Las cosas como realmente son

De un discurso de una charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia, pronunciado en la Universidad Brigham Young–Idaho, el 3 de mayo de 2009.


David A. Bednar
Elevo una voz apostólica de amonestación sobre el posible impacto opresivo, sofocante, represivo y limitante de algunos tipos de interacciones y experiencias ciberespaciales en nuestra alma.

Al estar esperando esta oportunidad de aprender con ustedes y al prepararme para ella, he llegado a comprender mejor los fuertes sentimientos que tuvo Jacob, el hermano de Nefi, cuando dijo: “…hoy me agobia el peso de un deseo y afán… por el bien de vuestras almas” (Jacob 2:3). El mensaje que deseo compartir con ustedes hoy se ha destilado con el tiempo “sobre [mi] alma como rocío del cielo” (D. y C. 121:45). Les invito a poner mucha atención a un tema de gran seriedad que tiene implicaciones tanto inmediatas como eternas. Ruego que el Espíritu Santo esté con cada uno de nosotros y que nos enseñe en el tiempo que estemos juntos.

Desde hace tiempo me ha impresionado la definición sencilla y clara del término verdad que figura en el Libro de Mormón: “…el Espíritu habla la verdad, y no miente. Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y de las cosas como realmente serán; así que estas cosas nos son manifestadas claramente para la salvación de nuestras almas” (Jacob 4:13; véase también D. y C. 93:24).

Nos concentraremos en el primer elemento principal del término verdad que se encuentra en este versículo: “las cosas como realmente son”. Primero repasaremos varios elementos clave del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial como la base doctrinal para conocer y comprender las cosas como realmente son. Entonces consideraremos los métodos de ataque que utiliza el adversario para distraernos de las cosas como realmente son o inhibir nuestra capacidad de discernirlas. Y finalmente, hablaremos de las responsabilidades que tienen ustedes, la nueva generación. Será necesario que sean obedientes, que honren convenios sagrados y que logren discernir las cosas sistemáticamente como en realidad son en el mundo actual que cada vez se vuelve más confuso y perverso.

Nuestro destino divino

En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles declaran que como hijos e hijas de Dios procreados como espíritus, “acepta[mos] Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr [nuestro] destino divino como herederos de la vida eterna”1. Tengan a bien observar la importancia primordial de obtener un cuerpo físico en el proceso de progresar hacia nuestro destino divino.

El profeta José Smith enseñó con claridad la importancia de nuestro cuerpo físico:

“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener un cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo; él está contento cuando puede obtener el tabernáculo del hombre; y cuando fue expulsado por el Salvador, le pidió que lo dejara ir a una manada de cerdos, demostrando que prefería ocupar el cuerpo de un cerdo que no tener ninguno. Todos los seres que tienen un cuerpo poseen potestad sobre los que no lo tienen…

“El diablo sólo tiene poder sobre nosotros cuando se lo permitimos; en el momento en que nos rebelamos contra algo que proviene de Dios, el diablo obtiene potestad”2.

Nuestro cuerpo físico hace posible que tengamos una amplitud, profundidad e intensidad de experiencia que sencillamente no podíamos obtener en nuestro estado preterrenal. El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha enseñado: “Nuestro espíritu y nuestro cuerpo están combinados de manera tal que nuestro cuerpo se convierte en un instrumento de nuestra mente y en el cimiento de nuestro carácter”3. Por tanto, nuestra relación con otras personas, nuestra capacidad de reconocer la verdad y de actuar de conformidad con ella, y nuestra aptitud para obedecer los principios y las ordenanzas del evangelio de Jesucristo se amplían mediante nuestro cuerpo físico. En la escuela de la vida terrenal, experimentamos ternura, amor, bondad, felicidad, pesar, desilusión, dolor e incluso los desafíos de las limitaciones físicas en formas que nos preparan para la eternidad. Dicho en forma más sencilla, hay lecciones que debemos aprender y experiencias que debemos tener, tal como las Escrituras lo describen, “según la carne” (véase 1 Nefi 19:6; Alma 7:12--13).

Los apóstoles y los profetas constantemente han enseñado en cuanto a la importancia terrenal y eterna del cuerpo. Pablo declaró:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16–17).

Y en esta dispensación el Señor reveló que “el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre” (D. y C. 88:15). Una verdad que siempre es y siempre será, es que el cuerpo y el espíritu constituyen nuestra realidad e identidad. Cuando el cuerpo y el espíritu están inseparablemente conectados, podemos recibir una plenitud de gozo; cuando están separados, no podemos recibir tal bendición (véase D. y C. 93:33–34).

El plan del Padre está diseñado para brindar dirección a Sus hijos, para ayudarlos a llegar a ser felices, y para llevarlos a salvo hasta Él con cuerpos resucitados y exaltados. Lucifer se esfuerza por hacer que los hijos y las hijas de Dios se sientan confusos y desdichados y por entorpecer su progreso eterno. La intención predominante del padre de las mentiras es que todos seamos “miserables como él” (2 Nefi 2:27), y se empeña por distorsionar los elementos que más odia del plan del Padre.

Satanás no tiene cuerpo, y su progreso eterno se ha detenido. Tal como un dique detiene el agua que fluye en el lecho de un río, de la misma manera el progreso eterno del adversario se frustra debido a que no tiene un cuerpo físico. Como resultado de su rebelión, Lucifer se ha negado a sí mismo todas las bendiciones y experiencias terrenales que son posibles mediante un tabernáculo de carne y huesos. No puede aprender las lecciones que sólo un espíritu encarnado puede aprender. No puede casarse ni disfrutar las bendiciones de la procreación y de la vida familiar. No puede soportar la realidad de la resurrección literal y universal de todo el género humano. Uno de los poderosos significados en las Escrituras de la palabra condenado se ilustra en la incapacidad que él tiene de seguir desarrollándose y de llegar a ser semejante a nuestro Padre Celestial.

Ya que el cuerpo físico es un elemento tan esencial del plan de felicidad del Padre y de nuestro progreso espiritual, no nos debe sorprender que Lucifer procure frustrar nuestro progreso, para lo cual nos tienta a utilizar el cuerpo de manera inapropiada. Una de las mayores ironías de la eternidad es que el adversario, que es infeliz precisamente porque no tiene cuerpo físico, nos invita y nos induce a compartir su miseria mediante el uso inapropiado de nuestro cuerpo. Por lo tanto, la herramienta que él mismo no tiene y no puede utilizar es el objetivo principal de sus intentos por seducirnos hacia la destrucción física y espiritual.

Los ataques del adversario

El adversario procura influir en nosotros, tanto para que utilicemos de manera incorrecta nuestro cuerpo como para que no le demos la importancia que tiene. Es importante que reconozcamos estos dos métodos de ataque y que los rechacemos.

Cuando cualquiera de los hijos de nuestro Padre Celestial hace uso indebido de su tabernáculo físico al violar la ley de castidad, al consumir drogas o substancias adictivas, al desfigurarse y deformarse a sí mismo, o cuando adora el ídolo falso de la apariencia física, ya sea la propia o la de los demás, Satanás se llena de alegría. Para aquellos de nosotros que conocemos el plan de salvación y lo comprendemos, cualquier tipo de profanación del cuerpo es una rebelión y un rechazo de nuestra verdadera identidad como hijos e hijas de Dios (véase Mosíah 2:36–37; D. y C. 64:34–35).

Ahora bien, hermanos y hermanas, no me sería posible decirles todas las formas en que podrían hacer uso incorrecto de su cuerpo, “porque hay varios modos y medios, tantos que no puedo enumerarlos” (Mosíah 4:29). Ustedes saben lo que está bien y lo que está mal, y tienen la responsabilidad individual de aprender por ustedes mismos “tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118) las cosas que deben y que no deben hacer y las razones doctrinales de por qué deben o no deben hacerlas. Testifico que a medida que deseen aprender, “[cuidándose] a [ustedes] mismos, y [sus] pensamientos, y [sus] palabras y [sus] obras, y si… [observan] los mandamientos de Dios… [y] [perseveran] en la fe de lo que [han] oído concerniente a la venida de nuestro Señor, aun hasta el fin de [sus] vidas” (Mosíah 4:30), recibirán luz espiritual y serán protegidos. Y de conformidad con su fidelidad y diligencia, tendrán el poder de discernir la decepción y rechazar los ataques del adversario cuando él los tiente a utilizar indebidamente su cuerpo físico.

Satanás también se esfuerza por inducir a los hijos y a las hijas de Dios a restarle importancia a su cuerpo físico. Este tipo de ataque en particular es muy diabólico y sutil. Quisiera dar varios ejemplos de cómo el adversario nos puede pacificar y adormecer con seguridad carnal (véase 2 Nefi 28:21) y alentarnos a arriesgar las experiencias de aprendizaje terrenales que hicieron que nos regocijáramos (véase Job 38:7) en la existencia preterrenal.

Por ejemplo, todos podemos disfrutar de participar en una amplia gama de actividades sanas, amenas e interesantes; pero le restamos importancia a nuestro cuerpo y ponemos en peligro nuestro bienestar físico cuando nos vamos a extremos peligrosos e insólitos en busca de un mayor y más emocionante torrente de adrenalina. Podemos buscar explicaciones racionales de que seguramente no hay nada de malo con estas hazañas y aventuras aparentemente inocentes. Sin embargo, el arriesgar el instrumento mismo que Dios nos ha dado para recibir las experiencias de aprendizaje de la vida terrenal —simplemente para ir en busca de una emoción o supuesta diversión, para alimentar nuestro ego o para sentirnos aceptados— realmente le resta importancia a nuestro cuerpo físico.

Tristemente, algunos jóvenes y jovencitas de la Iglesia en la actualidad hacen caso omiso de “las cosas como realmente son” y descuidan las relaciones eternas a causa de las distracciones, diversiones y desvíos digitales que no tienen valor perdurable. Me aflijo mucho cuando una pareja joven, que se ha sellado en la casa del Señor por tiempo y por toda la eternidad por el poder del Santo Sacerdocio, tiene problemas matrimoniales a causa del efecto adictivo de los videojuegos o de socializar por internet en forma excesiva. Un joven o una jovencita puede desperdiciar un sinnúmero de horas, posponer o abandonar la formación académica o vocacional y, finalmente, sacrificar preciadas relaciones humanas a causa de juegos en video y en internet que adormecen la mente y el espíritu. Tal como el Señor declaró: “…por tanto, les doy este mandamiento: No desperdiciarás tu tiempo, ni esconderás tu talento en la tierra para que no sea conocido” (D. y C. 60:13).

Quizá se estén preguntado: “Pero, hermano Bednar, usted comenzó su discurso esta noche hablando de la importancia del cuerpo físico en el progreso eterno. ¿Está acaso sugiriendo que los videojuegos y los diferentes tipos de comunicación por medio de computadoras pueden jugar un papel en restarle importancia a nuestro cuerpo físico?” Eso es precisamente lo que estoy declarando. Permítanme explicar:

Vivimos en una época en que la tecnología se puede utilizar para reproducir la realidad, para exagerar la realidad, y para crear una realidad virtual. Por ejemplo, un médico puede utilizar simulación por medio de software para obtener experiencia valiosa en la realización de una operación quirúrgica complicada, sin necesidad de poner en riesgo al paciente humano. Un piloto en un simulador de vuelo puede practicar repetidas veces procedimientos de aterrizaje de emergencia que podrían salvar la vida de muchos. Y los arquitectos e ingenieros pueden usar tecnologías innovadoras a fin de modelar sofisticados métodos de diseño y de construcción que reduzcan la pérdida de vidas humanas y de daños a edificios causados por terremotos y otros desastres naturales.

En cada uno de estos ejemplos, un alto nivel de fidelidad en la simulación o el modelo contribuye a la eficacia de la experiencia. El término fidelidad indica la similitud entre la realidad y la representación de la realidad. Tal simulación puede ser constructiva si la fidelidad es alta y los propósitos son buenos; por ejemplo, brindar una experiencia que salve vidas o que mejore la calidad de vida.

Fíjense en la fidelidad que existe entre la representación de la realidad en la versión de la computadora (abajo a la izquierda) y la realidad de la habitación terminada de la fotografía que aparece en la siguiente página.

En el ejemplo, la alta fidelidad se utiliza para lograr un importantísimo propósito: el diseño y la construcción de un hermoso y sagrado templo. Sin embargo, una simulación o modelo puede llevar al perjuicio y peligro espiritual si la fidelidad es alta y los propósitos son malos, tales como experimentar con acciones contrarias a los mandamientos de Dios o inducirnos a pensar o hacer cosas, “porque es sólo un juego”, que normalmente no pensaríamos ni haríamos.

Elevo una voz apostólica sobre el posible impacto opresivo, sofocante, represivo y limitante de algunos tipos de interacciones y experiencias ciberespaciales en nuestra alma. Las inquietudes de las que hablo no son nuevas; se aplican igualmente a otros tipos de medios de comunicación, tales como la televisión, las películas y la música. Pero en un mundo cibernético, estos desafíos son más comunes e intensos. Les ruego que se guarden de la influencia de las tecnologías ciberespaciales que se utilizan para producir alta fidelidad y que fomentan propósitos degradantes y perversos, lo cual entorpece los sentidos y destruye el espíritu.

Si el adversario no logra inducirnos a utilizar incorrectamente nuestro cuerpo físico, entonces una de sus tácticas más poderosas es engañarnos a ustedes y a mí, que tenemos espíritus encarnados, para que nos desconectemos gradual y físicamente de las cosas como realmente son. En esencia, nos alienta a pensar y a actuar como si estuviéramos en un estado preterrenal, sin cuerpo. Y si lo dejamos, puede astutamente emplear algunos aspectos de la tecnología moderna para lograr sus propósitos. Por favor tengan cuidado de no sumergirse y enfrascarse tanto en los pixeles, en los mensajes de texto, en los auriculares, en Twitter y en las redes sociales de internet y en los potencialmente adictivos usos de los medios de comunicación y de internet al punto que no reconozcan la importancia de su cuerpo físico y que se pierdan de la riqueza de la comunicación de persona a persona. Cuídense de las muchas formas de interacciones por computadora cuyas imágenes e información pueden tomar el lugar de la amplia gama de capacidades y experiencias físicas.

Lean con atención las siguientes palabras que describen una intensa relación romántica que una mujer tuvo con un pretendiente del ciberespacio, y fíjense en cómo el medio de comunicación disminuyó la importancia del cuerpo físico: “Y así fue como él llegó a ser todo en mi vida. Todo lo tangible se disipó. Mi cuerpo no existía; no tenía piel, ni cabello ni huesos. Todo deseo se había convertido en una corriente cerebral que no llegaba más allá de mi lóbulo frontal. No había naturaleza, ni vida social, ni clima. Sólo existía la pantalla de la computadora y el teléfono, mi silla, y a lo mejor un vaso de agua”4.

En contraste, debemos prestar atención a la admonición de Pablo: “…que cada uno de vosotros sepa tener su propi[o] [vaso] en santidad y honor” (1 Tesalonicenses 4:4).

Consideren nuevamente el ejemplo que mencioné anteriormente de una pareja joven recién casada en la casa del Señor. Un cónyuge inmaduro o insensato quizá dedique una cantidad exorbitante de tiempo a los videojuegos, a chatear en internet o a permitir en otras formas que lo digital domine las cosas como realmente son. Al principio la inversión de tiempo quizá parezca relativamente inofensiva, justificándola como unos cuantos minutos de alivio necesario de las exigencias de un día ajetreado. Pero se pierden oportunidades importantes de desarrollar y mejorar las habilidades interpersonales, de reír y llorar juntos, y de crear un lazo profundo y perdurable de intimidad emocional. Progresivamente, la diversión aparentemente inocente puede llegar a convertirse en una forma de esclavización perniciosa.

Sentir el calor de un tierno abrazo de parte de nuestro compañero eterno o ver la sinceridad en los ojos de otra persona al expresar el testimonio —todas estas cosas vividas tal como realmente lo son y mediante el instrumento de nuestro cuerpo físico— se podrían sacrificar a cambio de una fantasía de alta fidelidad que no tiene ningún valor perdurable. Si ustedes y yo no estamos alerta, podemos llegar al punto de “deja[r] de sentir” (1 Nefi 17:45), tal como Lamán y Lemuel hace tanto tiempo.

Permítanme darles otro ejemplo de la desconexión gradual y física de las cosas como realmente son. En la actualidad una persona puede entrar a un mundo virtual, tal como el programa cibernético “Second Life” [Segunda vida], donde puede asumir una nueva identidad. Una persona puede crear un avatar, o un ciber personaje, que se ajuste a su propia apariencia y comportamiento. O bien, una persona puede inventar una identidad falsa que no se correlacione de ninguna manera con las cosas como realmente son. Por muy aproximada que sea la nueva identidad a la de la persona, tal comportamiento es la esencia de las cosas como realmente no son. Hace unos momentos definí la fidelidad de una simulación o un modelo. Ahora recalco la importancia de la fidelidad personal: la correlación entre la persona real y la identidad asumida y cibernética. Tengan a bien observar la falta de fidelidad personal en el siguiente episodio que se reportó en el diario Wall Street Journal:

Ric Hoogestraat es un “corpulento hombre [de 53 años], con una larga cola de caballo gris, patillas gruesas y bigote canoso estilo Dalí… [Ric pasa] seis horas cada noche y a veces hasta 14 horas a la vez los fines de semana bajo la identidad de Dutch Hoorenbeek, su muscular yo cibernético de 2 metros de alto. El personaje tiene la apariencia de un [Ric] más joven y más en forma…

“Se sienta a la computadora con las persianas cerradas… Mientras su esposa Sue ve televisión en la sala, el Sr. Hoogestraat chatea en internet con lo que en la pantalla aparenta ser una pelirroja alta y delgada.

“Nunca ha conocido a la mujer fuera del mundo computacional de ‘Segunda vida’, un mundo digital de fantasía sobre el que se ha escrito mucho… Ni siquiera ha hablado con ella por teléfono. Pero su relación ha tomado dimensiones curiosamente reales. Tienen dos perros, [y] pagan la hipoteca entre los dos y se pasan horas [en su mundo cibernético] de compras en el centro comercial y tomando largos paseos en motocicleta… El lazo que los une es tan fuerte que hace tres meses el Sr. Hoogestraat le pidió a Janet Spielman, la mujer canadiense de 38 años que controla a la pelirroja, que se convirtiera en su esposa virtual.

“La mujer con la que está legalmente casado no le ve la gracia. ‘Es un golpe tremendo’, dice Sue Hoogestraat… que ha estado casada con el Sr. Hoogestraat durante siete meses”5.

Ahora bien, hermanos y hermanas, por favor entiendan. No estoy sugiriendo que toda la tecnología es intrínsecamente mala; no lo es. Ni tampoco estoy diciendo que no debemos usar sus muchas facultades en formas apropiadas para aprender, comunicar, elevar e iluminar vidas y para edificar y fortalecer la Iglesia; claro que debemos hacerlo. Pero elevo mi voz de amonestación de que no debemos derrochar ni dañar las relaciones auténticas por obsesionarnos con las artificiales. “Cerca del 40% de los hombres y el 53% de las mujeres que juegan en internet dijeron que sus amigos virtuales eran iguales o mejores que sus amigos reales, de acuerdo con una encuesta que se le hizo a treinta mil videojugadores realizada por… una persona que hace poco recibió su doctorado de la Universidad Stanford. Más de una cuarta parte de los videojugadores [que respondieron indicaron que] el momento emocional más destacado de la semana pasada ocurrió en el mundo de la computadora”6.

¡Cuán importante, cuán perdurable y cuán oportuna es la definición que el Señor da de la verdad: “las cosas como realmente son”! El profeta Alma preguntó: “Luego, ¿no es esto verdadero?” (Alma 32:35). Estaba hablando de luz y bondad tan discernibles que se pueden gustar. Ciertamente, “los que moran en [la] presencia [del Padre]… ven como son vistos, y conocen como son conocidos, habiendo recibido de su plenitud y de su gracia” (D. y C. 76:94).

Mis queridos hermanos y hermanas, ¡tengan cuidado! En la medida en que la fidelidad personal disminuya en las comunicaciones por computadora y los propósitos de dichas comunicaciones sean distorsionadas, pervertidas y malignas, el potencial del desastre espiritual es peligrosamente alto. Les imploro que se alejen inmediata y permanentemente de tales lugares y actividades (véase 2 Timoteo 3:5).

Ahora me gustaría hablar de una característica adicional de los ataques del adversario. Satanás con frecuencia ofrece la ilusión atrayente de la anonimidad. Lucifer siempre ha buscado realizar su obra en secreto (véase Moisés 5:30). Recuerden, sin embargo, que la apostasía no es anónima simplemente porque ocurre en un blog o a través de una identidad falsa en una sala de chat o en un mundo virtual. Los pensamientos, las palabras y los hechos inmorales siempre son inmorales, incluso en el ciberespacio. Los hechos engañosos supuestamente ocultos en lo secreto, tales como descargar música ilegalmente de internet, o copiar CDs o DVDs para distribuir a amigos y familiares, son de todas maneras engañosos. Todos somos responsables ante Dios, y finalmente seremos juzgados por Él de acuerdo con nuestros hechos y los deseos de nuestro corazón (véase Alma 41:3). “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

El Señor sabe quiénes somos en realidad, lo que realmente pensamos, lo que realmente hacemos y lo que realmente estamos llegando a ser. Nos ha advertido que “los rebeldes serán traspasados de mucho pesar; porque se pregonarán sus iniquidades desde los techos de las casas, y sus hechos secretos serán revelados” (D. y C. 1:3).

He elevado una voz de amonestación en cuanto a sólo algunos de los peligros espirituales en nuestro mundo tecnológicamente orientado y rápidamente cambiante. Permítanme decirles nuevamente: ni la tecnología ni el cambio rápido es bueno o malo en sí; el verdadero desafío es comprender ambos dentro del contexto del plan eterno de felicidad. Lucifer los alentará a utilizar incorrectamente su cuerpo físico y a restarle la importancia que tiene. Intentará substituir con la monotonía de la repetición virtual la variedad infinita de las creaciones de Dios y convencernos de que sólo somos cosas mortales sobre las que se debe actuar, en vez de almas eternas bendecidas con el albedrío moral de actuar por nosotros mismos. Engañosamente, incita a los espíritus encarnados a perder las bendiciones y las experiencias de aprendizaje “según la carne” (1 Nefi 19:6; Alma 7:12–13) que son posibles mediante el plan de felicidad del Padre y la expiación de Su Hijo Unigénito.

Para su felicidad y protección, los invito a estudiar más diligentemente la doctrina del plan de salvación, y a meditar con espíritu de oración las verdades que hemos examinado. Les ofrezco dos preguntas para su consideración conforme mediten en forma personal y conforme estudien con espíritu de oración:

1. El uso de las varias tecnologías y medios de comunicación, ¿invitan o impiden la compañía constante del Espíritu Santo en su vida?

2. El tiempo que pasa haciendo uso de las diferentes tecnologías y medios de comunicación, ¿aumenta o restringe su capacidad de vivir, de amar y de servir en formas significativas?

Recibirán respuestas, inspiración e instrucción del Espíritu Santo que se ajusten a sus circunstancias y necesidades personales. Repito y afirmo la enseñanza del profeta José: “Todos los seres que tienen cuerpos, poseen potestad sobre los que no los tienen… El diablo sólo tiene poder sobre nosotros cuando se lo permitimos”.

Estas verdades eternas sobre la importancia de nuestro cuerpo físico los fortalecerán en contra de la decepción y los ataques del adversario. Uno de mis más profundos deseos para ustedes es que obtengan un testimonio cada vez mayor de la Resurrección y un agradecimiento cada vez mayor por ella, incluso de su propia resurrección con un cuerpo celestial y exaltado “por causa de vuestra fe en [el Señor Jesucristo], de acuerdo con la promesa” (Moroni 7:41).

La nueva generación

Ahora quisiera hablarles específicamente a ustedes como realmente son. En realidad ustedes son la nueva generación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En octubre de 1997, el élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Quórum de los Doce Apóstoles, visitó la Universidad Brigham Young-Idaho para tomar la palabra en un devocional. Durante el día que estuvo en el campus, hablamos sobre una variedad de temas del Evangelio en general y sobre la juventud de la Iglesia en particular. Recuerdo que el élder Maxwell hizo una declaración que causó una gran impresión en mí. Esto fue lo que dijo: “La juventud de esta generación tiene una capacidad mayor de obedecer que cualquier generación anterior”.

Luego indicó que su declaración provenía de una verdad que enseñó el presidente George Q. Cannon (1827–1901), Primer Consejero de la Primera Presidencia: “Dios ha reservado espíritus para esta dispensación que tienen el valor y la determinación de afrontar el mundo y todos los poderes del maligno, visibles e invisibles, de proclamar el Evangelio y mantener la verdad y establecer y edificar la Sión de nuestro Dios sin temor a todas las consecuencias. Ha enviado estos espíritus durante esta generación a fin de establecer los cimientos de Sión para que nunca más sea derrocada y para levantar una simiente justa que honrará a Dios, y que lo honrará de forma suprema y será obediente a Él en toda circunstancia”7.

Los padres y líderes de la Iglesia con frecuencia hacen hincapié en que los jóvenes y las jovencitas de esta generación se han reservado para esta época de la historia del mundo y que son algunos de los hijos más valientes de nuestro Padre Celestial. Es cierto que esas declaraciones son verdaderas, pero con frecuencia me he preguntado si los jóvenes escuchan esta descripción con tanta frecuencia que se convierte en algo trillado, y que su importancia y profundas implicaciones se pasan por alto. Sabemos que de “aquel a quien mucho se da, mucho se requiere” (D. y C. 82:3). Y las enseñanzas del presidente Cannon y del élder Maxwell nos ayudan a comprender más plenamente lo que se requiere de nosotros en la actualidad. Ustedes y yo debemos ser valientes y “obedientes a Él en toda circunstancia”. Por tanto, la obediencia es el arma principal en la que la nueva generación debe confiar en la lucha de los últimos días entre el bien y el mal.

Nos regocijamos por el hecho de que el Señor, mediante Sus siervos autorizados, ha “elevado el nivel de los requisitos” para los jóvenes y las jovencitas de la actualidad. Dado lo que sabemos en cuanto a quiénes somos y por qué estamos aquí en la tierra, agradecemos y apreciamos tal dirección inspirada. Y debemos reconocer que Lucifer se esfuerza incesantemente por “bajar el nivel de los requisitos”, para lo cual intenta persuadirnos a utilizar incorrectamente nuestro cuerpo físico y a restarle la importancia que tiene.

El Salvador nos ha advertido repetidamente que nos cuidemos de la decepción del adversario:

“Y Jesús respondió y les dijo: Mirad que nadie os engañe…

“porque en aquellos días también se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, a tal grado que engañarán, si fuere posible, aun a los mismos escogidos, que son los escogidos conforme al convenio…

“y el que atesore mi palabra no será engañado” (José Smith—Mateo 1:5, 22, 37).

La obediencia abre la puerta a la compañía constante del Espíritu Santo. Y los dones y habilidades espirituales activados por el poder del Espíritu Santo nos permiten evitar ser engañados, al mismo tiempo que nos permiten ver, sentir, conocer, entender y recordar las cosas como realmente son. Ustedes y yo hemos sido investidos con una mayor capacidad de obedecer precisamente por esas razones. Moroni declaró:

“…escuchad las palabras del Señor, y pedid al Padre, en el nombre de Jesús, cualquier cosa que necesitéis. No dudéis, mas sed creyentes; y empezad, como en los días antiguos, y allegaos al Señor con todo vuestro corazón, y labrad vuestra propia salvación con temor y temblor ante él.

“Sed prudentes en los días de vuestra probación; despojaos de toda impureza; no pidáis para dar satisfacción a vuestras concupiscencias, sino pedid con una resolución inquebrantable, para que no cedáis a ninguna tentación, sino que sirváis al verdadero Dios viviente” (Mormón 9:27–28).

Conforme prestemos atención a ese consejo inspirado, podemos ser y seremos bendecidos para reconocer y rechazar los ataques del adversario, el día de hoy y en los días que están por venir. Podemos cumplir, y cumpliremos, nuestras responsabilidades preordenadas, y contribuiremos a la obra del Señor en todo el mundo.

Testifico que Dios vive y que es nuestro Padre Celestial. Él es el Autor del plan de salvación. Jesús es el Cristo, el Redentor cuyo cuerpo fue molido, quebrantado y desgarrado por nosotros cuando ofreció el sacrificio expiatorio. Él resucitó; Él vive, y está a la cabeza de Su Iglesia en estos últimos días. El estar “para siempre envuelto entre los brazos de su amor” (2 Nefi 1:15) será una experiencia real, no virtual.

Testifico que podemos ser bendecidos, y que seremos bendecidos, con el valor y la determinación de afrontar el mundo y todos los poderes del maligno. La rectitud prevalecerá. Ninguna mano impía puede detener el progreso de esta obra. Testifico de estas cosas como realmente son y como realmente serán, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

President Boyd K. Packer

“El cuerpo y el espíritu se combinan de tal forma que el cuerpo se convierte en el instrumento de la mente y en el fundamento de nuestro carácter”.

Presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles.

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    Notas

  1.   1.

    Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, octubre de 2004, pág. 49.

  2.   2.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 217–228

  3.   3.

    Boyd K. Packer, “The Instrument of Your Mind and the Foundation of Your Character”, Universidad Brigham Young 2002–2003 Speeches, 2003, pág. 2.

  4.   4.

    Meghan Daum, “Virtual Love”, The New Yorker, 25 de agosto y 1º de septiembre de 1997, pág. 82; también Meghan Daum, My Misspent Youth, 2001, pág. 19.

  5.   5.

    Alexandra Alter, “Is This Man Cheating on His Wife?”, Wall Street Journal, 10 de agosto de 2007, W8, W1.

  6.   6.

    Alexandra Alter, Wall Street Journal, 10 de agosto de 2007, W8.

  7.   7.

    George Q. Cannon, “Remarks”, Deseret News, 31 de mayo de 1866, pág. 203; véase también Journal of Discourses, 11:230.