Evita que los mensajes de texto se adueñen de tu vida


“Estoy tan contenta de volver a ver a mi amiga”, repetía una joven a sus padres mientras se preparaba para aquella reunión especial. Hacía poco que había vuelto a casa después de vivir en un lugar muy alejado y llevaba mucho tiempo soñando con ese momento.

Cuando las dos amigas se vieron, todo fue sonrisas. Se abrazaron y rieron mientras se iban juntas a disfrutar de la alegría del reencuentro. Sin embargo, los padres de la joven se quedaron sorprendidos cuando su hija volvió a casa mucho antes de lo que esperaban.

“¿Ha pasado algo?”, le preguntaron.

“Estaba muy animada para hablar como lo hacíamos antes, pero ella se pasó todo el tiempo enviando mensajes de texto a sus otros amigos”. El dolor y la decepción eran evidentes en ella mientras decía: “Ojalá que nunca se hubieran inventado los mensajes de texto”.

Como sucede con cualquier método de comunicación, los teléfonos celulares o móviles, con capacidad para enviar mensajes de texto, pueden ser algo positivo o negativo, según el uso que se les dé. Es posible contar historias de cómo una felicitación de cumpleaños enviada por este medio alegró a una persona o de cómo se evitó un desastre cuando alguien avisó rápidamente por el mismo método de algún peligro. Sin embargo, también hay relatos que no son muy positivos de jóvenes que envían este tipo de mensajes durante la Escuela Dominical o las clases de seminario, de personas a las que les hiere el contenido de los mensajes o, como en el ejemplo anterior, de personas que evitan o no tienen en cuenta a quienes están a su lado porque su atención está en enviar mensajes de texto.

Al igual que el correo electrónico, los mensajes de texto pueden ser una manera magnífica de comunicarse y de fortalecer una relación, pero no son la relación en sí. Si se gestionan y controlan, estos mensajes pueden tener efectos positivos; pero si se les permite dominar nuestra vida, pueden resultar molestos y hasta nocivos.

Tendencias perturbadoras

Preguntamos a varios ex misioneros acerca de los mensajes de texto. Estos amigos que sirvieron en sus misiones en un entorno “libre de mensajes” nos comentaron ciertas tendencias perturbadoras que han detectado al volver a casa. Nos hablaron de cómo esta actividad puede crear una falsa sensación de seguridad, falta de habilidad para comunicarse y producir cierto desapego emocional.

“Es muy fácil sentir que gozas de una muralla que te protege cuando estás enviando mensajes de texto”, dijo uno. “Es fácil enviar una invitación desconsiderada o una respuesta mordaz porque te sientes seguro”. Esa sensación no siempre es saludable. Se asemeja a gritarle a otro conductor desde la seguridad del interior de tu automóvil. La distancia hace que te sientas cómodo para decir cosas que nunca dirías directamente a la cara. ¿Alguna vez un maestro ha escrito comentarios duros o incluso crueles en un trabajo o en un relato al que dedicaste horas de preparación? De lejos, el maestro se sentía protegido al hacer una evaluación que tal vez no haya sido edificante. De haber estado conversando juntos, el uno frente al otro, es probable que sus comentarios hubieran sido mucho más suaves y diplomáticos.

Otro ex misionero comentó que, en su opinión, los mensajes de texto empobrecen nuestra capacidad comunicativa. “¿Cuándo se aprende a tener una conversación que dura más de unos minutos?”, preguntó. “¿Cuándo se aprende a escuchar los mensajes que se expresan de forma verbal y también no verbal?” Agregó que le parece hasta gracioso caminar por un campus universitario o por un aeropuerto y ver cómo todos se comunican con teléfonos móviles con alguien que está “ahí afuera” y no toman en cuenta a los que están “a su lado”. Este ex misionero dijo: “Me parece que debiera ser al revés; es como la persona famosa que está absorta y obsesionada por comunicarse con su público en una película o en un CD, pero que trata mal a los miembros del elenco, a sus ayudantes o a los ‘fans’”.

“Puede que la desventaja más grande de los mensajes de texto es que te permiten mantenerte a distancia de las personas”, dijo otro ex misionero. Las relaciones personales son como las cuentas bancarias: sin ingresos no hay intereses. Si inviertes poco en tus esfuerzos por relacionarte con otras personas, recibes muy poco a cambio. Ese ex misionero agregó: “Sucede lo mismo con los investigadores. Si no les demuestras tu amor y no te importan, tal vez te ahorres mucho dolor si rechazan tu mensaje, pero nunca sabrás lo que podría haber sucedido si hubieras dado todo de ti”. Los mensajes de texto pueden también privar de cualquier emoción las interacciones que tanta importancia tienen en nuestra vida. “Es como cocinar sin especias; de seguro que te privas de muchas cosas”.

Mantente en control

¿Cómo se pueden evitar los aspectos negativos de los mensajes de texto y emplearlos de manera apropiada? Estos ex misioneros nos dieron unos consejos estupendos: envía mensajes cuando estés solo, mantén un equilibrio entre los métodos de comunicación electrónicos y no electrónicos y busca un entretenimiento más variado.

“Habla con la gente”, dijo un ex misionero. “Aprende a iniciar una conversación con alguien a quien no conozcas. Pregúntale: ‘¿De dónde eres?’, o ‘¿Siempre has vivido por aquí?’. Ésta es una de las cosas que más les cuesta a los misioneros nuevos y no debiera ser así. No debiera costarles conversar con la persona que les está cortando el cabello o con alguien en la fila del supermercado. No tienes que dirigirte a un desconocido en plena calle; basta con comentarle o preguntarle algo a la persona que esté sentada a tu lado en el metro (subterráneo)”.

Otro ex misionero dice: “Los mensajes de texto, el escuchar los mensajes del contestador y hasta el responder a las llamadas puede esperar. Hazlo cuando estés a solas y no delante de otras personas”. También dijo: “Mi presidente de misión tenía un teléfono celular pero desconectaba el sonido y jamás lo atendía en una conferencia ni durante una entrevista. Siempre sabíamos que en ese momento éramos su prioridad”.

Para muchas personas, el envío de mensajes de texto puede ser una forma de entretenimiento. “Qué triste si eso es a todo lo que aspiras”, dijo una ex misionera. ¿Qué les vas a decir a tus hijos cuando te pregunten cómo te divertías cuando eras joven? ¿De verdad querrás admitir que toda tu diversión se centraba en videos, videojuegos y mensajes de texto?” La ex misionera preguntó: “¿Qué hay de malo en salir con jóvenes del sexo opuesto y hacer algo creativo, realizar juegos de mesa o simplemente sentarse a contar cosas divertidas y llorar de la risa?”.

La experiencia de Russell

Cuando Russell regresó a casa procedente de la misión estaba animado por tener un teléfono celular. Antes había tenido uno pero sin capacidad para juegos, cámara ni envío de mensajes. A las pocas semanas de estar nuevamente en casa, le pidieron ayuda para colaborar en una venta de objetos usados que se realizaba en el jardín de un vecino. Mientras la gente curioseaba los diferentes objetos expuestos sobre el césped, Russell jugaba con su teléfono nuevo y empezó a escribirle un mensaje a un amigo sobre lo mucho que echaba de menos la misión. De repente se fijó en una mujer que parecía algo confusa al mirar algunos de los objetos. Guardó el teléfono y se acercó hasta ella. Averiguó que era nueva en el lugar y que hablaba español pero muy poco inglés. Como Russell había servido en una misión en España, a ella le dio mucho gusto que él le hablara en español. En cuestión de minutos, no sólo la ayudó a elegir varios objetos, sino que también tomó nota de su nombre y dirección para que los misioneros fueran a visitarla.

Russell dice: “Allí estaba yo, escribiéndole un mensaje de texto a un amigo sobre lo mucho que echaba de menos la misión y casi desaprovecho una oportunidad misional. Cuando guardé el teléfono, terminé por conseguir una referencia para los misioneros. Era feliz por tener un teléfono celular nuevo y me divertía mandando mensajes a mis amigos, pero nada me hizo más feliz que conseguir aquella referencia para los misioneros”.

¿Existen momentos y lugares apropiados para enviar mensajes de texto con el teléfono celular? Claro que sí. Pero debemos evitar que esa actividad domine nuestra vida.

Capta el mensaje

Los mensajes de texto por celular pueden tener un buen uso. Tres alumnos de seminario de la Escuela Secundaria Skyline, de Salt Lake City, Utah, compartieron estos ejemplos del buen uso que ellos y otros jóvenes han dado a sus pulgares.

  • Mitch recibió un mensaje de texto en el que se le agradecía algo que había hecho; se sintió muy bien por ello. No toma mucho tiempo enviar mensajes sencillos y positivos como éste, pero sí pueden alegrarle el día a alguien.

  • La maestra de Escuela Dominical de Mary-Martha se valió de los mensajes de texto para recordarles a sus alumnos la celebración de una actividad de la Iglesia.

  • Bridger le envió un mensaje a su amigo para preguntarle si iba a ir a seminario. Puedes valerte de este servicio para invitar a las personas a seminario o a las actividades de la Mutual sin que se sientan presionados. También puedes utilizar este medio para decirle a alguien cuánto le has echado de menos en una actividad e invitarle a la siguiente.

  • El amigo de Mitch descargó las Escrituras en su teléfono. Enviar un pasaje predilecto de las Escrituras tal vez llegue a cambiar la vida de una persona y a conmoverle el corazón.

  • A Bridger le gusta enviar a sus padres un mensaje para preguntarles cómo les ha ido ese día. En vez de aislarte, este tipo de mensajes de hecho podría fortalecer tu relación con tu familia.

El uso que les des a los mensajes de texto depende de ti. Puede ser un instrumento útil, pero no dejes que sustituya la comunicación en persona.