Cosas concernientes a la rectitud


Francisco J. Viñas
Los padres y líderes debemos velar por nuestros miembros y nuestras familias para ayudarles a mantenerse alejados de lo que podría conducirlos a una muerte espiritual.

Se nos dice en Doctrina y Convenios que después del testimonio de los siervos de Dios, vendrá el testimonio de terremotos y el testimonio de otros acontecimientos. “Y todas las cosas estarán en conmoción; y de cierto, desfallecerá el corazón de los hombres, porque el temor vendrá sobre todo pueblo” (D. y C. 88:91; véanse también los versículos 88–90).

Como miembro de la presidencia del Área Caribe, fui testigo personal de cómo los fieles santos cambiaron el temor por la fe. Las lecciones aprendidas en Haití se pueden comparar a ejemplos del Libro de Mormón.

La impresión de esa terrible destrucción me trajo a la mente las palabras del capítulo veintiocho de Alma: “…fue un tiempo en que se oyó gran llanto y lamentación por toda la tierra” (Alma 28:4).

Cuarenta y dos miembros perdieron la vida, mientras que sus familias y amigos “lamentan por cierto la pérdida de sus parientes; no obstante, se regocijan y se alegran en la esperanza, y aun saben, según las promesas del Señor, que serán levantados para morar a la diestra de Dios, en un estado de felicidad perpetua” (Alma 28:12).

La Iglesia envió ayuda inmediata a miembros y no miembros, la cual se distribuyó bajo la dirección de los líderes locales del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro. No sólo recibieron asistencia médica, alimentos, agua y otros artículos básicos, sino que también obtuvieron consejo, guía y consuelo de sus líderes locales. Tienen el apoyo de los miembros de la Iglesia de todo el mundo que “[lloran] con los que lloran; sí, y… [consuelan] a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:9).

Diversos profetas de diferentes épocas nos advirtieron de otra tragedia que es menos perceptible, pero no menos importante, y es la “terrible muerte [que] sobreviene a los inicuos; porque mueren en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud; pues son impuros, y nada impuro puede heredar el reino de Dios” (Alma 40:26).

Nefi enseñó este principio a sus hermanos cuando les dijo que los que “morían en su iniquidad, tendrían que ser desechados también, con respecto a las cosas que son espirituales, las cuales se relacionan con la rectitud” (1 Nefi 15:33).

El profeta Samuel el Lamanita enseñó que “el que no se arrepienta será talado y echado en el fuego; y viene otra vez sobre ellos una muerte espiritual; sí, una segunda muerte, porque quedan nuevamente separados de las cosas que conciernen a la justicia” (Helamán 14:18).

La tragedia de morir en cuanto a las cosas que son espirituales tiene un mayor impacto para los que “[han] sido [iluminados] por el Espíritu de Dios, y [han] poseído un gran conocimiento de las cosas concernientes a la rectitud, y entonces [caen] en el pecado y la transgresión[;] [llegan] a ser más [empedernidos], y así su condición es peor que si nunca [hubiesen] conocido estas cosas” (Alma 24:30).

Los padres y líderes debemos velar por nuestros miembros y nuestras familias para ayudarles a mantenerse alejados de lo que podría conducirlos a una muerte espiritual. También procuramos rescatar a quienes actualmente están muertos en cuanto a las cosas espirituales y ayudarles a “nacer otra vez; sí, nacer de Dios, ser cambiados de su estado carnal y caído, a un estado de rectitud, siendo redimidos por Dios, convirtiéndose en sus hijos e hijas” (Mosíah 27:25).

La curación espiritual de aquellos que han estado muertos en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud viene mediante el poder de la Expiación, la conversión a la verdad y la observancia de los principios de la rectitud.

El enseñar a los miembros y a nuestra familia en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud es esencial en el proceso de lograr una conversión duradera, ya que puede llevarlos a obtener un conocimiento correcto de los mandamientos del Señor, los principios y las doctrinas del Evangelio, y los requisitos y las ordenanzas que debemos cumplir a fin de lograr la salvación en el reino del Señor.

Existen muchos ejemplos en las Escrituras que confirman la importancia de enseñar las “cosas concernientes a la rectitud” para ayudar a obtener una conversión duradera. En la relación que se da de Ammón y sus hermanos mientras predicaban el Evangelio entre los lamanitas, leemos: “Y Ammón predicó al pueblo del rey Lamoni; y aconteció que les enseñó todas las cosas concernientes a la rectitud” (Alma 21:23).

Observamos los resultados de la enseñanza diligente de todas las cosas concernientes a la rectitud al seguir leyendo este relato en el capítulo 23, donde dice: “…cuantos creyeron, o sea, cuantos llegaron al conocimiento de la verdad… fueron convertidos al Señor [y] nunca más se desviaron” (Alma 23:6).

Cuando Alma, padre, estableció la Iglesia, consagró a hombres dignos como sacerdotes y maestros que “velaban por su pueblo, y lo sustentaban con cosas pertenecientes a la rectitud” (Mosíah 23:18).

Los padres desempeñan una función esencial en ayudar a sus hijos a comprender las cosas concernientes a la rectitud. En el Libro de Mormón encontramos que Alma, hijo, apesadumbrado por la iniquidad, las guerras y las contenciones que existían, y afligido por la dureza de corazón de su pueblo, “hizo que sus hijos se reunieran para dar a cada uno de ellos su encargo, separadamente, respecto de las cosas concernientes a la rectitud” (Alma 35:16; cursiva agregada).

Es interesante observar que enseñó y dio su encargo a sus hijos separadamente, y adaptó sus instrucciones a cada hijo, de acuerdo con sus necesidades respectivas. Les testificó y les enseñó doctrina y principios, y los preparó para predicar esos mismos principios a los demás.

En una época en que las fuerzas del mal atacan a la familia y en que las condiciones en que vivimos no son tan diferentes de las que Alma experimentó, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce han expuesto en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” lo siguiente: “Los padres tienen el deber sagrado de criar a sus hijos con amor y rectitud” (véase Liahona, octubre de 2004, pág. 49).

Esto implica criar a los hijos con amor, apoyarlos y enseñarles en cuanto a todas las cosas concernientes a la rectitud para que se mantengan firmes, con los lomos ceñidos con la verdad, “llevando puesta la coraza de la rectitud y calzados [los] pies con la preparación del evangelio de paz” (D. y C. 27:16).

Tal como en la época de Alma, nuestros líderes también velan por los miembros de la Iglesia y los nutren con las cosas concernientes a la rectitud, las cuales nos ayudarán a obtener una conversión duradera. En el documento “Énfasis en la Capacitación de Líderes”, que se revisó el 10 de diciembre de 2009, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce piden a los líderes tanto del sacerdocio como de las organizaciones auxiliares que “insten a todos los miembros de la familia, a padres e hijos, a estudiar las Escrituras, a orar con regularidad y a vivir el evangelio de Jesucristo” (Carta de la Primera Presidencia, 15 de diciembre de 2009).

Estudiar las Escrituras, orar con regularidad y vivir el evangelio de Jesucristo son obras de rectitud, y el Señor ha revelado esta maravillosa promesa: “…el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (D. y C. 59:23).

Para enseñar con más eficacia las cosas concernientes a la rectitud, es importante comprender que, además de impartir información, debemos favorecer la revelación. De este modo, la persona a la que se enseñe puede sentir el deseo de conocer estos principios por sí misma.

El Señor reveló a Hyrum Smith lo siguiente por medio de su hermano, el profeta José Smith:

“Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo;

“y entonces conocerás… todas las cosas que de mí deseares, que corresponden a la rectitud, con fe, creyendo en mí que recibirás” (D. y C. 11:13–14).

Como conclusión, las Escrituras nos advierten del peligro de morir en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud, y de las graves consecuencias que esto implica para los que, habiendo sido iluminados por el Espíritu de Dios, caen en el pecado y la transgresión.

El enseñar las cosas concernientes a la rectitud es un elemento importante para ayudar a las personas a llegar a un conocimiento de la verdad, ser convertidas y permanecer firmes en la fe de Cristo hasta el fin.

Los padres tienen el deber sagrado de enseñar a sus hijos en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud. Los líderes y maestros pueden velar por los miembros de la Iglesia que estén bajo su cuidado y nutrirlos, enseñándoles diligentemente todas las cosas concernientes a la rectitud.

Esto se puede lograr más eficazmente si se favorece la revelación durante el proceso de la enseñanza, creando así en las personas el deseo de ser iluminadas por el Espíritu de Dios. Entonces, al ejercer la fe, el Espíritu puede darles a conocer las cosas concernientes a la rectitud. Testifico de ello en el nombre de Jesucristo. Amén.