Para ser más como Cristo


“El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Le enseñé a un amigo

Christian S., 10 años, Arizona, E.U.A.

Salí en un viaje escolar de dos días con otros compañeros de quinto y sexto año para estudiar paleontología, y tres de mis amigos y yo compartimos la misma habitación del motel donde nos hospedamos. Uno de ellos encontró una Biblia en el cajón de la mesita de noche, la hojeó y después me preguntó si lo ayudaría a leerla. Me quedé sorprendido porque no conocía ninguno de los relatos de las Escrituras que yo pensaba que todo el mundo conocía. Le enseñé acerca de la Creación, de Adán y Eva, y de la Resurrección. También le conté acerca de José Smith y le conté algunos relatos que aprendí en la Primaria.

Después de eso, pensé que debíamos orar; dejé que mi amigo dijera la oración. Yo le dije cómo hacerla, diciéndole las frases, una por una, y pidiéndole que las repitiera. Yo sentía algo cálido y mi amigo dijo que sentía algo bueno en su interior.

Nunca pensé que eso sucedería en un viaje escolar. Estoy contento porque cuando tuve la oportunidad de ser un misionero, estuve preparado y no tuve miedo de compartir mis creencias.

El secreto para lograr el éxito

Edis Hazel T., 11 años, El Salvador

Cuando era pequeño y estaba aprendiendo a leer, fue muy difícil, pero con la ayuda de mi mamá y de mi Padre Celestial, aprendí a leer. Renzo, mi mejor amigo, también tenía dificultades para aprender a leer.

Un día le dije que le daría un secreto para ayudarlo a aprender a leer, ya que a mí me había dado resultado. Al salir al patio de la escuela, le enseñé a orar; Renzo hizo una oración al Padre Celestial y le pidió ayuda.

Cuando terminó el año escolar, tanto él como yo recibimos una medalla de honor en lectura, debido a la ayuda de nuestro Padre Celestial; sé que Él contesta nuestras oraciones.

Fútbol en domingo

DJ W., 9 años, Dakota del Sur, E.U.A.

Mi equipo de fútbol salió en un torneo un viernes, sábado y domingo. Mamá me preguntó lo que iba a hacer en cuanto el juego del domingo. Le dije que no lo sabía. Papá me animó para que orara, de manera que oré sobre el asunto. Esa noche, se me quedó grabada en la mente la canción “El valor de Nefi” 1 . Mi Padre Celestial contestó mis oraciones con esa canción para que recordara tener valor para obedecer Sus mandamientos. El domingo, después de salir de las reuniones, sabía que mi equipo estaría jugando; me sentí triste por no poder ayudarlos, pero sabía que estaba haciendo lo correcto. Estoy agradecido a mi Padre Celestial por ayudarme a tomar la decisión correcta, a pesar de que fue difícil.

    Nota

  1.   1.

    “El valor de Nefi”, Canciones para los niños, pág. 64–65.

El traje inmodesto

Para el programa escolar de fin de año, presentaríamos una obra musical. Yo me sentía muy emocionada, sobre todo porque participaría en ella. Asistí a todos los ensayos, a pesar de que no hubo nadie que pudiera llevarme. Cuando la maestra nos mostró los trajes que nos íbamos a poner, yo me sentí desanimada porque era inmodesto.

Le dije que no me pondría ese traje, y se molestó conmigo; me dijo que a ninguna de las otras muchachas les había parecido mal, y que si no deseaba ponérmelo, no participaría. Incluso hizo lo que pudo para que mi madre me convenciera para ponérmelo. Pero yo sabía que debía guardar los mandamientos, de modo que dije que no participaría.

Entonces, unos días antes del programa, la maestra consiguió nuevos trajes que eran modestos. Me siento feliz porque no pensé que estaría bien vestirme de manera inmodesta “sólo esta vez”.

Estera C., 12 años, con la ayuda de Cecilia Squarcia, Italia.

Izquierda: Ilustración por Julie F. Young.

Modestia