Una lección sobre la reverencia

De “Primary Days”, Ensign, abril de 1994, págs. 65–68.

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    Yo era niño durante la época de la Gran Depresión. Recuerdo que los niños usaban botas para lluvia porque no tenían zapatos y pasaban hambre porque no había comida. Eran tiempos difíciles.

    La Primaria era una resplandeciente luz de esperanza que brillaba en medio de la penumbra. Yo tenía diez años y mi maestra era maravillosa. Recuerdo aquel año como el mejor de la Primaria y debo decir que lo fue gracias a mi grandiosa maestra y no porque los niños de la clase fueran particularmente inteligentes ni excepcionalmente educados, sino todo lo contrario.

    La risa de los varones y el parloteo de las niñas en ocasiones deben de haber sido sumamente desconcertantes para nuestras líderes de la Primaria.

    Un día, mientras salíamos del salón sacramental para ir a nuestros salones de clases, noté que nuestra presidenta de Primaria se había quedado rezagada. Me detuve y me quedé observándola. Se sentó completamente sola en la primera fila de bancos, sacó un pañuelo y comenzó a llorar. Me acerqué a ella y dije: “Hermana Georgell, no llore”.

    “Estoy triste”, respondió.

    “¿Qué sucede?”, pregunté.

    Ella dijo: “No puedo controlar a los Pilotos de Radar*. ¿Podrías ayudarme?”.

    Por supuesto, mi respuesta fue: “Sí”.

    Ella dijo: “Ay, Tommy, sería maravilloso si pudieras hacerlo”.

    Lo que yo no sabía en ese momento era que yo era uno de los responsables de sus lágrimas. Efectivamente, ella me había pedido que estuviera entre los que ayudaran a lograr la reverencia en nuestra Primaria. Y así lo hicimos.

    *Cuando el presidente Monson era pequeño, a los niños de la Primaria que tenían entre nueve y once años se les llamaba Pilotos de Radar, y a las niñas, Pequeñas Hacedoras del Hogar.

    Un sendero reverente

    Sigue los ejemplos de reverencia de este laberinto que conduce a la lámina de Jesús. Cuando la imagen muestre que Shelley está siendo reverente, escoge el camino que esté indicando la flecha. Cuando la imagen muestre que Shelley no está siendo reverente, no sigas esa flecha.

    ¡Tú también puedes ser reverente!

    A pesar de que él era solamente un niño, el presidente Monson ayudó a que su Primaria fuera un lugar más reverente. Piensa en tres formas en que podrías ayudar a lograr esto en tu Primaria. Escribe tus ideas a continuación y luego trata de ponerlas en práctica. Fíjate en la diferencia que puedes marcar.

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