la Iglesia, y todos ellos están ahí para velar por la salud de los misioneros. Hablando en nombre de este pequeño ejército de profesionales, estaremos ahí para ayudar a todo misionero que se enferme o se lesione, y oramos todos los días para que nuestros misioneros estén sanos y salvos de todo peligro mientras sirven al Señor y a Sus hijos.

    Notas

  1.   1.

    “Llegar a ser misioneros”, Liahona, nov. de 2005, pág. 45.

  2.   2.

    Carta de la Primera Presidencia, 30 de enero de 2004.

La Iglesia celebra el 200 aniversario del nacimiento de Wilford Woodruff

El 1 de marzo de 2007 será el 200 aniversario del nacimiento de Wilford Woodruff, el cuarto Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Wilford Woodruff nació el 1 de marzo de 1807 en Farmington, Connecticut, y también creció en aquel lugar. Trabajaba en un molino de trigo. Se unió a la Iglesia en 1833 y sirvió en dos misiones antes de que se le ordenara como apóstol en 1839.

Como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, hizo cuatro misiones más, presidió el Templo de St. George, Utah, y trabajó seis años como historiador de la Iglesia.

Se le sostuvo como Presidente de la Iglesia el 7 de abril de 1889. Dedicó el Templo de Manti, Utah, y el tan esperado Templo de Salt Lake; también supervisó la organización de la Sociedad Genealógica de Utah y recalcó el valor de mantener registros históricos.

El presidente Woodruff fue un fiel pionero y participó en el Campamento de Sión con el profeta José Smith. A los 40 años entró en el Valle del Gran Lago Salado, el 24 de julio de 1847, y se encontraba con Brigham Young cuando éste proclamó: “éste es el lugar”.

“Con maravillas obra Dios” (Himnos, Nº 191) era el himno favorito del presidente Woodruff. “ ‘Le encantaba ese himno’, afirmó el presidente Heber J. Grant [1856–1945], que sirvió como apóstol cuando Wilford Woodruff era Presidente de la Iglesia. ‘Estoy seguro de que lo cantábamos hasta dos veces por mes en nuestras reuniones semanales en el templo, y raramente pasaba un mes sin que el hermano Woodruff pidiera que lo cantáramos. Él creía en esta obra con todo su corazón y toda su alma, y trabajó en ella con todas las fuerzas que Dios le dio para hacerla avanzar’” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. XVI).

Al presidente Woodruff se le recuerda por su gran diligencia en mantener su diario personal. Escribió en su diario durante casi toda su vida de adulto, “haciendo su anotación final el 31 de agosto de 1898, dos días antes de morir” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 131).

En una reunión, enseñó un principio que se puede aplicar tanto a los diarios como a los registros oficiales de la Iglesia: “Cuando se camina en medio de una corriente rápida, nunca se pasa dos veces por la misma agua. Tampoco se puede vivir más de una vez el mismo período de tiempo. Cuando atravesemos el umbral de esa puerta, habremos cerrado para siempre lo que ha pasado en esta reunión; el tiempo que hemos pasado esta noche nunca se repetirá. Entonces, ¿no deberíamos llevar un registro de nuestra labor, de las enseñanzas y de los consejos que hemos escuchado en esta reunión? Eso es lo que debemos hacer” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 132).

Instó a los niños a comenzar a escribir en su diario a una edad temprana: “Si mis jóvenes amigos empiezan a hacer eso y continúan haciéndolo, les será de mucho más valor que el oro en un día futuro” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 137).

Tras mucha meditación y oración, el presidente Woodruff recibió la revelación de que los Santos de los Últimos Días debían abandonar la práctica del matrimonio plural. En 1890 escribió el Manifiesto, en el cual testificó de que la Iglesia había dejado de proclamar esta práctica. Además de convertirse en el portavoz del Señor para aquella revelación, el presidente Woodruff también dejó un legado en el que se recalcó la obra misional y la obra del templo.

El presidente Woodruff murió en San Francisco, California, Estados Unidos, el 2 de septiembre de 1898, a los 91 años.

En 2006, los miembros de todo el mundo aprendieron acerca del testimonio de este profeta gracias al manual Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff. Dicho manual contiene numerosos relatos de la vida y el ministerio del presidente Woodruff.

En su búsqueda de la verdad, el presidente Woodruff sintió la necesidad de ver a un profeta de nuestros días: “Desde que era muy joven, oraba día y noche para poder ver en vida a un profeta. Habría caminado dos mil kilómetros con tal de ver a un profeta o a un hombre que me enseñara las cosas que yo leía en la Biblia. No podía afiliarme a ninguna iglesia, porque no había encontrado ninguna que profesara esos principios” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 21).

El presidente Woodruff enseñó la importancia de la revelación moderna: “La Iglesia de Dios no podría sobrevivir veinticuatro horas sin la revelación” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 48).

También recalcó la revelación personal por medio del Espíritu: “Pueden tener la ministración de ángeles; pueden ver muchos milagros… pero afirmo que el don del Espíritu Santo es el don más grande que se pueda conferir al hombre” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. 50).

El presidente Woodruff exhortó con frecuencia a sus hermanos a que participaran de las bendiciones disponibles en el templo. Dijo lo siguiente: “Considero que la edificación de templos es uno de los requisitos importantes que exige el Señor a los Santos de los Últimos Días en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, para que podamos ir a esos templos y redimir no sólo a los vivos sino a nuestros muertos” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, pág. XXXIV). Con su diligencia característica, fue un ejemplo en el aspecto de la obra del templo y se aseguró de efectuar esta obra por miles de sus antepasados.

A semejanza de otros profetas de sus días, el presidente Woodruff profetizó que llegaría el tiempo en que habría templos por todo el mundo.

Los miembros aúnan esfuerzos tras el terremoto en las islas Hawai

Según las primeras estimaciones, el terremoto de magnitud 6,7 que azotó las islas Hawai el 15 de octubre de 2006 por la mañana temprano ocasionó daños menores en el Templo de Kona, Hawai, y en varios centros de reuniones.

El centro de los temblores, que comenzaron alrededor de las 7.07 de la mañana en la hora local, se situó 16 km al nornoroeste de Kailua-Kona, isla de Hawai. El terremoto se hizo sentir en todas las islas, produciendo un corte de electricidad en Oahu. En la gran isla de Hawai, la electricidad estuvo cortada durante varias horas y se produjeron daños en carreteras, puentes y muchas otras estructuras.

En el Templo de Kona, Hawai, situado en Kailua-Kona, se produjo algún daño en las arañas de luces, así como otros daños menores. No obstante, esto no impidió que se reabriera para la obra dos días más tarde, según el élder Eric B. Shumway, Setenta de Área y Rector de la Universidad Brigham Young–Hawai. No hubo ningún miembro ni misionero que resultara herido, pero todos los centros de reuniones de la Gran Isla sufrieron algún daño, explica el élder Shumway.

El Setenta destaca que los planes para emergencias y catástrofes se pusieron en marcha con rapidez tras el terremoto. “Es maravilloso ver cómo los miembros de la Iglesia aúnan esfuerzos”, dice.

Aley K. Auna, hijo, presidente de la Estaca Kona, Hawai, explica que lo que más le impresionó fue la reacción de los líderes del sacerdocio y de los miembros a los planes de emergencia de la estaca, en los que estaba previsto un plan para terremotos de 6,5 o superiores. Se estableció contacto inmediatamente con todos los miembros de la estaca y se confirmó que estaban sanos y salvos.

En el momento de elaborar este informe, el presidente Auna explicó que las evaluaciones de la seguridad estructural de los edificios de la estaca estaban todavía en curso, y destacó que el centro de reuniones del barrio Kohala, situado en el vecindario más cercano al epicentro, tenía algunas grietas en los muros y varias luces dañadas. Otros daños significativos se produjeron en el centro de reuniones del barrio Keei, cuando una antena parabólica cayó de su base y dañó una esquina del alojamiento de los misioneros, que se encuentra en el terreno del centro de reuniones. También se cayeron algunos techos falsos en el interior.

En Oahu, no se dio parte de ningún daño en el Templo de Laie, Hawai. Tampoco hubo daños en la Universidad Brigham Young–Hawai ni en el Centro Cultural Polinesio, y sólo se produjeron cortes de electricidad.

Adaptado de Church News, 21 de octubre de 2006.

Solicitud de artículos

La revista Liahona invita a los adultos, jóvenes y niños a compartir la influencia que ha tenido en su vida el testimonio del Salvador. ¿De qué manera ha modelado su vida su creencia en Jesucristo? ¿Qué significa la Expiación para usted?

Tenga la bondad de limitar el artículo que nos envíe a 500 palabras como máximo, titúlelo “testimonio” y envíelo para el 16 de abril de 2007 a liahona@ldschurch.org o a Liahona Editorial, 50 E. North Temple St., Room 2420, Salt Lake City, UT 84150-3220, USA.

No olvide indicar su nombre, dirección, número de teléfono, dirección de correo electrónico, barrio y estaca (o rama y distrito), e incluir una foto (acompañada de una autorización escrita para imprimirla).

Ideas adicionales del Tiempo para Compartir, marzo de 2007

Las siguientes son ideas adicionales que las líderes de la Primaria pueden emplear junto con el Tiempo para compartir de la revista Liahona de marzo de 2007. Para saber qué lección, instrucciones y actividad se corresponden con estas ideas, consulte el artículo “Tratar, tratar, tratar” en las páginas A4 y A5 de la sección para los niños de este ejemplar.

  1. 1.

    Lleve al aula un diccionario, algunas Biblias y un himnario y diga a los niños que van a utilizar esos materiales para estudiar las Escrituras. Explíqueles que cuando estudiamos las Escrituras a conciencia hacemos más que simplemente leerlas. Pida a los niños que busquen Santiago 1:5. Divida la Primaria en grupos y dé una asignación a cada uno. Entregue el diccionario a un grupo de niños y pídales que busquen las palabras que les resulten difíciles, como abundantemente o reproche. Pida a otro grupo que busque José Smith—Historia 1:11 para descubrir por qué Santiago 1:5 es tan importante. Pida a otro grupo que se valga del índice del himnario para buscar un himno relacionado con Santiago 1:5. Entonces pida a cada grupo que informe de lo que haya aprendido y que le permita entender más plenamente este importante pasaje. José Smith leyó este pasaje y recibió la impresión de orar. Diga a los niños que nuestro Padre Celestial también contestará sus oraciones.

    Si fuera posible, hable de una ocasión en la que recibiera una respuesta mediante la oración y el estudio de las Escrituras. Testifique de las bendiciones que se reciben por medio de la oración y del estudio de las Escrituras.

  2. 2.

    Muestre un calendario y pregunte a los niños cuándo es el día de reposo. Dígales que antes de la resurrección de Jesús, el día de reposo era el día séptimo, como se indica en Génesis 2:2–3. Comente que dos de los niños mayores van a explicarles más sobre el día de reposo. La semana anterior, pida a un niño que prepare un resumen de “La historia del día de reposo” y a otro que prepare un resumen de “El día del Señor” del capítulo 24 del manual Principios del Evangelio, de la Escuela Dominical.

    Invite a los niños a ayudarle a preparar un lista de cosas que podemos hacer para santificar el día de reposo. El listado del capítulo 24 de Principios del Evangelio es una fuente excelente. Céntrense en lo que debemos hacer más que en lo que no se debe hacer.

    Canten una canción o un himno sobre el día de reposo. Muestre una lámina de Jesucristo y exprese su amor por el Salvador y la felicidad que le brinda el tener un día a la semana para recordar al Señor, estudiar Su Evangelio, tomar la Santa Cena, descansar del trabajo, etc. Testifique de Su divinidad.

  3. 3.

    Presentación cantada: “Yo trato de ser como Cristo” (Canciones para los niños, pág. 40; Liahona, abril de 1990, págs. A6–A7). Muestre el dibujo que acompaña a la canción. (De ser posible, agrándelo para que puedan verlo más fácilmente.) Pida a los niños que se imaginen qué razón podría tener la niñita para estar llorando. Pregunte qué está haciendo el niño y de quién puede tratarse. Sugiera que tal vez podría ser el hermano mayor de la niña. Canten “Yo trato de ser como Cristo” y explique que Jesús nos consuela, nos enseña y nos ama, como el hermano mayor del dibujo. Enseñe la letra haciendo que los niños den golpecitos con los dedos (dos dedos de una mano golpean la palma de la otra) al ritmo de la primera estrofa mientras usted la canta. Destaque la semejanza de la segunda estrofa. Pídales que canten las primeras frases varias veces con usted. Cante la segunda parte de la estrofa e invite a los niños a buscar Juan 13:34 y comparar las palabras del pasaje con la letra del estribillo. Cante el estribillo mientras los niños buscan el pasaje. Explique que cuando nos amamos unos a otros, estamos observando un mandamiento importante porque eso es lo que enseñó Jesús. Después de cantar el estribillo varias veces, practiquen el pasar de la estrofa directamente al estribillo. Aliente a los niños a ser como el niño del dibujo y amar a sus familias, a sus amigos y a su prójimo. Cuando lleguen a amar tal y como amó Jesús, estarán siguiendo Su ejemplo. Testifique de la importancia que tiene el seguir al Salvador.