Cómo se forma una montaña

Por Adam C. Olson

Revistas de la Iglesia

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    Por ser guía e intérprete de giras en el Parque Nacional Yushan de Taiwán, a Chén Yù Chuàn (Richard) se le asigna muchas veces la responsabilidad de acompañar por el parque a visitantes importantes. Al preguntarles lo que les gustaría ver, por lo general desean ir hasta la cima del monte Yushan (Montaña de Jade), que es el pico más elevado del noreste de Asia, con 3.952 m de altura (12,966 pies).

    Richard es un apasionado de la naturaleza y le encantan la belleza y la majestad del Yushan; no obstante, ha aprendido por experiencia algo muy importante que trata de comunicar a sus visitantes: el verdadero valor de la vista espectacular que se domina desde arriba se disfruta realmente sólo después de haber pasado por lo que hay abajo.

    La visita a la cima, con sus senderos abiertos por el hombre y su magnífico panorama, es una gran experiencia; pero Richard trata de explicar que hay mucho que aprender y mucha belleza escondida en las gargantas del río y en los desfiladeros de abajo, cuyo acceso es más difícil.

    “Para apreciar lo que hay arriba, es necesario descubrir lo que hay al pie”, afirma. “No se puede apreciar lo que está al final sin comprender el proceso”.

    Algunos de los turistas se dejan persuadir; pero la mayoría sólo quiere llegar arriba, y llegar de la manera más fácil que sea posible.

    Richard observa que hay algo de simbolismo espiritual en sus modalidades. Según lo describe, la cima de las experiencias de la vida se alcanza al volver a la presencia de Dios (véase Alma 12:24). Sin embargo, aunque muchas personas reconocen el valor de esa meta, algunos no se dan cuenta de que para estar con Él, debemos llegar a ser como Él (véase 1 Juan 3:2; 3 Nefi 27:27; Moroni 7:48). Y no existe un camino rápido y fácil hasta esa cima.

    El verdadero guía

    Richard no quiere llevar a los turistas sólo para una caminata, quiere ofrecerles una experiencia especial; pero está limitado en lo que pueda enseñarles por el grado del deseo de aprender que tengan.

    “A los que quieren descubrir la naturaleza, los llevo a lugares que otros muy raramente ven”, dice. “Puede ser que la experiencia sea más difícil, pero es mucho más intensa”.

    Él opina que en el diario vivir sucede algo similar y sus vivencias reflejan ese principio. Mientras era estudiante universitario, comenzó una búsqueda del verdadero propósito de la vida; visitó varias iglesias sin encontrar lo que buscaba… hasta que conoció a los misioneros.

    Pero los padres de él se opusieron firmemente a que se uniera a la Iglesia, preocupados por el hecho de que su único hijo abandonara la fe tradicional. Por otra parte, les preocupaba también lo que sería de ellos pues, de acuerdo con su tradición, muchas personas creen que su estado en la vida venidera depende totalmente de la veneración que sus descendientes les demuestren en la tierra.

    A pesar de la lucha interior que tenía por la oposición de sus padres, Richard había obtenido un testimonio del Salvador y sentía la necesidad de seguirlo.

    “Jesucristo es el camino”, afirma. “Es el verdadero Guía para volver al Padre” (véase Juan 14:6).

    Por eso, decidió seguir al Salvador y bautizarse, confiando en que el Señor lo guiaría por el camino correcto aun cuando éste pareciera más difícil.

    Una semana después del bautismo, tuvo la bendición de obtener un buen trabajo como reportero de noticias radiofónicas en la corporación trasmisora más importante de Taiwán. Los padres quedaron complacidos con su nuevo empleo y eso, combinado con el cambio para bien que observaron en él, ayudó a calmar la irritación que ellos habían sentido; además, le fortaleció la fe a él y le enseñó una lección fundamental.

    “Si no seguimos a Jesucristo, nos perderemos una cantidad de experiencias importantes que nos hacen falta”, comenta. Éstas tal vez sean más difíciles, pero son necesarias para nuestro bien (véase 2 Nefi 2:2; D. y C. 122:7).

    Cómo se forman las montañas

    Cualquiera que siga a Richard a través de sus amados desfiladeros y valles indudablemente va a aprender que las montañas de Taiwán y su escarpada costa este se formaron por el choque de dos capas de la corteza terrestre; el intenso calor y la presión creados por esa extraordinaria fuerza convirtió los estratos de sedimento primero en piedra caliza y después en el mármol por el cual se ha hecho famosa la costa oriental. Ese mismo poder invisible sacude, tritura y retuerce la tierra, y termina por formar cadenas de montañas que se elevan hacia el cielo, a grandes alturas.

    Ya sea en Yushan o en el Parque Nacional Taroko, donde trabajó antes, a Richard le gusta señalar la evidencia de las fuerzas de la naturaleza que formaron Taiwán desde el suelo hasta las cumbres.

    “En las rocas superiores hay marcas onduladas y en la cima se encuentran fósiles marinos y otras evidencias de que lo que está en la cumbre estuvo una vez abajo”, explica. “Si se quiere entender lo que es la cima, es preciso entender las profundidades porque ahí es donde la cima tuvo su comienzo”.

    Él considera eso importante porque se compara con el propósito de la vida: en tiempos difíciles parecería que no somos sólo turistas visitando la montaña sino más bien la montaña misma, zarandeados por las fuerzas y las presiones que nos forman y que, si podemos soportarlas con paciencia y fe, nos empujan hacia el cielo (véase Mosíah 23:21–22; D. y C. 121:7–8).

    Cómo se hace de nosotros una montaña

    Por experiencia propia, Richard ha aprendido que no podemos elevarnos por encima del mundo para alcanzar nuestro potencial más alto sin pasar por vivencias desagradables y, a veces, dolorosas.

    En su labor de reportero radiofónico, trabajaba bajo gran presión cubriendo una variedad de temas y con fechas de vencimiento muy cortas. Muy pronto se dio cuenta de que el tomar bebidas alcohólicas en reuniones sociales era para los periodistas una forma de obtener información con ventaja; así fue que el trabajo se le fue haciendo cada vez más difícil porque él se negaba a beber.

    La idea de conseguir otro empleo resolvía el problema de su conciencia pero no sus dificultades. El trabajo en la radio había contribuido a calmar a sus padres después de que él se había convertido a la Iglesia. Así que cuando dejó el prestigioso empleo de tiempo completo y de excelente salario por un contrato parcial como guía, los padres quedaron por un tiempo desilusionados.

    Aquel fue otro sendero difícil de tomar, pero él no se arrepiente de haberlo emprendido porque sabe que, para ser exaltados en las alturas (véase D. y C. 121:7–8), debemos pasar primeramente por lo que está debajo (véase D. y C. 122:5–7).

    “A veces limitamos lo que Dios puede hacer de nosotros porque no queremos sufrir lo malo junto con lo bueno”, agrega.

    El hecho de seguir al Señor lo condujo a un trabajo del que disfrutaba; lo llevó a cumplir una misión y a conocer a su futura esposa, con la que tiene ahora cuatro hermosos niños. Y a pesar de las pruebas, ha recibido un sinfín de bendiciones.

    Cuando el ser discípulo conduce “por la senda del apacible valle” (2 Nefi 4:32), y hasta por “el valle de sombra de muerte” (Salmos 23:4) en el camino hacia “aquel que mora en las alturas” (D. y C. 1:1), Richard se consuela con la promesa de que “las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor” (Alma 37:45), que es para él otra confirmación de que sólo después de experimentar las dificultades de la vida estaremos preparados para disfrutar de la cumbre.

    Para apreciar lo que hay arriba, es necesario descubrir lo que hay al pie, dice Richard Chén (izquierda, en la Cascada Baiyang, en el Parque Nacional Taroko). El hermano Chén es guía en el Parque Nacional Yushan, lugar donde se encuentra la Montaña Jade (arriba).

    Los que siguen al hermano Chén a través de los valles (arriba) aprenden sobre las intensas fuerzas geológicas que forman las montañas (derecha), un proceso que se compara a la refinación que debemos soportar a fin de volver a la presencia de Dios.Arriba: Richard contempla un tributario del Río Liwu. Derecha: Las retorcidas paredes de mármol del Valle Misterioso son evidencia de tremendas fuerzas geológicas.

    Taiwán

    Taipei

    Parque Nacional Yushan

    Fotografías por Adam C. Olson, excepto donde se indique; derecha: fotografía de la Montaña de Jade © Fotosearch.