Perfecta para la tarea


Hay mucho movimiento en el pueblo rural de Nsawam, en Ghana —conocido como “pueblo del pan”, por los muchos vendedores de pan que tienen puestos en el camino o que lo llevan sobre la cabeza en cestas que se balancean precariamente—, lugar donde vive Princella Djanku, una joven de la Rama Djankrom, Distrito Asamankese, Ghana. Princella se bautizó cuando tenía nueve años, y ella, su hermano gemelo, Prince, y el resto de la familia son todos miembros activos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuando le tocó buscar un proyecto para su Progreso Personal, Princella no tuvo que ir muy lejos: en su propia rama había una misionera de servicio humanitario, la hermana Thompson, que se esforzaba por enseñar inglés a los adultos del pueblo. Como la mayoría de la gente de Nsawam no sabe inglés y la hermana misionera no hablaba twi, el dialecto local, le era muy difícil comunicarse con sus alumnos.

Pero ahí estaba Princella, que había aprendido inglés en la escuela y que habla los cuatro dialectos de la región, incluso twi. Era perfecta para la tarea porque se podía comunicar con todos.

“La obra de ayudar en la clase de alfabetización se me ocurrió cuando llegué al valor del conocimiento [en el programa de las Mujeres Jóvenes]”, dice. “Al principio pensé que me sería muy difícil ponerme frente a mis madres y padres [los adultos del pueblo] para enseñarles inglés. Las dos primeras semanas no fue fácil, porque pensaban que yo estaba allí para burlarme de ellos; pero un día tuve la oportunidad de explicarles mis intenciones”. Después, todo marchó bien y la comunicación entre la jovencita maestra y los alumnos adultos fue mucho mejor.

Después de terminar ese proyecto, Princella pensó en dejar la clase, pero al fin decidió que no lo haría. “La clase de alfabetización es muy interesante y no quiero abandonarla nunca”, afirma. Y continúa prestando servicio con amor, recordando que los que están al servicio de sus semejantes también están al servicio de Dios.

Desde entonces, ha ganado el premio “Reconocimiento a la joven virtuosa”, y comenta: “El programa de las Mujeres Jóvenes ha hecho aumentar mi testimonio de la Iglesia. Sé que José Smith fue llamado por Dios y que la Iglesia es verdadera. Sé que el presidente Thomas S. Monson es un profeta viviente y que recibe revelación para toda la Iglesia; sé que la doctrina y los principios de ésta son todos verdaderos”.

Aunque ya no tiene edad para estar en las Mujeres Jóvenes, Princella todavía está en el programa, pues ha sido llamada para ser secretaria de la presidencia de las Mujeres Jóvenes de la rama.

Como una de sus metas, desea cumplir una misión para la Iglesia cuando tenga veintiún años; así podrá compartir su testimonio con otras personas y continuar su tradición de brindar servicio.