Un día en la vida de un misionero


Ven y echa un vistazo a las bendiciones y a las dificultades de la vida misional.

“Eh, despierte”, dice alguien que te zarandea suavemente. Medio dormido, miras el reloj que hay al lado de la cama. ¿Las 6:30 de la mañana? ¿Qué sucede aquí? Un momento. Ése no es tu reloj. Ni ésta tu cama. ¿Dónde estás?

“Eh”, dice la voz, “usted es el que quería acompañarnos. Es hora de comenzar la jornada”.

Mientras investigas al misionero que hay al lado de tu cama, terminas por recordar lo que está pasando. Las revistas de la Iglesia te ofrecieron la oportunidad de seguir a un compañerismo de misioneros durante un día y no dudaste en aceptar la oportunidad de ver en qué consiste eso de la vida misional.

Pero no sabías que iba a empezar tan temprano.

“Hola, soy el élder Jesse Ward, de Utah”, dice el misionero alto mientras te incorporas. “Bienvenido a España. Éste es mi compañero, el élder Pierrick Triplet”.

El élder Triplet es de Francia y no sólo está aprendiendo español, sino también inglés. A pesar del reto de tener que aprender dos idiomas a la vez, el élder Triplet se siente agradecido por estar en la misión.

“Soy converso”, dice. “Ha habido un gran cambio en mi vida y me gustaría que en la otras personas también lo hubiera. Ser misionero puede resultar una labor difícil, pero ver a alguien cambiar su estilo de vida merece la pena”.

Ya tienen toda tu atención. Siempre has oído que la misión pueden ser los mejores dos años de tu vida y hoy tendrás la oportunidad de averiguar el porqué.

6:41 hrs. Después de orar, los misioneros dedican un tiempo a hacer ejercicio físico. Flexiones, abdominales y un poco de pesas suelen ser el pan de cada día para el élder Ward. Después de la ducha y de afeitarse, toca desayunar. Cereales fríos es lo favorito.

8:07 hrs. Los misioneros dedican mucho tiempo a estudiar individualmente y como compañerismo a fin de obtener la palabra antes de declararla (véase D. y C. 11:21). Después del estudio del idioma y del estudio personal de las Escrituras, llega la hora del estudio de compañerismo con Predicad Mi Evangelio.

9:55 hrs. Al comienzo del día, durante el día y al final de la jornada, los misioneros dedican bastante tiempo a planificar. No sólo hablan de lo que van a hacer, sino de lo que necesita cada investigador.

Hoy, los élderes hablan de un hombre de Francia, un investigador al que van a invitar a bautizarse.

“Está preocupado”, dice el élder Triplet. “No se siente digno”.

“Hablemos del arrepentimiento y de cómo Dios no recuerda más nuestros pecados”, sugiere el élder Ward una vez que el compañerismo ha tratado el caso. “¿Por qué no le enseña en francés a fin de asegurarnos de que entienda?”.

Lo último que los élderes hacen antes de salir es orar… otra vez. Ésta es una de las muchas oraciones que van a ofrecer hoy. La obra misional requiere mucha ayuda celestial. Entonces salen por la puerta y se apresuran a llegar a la parada del autobús.

11:09 hrs. Los misioneros hablan del Evangelio con cualquier persona, en cualquier momento y en cualquier lugar, pues nunca saben quién puede tener interés. Mientras esperan el autobús, los misioneros conversan con un joven y le dan un folleto con su teléfono escrito en él.

11:21 hrs. Después de diez minutos en autobús y de una corta caminata, los misioneros llegan al centro de reuniones de alquiler casi al mismo tiempo que el investigador. La reunión empieza bien, pero las inquietudes del investigador alargan la lección de los 45 minutos que habían planeado hasta más de una hora.

“Fue la lección más frustrante en la que he estado”, dice luego el élder Triplet. “Le gusta la Iglesia y cree que es verdadera. Desea pagar el diezmo. Pero no cree que tenga que bautizarse de nuevo. Era un poquito discutidor”.

“Es un gran tipo”, dice el élder Ward, negando con un movimiento de la cabeza lo que había dicho su compañero. “Puede que la próxima vez esté preparado para hablar del bautismo”.

14:06 hrs. Los misioneros suben a otro autobús, esta vez en dirección a El Casco, el famoso barrio histórico de Toledo, España. Pasan por el negocio de un investigador y le invitan a una actividad que hay esa noche.

“Es fácil perderse aquí si no se presta atención”, dice el élder Ward refiriéndose al laberinto de callejuelas salpicadas de edificios que parecen inclinarse sobre el caminante.

14:24 hrs. Mientras recorren las estrechas calles, los misioneros se detienen a ayudar a una mujer que va cargada. Aprovechan el momento para explicarles quiénes son y lo que hacen, pero la mujer no tiene interés.

14:47 hrs. Es la hora de la siesta en España, así que los misioneros toman un autobús de regreso a su apartamento, o piso, para almorzar. “Todo está cerrado entre las 2 y las 4 de la tarde”, explica el élder Ward. “Algunos se enfurecen si llamas a su puerta”.

“Esto es chorizo”, te explica el élder Triplet, señalando a su almuerzo. “Es una comida típica. Comemos mucha pasta con chorizo porque es un plato barato y fácil de preparar”.

“La misión es una gran preparación para el matrimonio”, dice el élder Ward entre risas mientras prepara su concentrado de zumo(jugo). “Uno tiene que aprender a relacionarse bien con los demás, a cocinar, limpiar, lavar la ropa, preparar un presupuesto y cuidarse”.

16:24 hrs. De vuelta en El Casco, los misioneros se reúnen con un consejero de la presidencia de la misión para tratar los esfuerzos actuales que se estén haciendo en cuanto al programa de activación.

“Es un área magnífica”, dice el élder Ward, agregando que la asistencia semanal a las reuniones ha pasado de unos 15 a unos 80 miembros gracias al ejemplo de hermanamiento de una familia.

16:59 hrs. Los élderes disponen ahora de un tiempo con el que no habían contado, pero los misioneros están acostumbrados a planificar sobre la marcha. El plan B es tocar puertas.

17:42 hrs. En El Casco, donde casi todo el mundo vive por encima del nivel del suelo, tocar puertas suele implicar conversar con gente desde sus balcones. Aun en ciudades históricas, el misionero debe tener cuidado con los perros.

Los élderes tienen algún éxito. “Hemos encontrado a una gente magnífica”, dice el élder Ward. “Había unos jóvenes de Paraguay que nos invitaron a regresar mañana”. Y algún fracaso. “Estuvimos media hora hablando con un hombre”, dice el élder Triplet. “Pero era como hablarle a una pared”.

19:45 hrs. Dos autobuses más tarde, los élderes llegan a la actividad que habían planeado con las hermanas misioneras que trabajan en la misma ciudad, las hermanas Kathleen Bonifay y Brittany Hofman.

La gente a la que esperan no aparece. “Pasa algunas veces”, explica el élder Ward, pero tras algunas caminatas, los misioneros logran reunir a un puñado de investigadores que viven cerca. Después de un himno y un video, se siente la influencia del Espíritu Santo mientras los misioneros testifican que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo. La actividad es un éxito.

“El Señor nos cuida cuando damos lo mejor de nosotros al planificar y trabajar”, dice la hermana Bonifay.

21:13 hrs. Después de caminar hasta la parada del autobús, los élderes y las hermanas regresan a sus respectivos apartamentos, desde donde llaman a sus líderes, analizan el día y los planes a largo plazo y hacen planes para el día siguiente.

“Pues esto es lo que hacemos”, te dice el élder Ward. “No cambia mucho”.

El élder Triplet sonríe. “Somos los mismos ayer, hoy y mañana”.

Las cosas no salieron exactamente como los élderes habían planeado, pero igualmente fue un buen día. Lograron algunos contactos buenos, realizaron una actividad poderosa, testificaron de Cristo y se esforzaron por seguir las impresiones del Espíritu Santo.

“He oído a gente decir que éstos son los mejores dos años de su vida”, dice el élder Triplet. “Los dos años son magníficos, pero ello no quiere decir que sean necesariamente los mejores 730 días de mi vida. Hay días que parecen no tener fin, pero me ha encantado ser misionero”.

El élder Ward está de acuerdo. Tiene sentimientos contradictorios por tener que marcharse. “Siempre había pensado que estaría entusiasmado ante la idea de volver a casa”, dice. “Pero ahora veo la vida de manera diferente. Me encanta esta vida. Soy misionero y cada día hablo de Cristo con la gente. Irme será un momento tan dulce como triste”.

También tú has saboreado un poco de la obra misional. Es una obra emocionante, pero también extenuante. Ha llegado el momento de descansar y de prepararte para cuando seas misionero. Por lo general, ese día llega antes de lo que piensas.