2008
¿Por qué estaba despierto a las 3 de la mañana?
Enero de 2008


¿Por qué estaba despierto a las 3 de la mañana?

Al principio pensé que Eva, mi esposa, me había empujado suavemente, pero al volverme, pude ver que seguía dormida. Al incorporarme, recibí la clara impresión de que debía ir a la sala de estar, así que me levanté sin hacer ruido y avancé por el pasillo. Mientras pasaba frente a los cuartos de los niños, comprobé que éstos seguían profundamente dormidos.

Ya en la sala de estar, la estufa de carbón desprendía un calorcillo agradable mientras aún consumía el mineral que le quedaba de aquella tarde. El regulador del tiro estaba en la posición correcta y la estufa parecía funcionar adecuadamente. Todo parecía normal; hasta el perro estaba dormido, ajeno a mi presencia. Afuera sólo podía vislumbrar unas sombras inmóviles que se proyectaban sobre nuestro jardín cubierto de nieve.

Volví a examinar la sala y me quedé perplejo. La impresión había sido muy real. Entonces, ¿qué hacía a solas en la sala de estar a las 3 de la mañana? Aguardé unos minutos más y finalmente decidí volver a la cama.

En el momento en que me encaminaba hacia mi habitación, oí un sonido metálico a mis espaldas. Me volví rápidamente y vi una nubecilla de humo y chispas que salían de la parte de atrás de la estufa. Se había desprendido un remache del tubo y una sección de éste se había desplazado hacia abajo, dejando a la vista un hueco en el tiro de la chimenea.

Llamé a Eva para que me ayudara y luego rápidamente me puse un par de guantes gruesos que guardaba cerca de la estufa y coloqué de nuevo la sección del tubo en su sitio. Después de volver a encajar la pieza, ayudé a mi esposa a airear el humo que había en la sala. Luego examinamos los daños.

Las brasas y el hollín habían quemado sólo una pequeña parte de la alfombra, pero de no haber estado allí cuando se desprendió la sección del tubo, toda la sala de estar habría quedado rápidamente envuelta en llamas. Gracias a la suave pero indeleble impresión del Espíritu Santo se evitó la probable destrucción de nuestro hogar y la posible pérdida de nuestra vida.

Al volver a la cama me sentí agradecido porque un amoroso Padre Celestial, que rige sobre todas las cosas, me avisó que un pequeño remache estaba a punto de ceder aquella fría noche de invierno.