Una prueba de honradez


No era una prueba de nuestra habilidad para las matemáticas ni nuestra amistad; era una prueba de nuestra honradez.

Patricia: Mi mejor amiga, Francini, y yo somos de las pocas personas miembros de la Iglesia de nuestra escuela en Brasil, y muchas veces nos damos cuenta de que las cosas pequeñas que hacemos marcan una gran diferencia.

Una de esas cosas pequeñas ocurrió en la clase de matemáticas del sábado que Francini y yo tomábamos juntas. Aquel día en particular, Francini había faltado. Yo no estaba prestando mucha atención cuando el profesor puso el examen de ella sobre mi escritorio y me pidió que se lo entregara.

Como Francini y yo ya habíamos hablado acerca de cómo pensábamos que nos había ido, me sorprendió que su calificación fuera más alta de lo que esperábamos. Miré su examen y me di cuenta de que el profesor no había marcado correctamente una respuesta equivocada. Sin siquiera pensarlo, le dije al profesor que la calificación de Francini era demasiado alta.

De lo que no me di cuenta fue de que toda la clase me miraba. Tan pronto como dije esas palabras, la clase comenzó a criticarme, diciendo que estaba mal que le hiciera eso a una amiga y que lo único que quería era que mi calificación fuera más alta que la de ella.

Yo me sentía confundida y molesta por su actitud. Estaba segura de que había hecho lo que Francini hubiera hecho. Sin embargo, alguien dijo que era imposible que alguien fuera tan honrado como para bajar su propia calificación. Todos me veían como una persona que había traicionado a una amiga. Intenté decirles que Francini habría sido honrada con respecto a su calificación y que en el mundo todavía hay personas honradas.

Después de discutir mucho, el profesor y la clase decidieron que nos pondrían a prueba. El profesor dijo que dejaría la nota incorrecta en el examen de Francini y que esperaríamos para ver su reacción el lunes.

No me gustó la idea; consideraba que no era justo poner a Francini a prueba, pero el profesor ya había tomado su decisión y yo no podía cambiarla.

Ese fin de semana, a pesar de que confiaba en que Francini haría lo correcto, lo pasé nerviosa por lo que podría suceder. Oré fervientemente para que se diera cuenta del error que había en su examen.

En la clase de matemáticas del lunes, la clase entera prestaba atención mientras Francini recogía su examen.

Francini: Poco después de comenzar la clase del lunes, el profesor me entregó mi examen de matemáticas. Estaba a punto de guardarlo sin siquiera haberlo mirado, cuando me di cuenta de que la calificación era más alta de lo que esperaba. Levanté la mano y fui hasta el escritorio del profesor. Le pregunté si había corregido el examen correctamente, a lo que respondió que sí lo había hecho. Entonces le mostré mi examen y dije: “Pero cometí un error”. En ese momento, Patricia también se acercó al escritorio del profesor y le dijo que en el examen de ella también no había marcado una respuesta incorrecta y que, con toda la confusión del sábado, ella no se había dado cuenta.

La clase en seguida estalló en murmullos. Algunos empezaron a decir que Patricia me había dicho lo que sucedía, pero otros sonreían avergonzados. Yo me sentía confusa ante las diferentes reacciones por lo que estaba sucediendo.

Más tarde, Patricia explicó lo que había sucedido el sábado. Me sorprendió enterarme de que me hubiesen puesto a prueba en algo que nada tenía que ver con las matemáticas y que mis compañeros de clase hubiesen reaccionado de esa manera con mi amiga. De todos modos, me sentía feliz por haber sido honrada y porque las oraciones de Patricia me habían ayudado a darme cuenta del error que había en mi examen. También estoy agradecida porque mi amiga creyó en mí.

Patricia y Francini: Las dos aprendimos una gran lección gracias a esta experiencia. Nuestros testimonios han crecido en cuanto al importante papel que los Santos de los Últimos Días tienen de ser testigos de Jesucristo y ejemplos de Sus principios. Estamos agradecidas al Señor por Su evangelio, el cual nos da la oportunidad de marcar la diferencia.

Ilustración por Natalie Malan.