Mensaje de la Primera Presidencia

Amigos fieles


Henry B. Eyring

Amigos fieles

Uno de los grandes tributos que puede rendir el Salvador es el de llamarnos “amigos”. Sabemos que ama con un amor perfecto a todos los hijos de Su Padre Celestial, pero Él reserva este título especial a aquéllos que han sido fieles en su servicio a Él. Seguro que recuerdan las palabras de la sección 84 de Doctrina y Convenios: “Y además, os digo, mis amigos, porque desde ahora os llamaré mis amigos, conviene que os dé este mandamiento para que lleguéis a ser como mis amigos en los días en que viajaba con ellos para predicar el evangelio con mi poder” (D. y C. 84:77).

Llegamos a ser Sus amigos cuando servimos a los demás en Su lugar. Él es el ejemplo perfecto del tipo de amigo en el que debemos convertirnos. Desea únicamente lo mejor para los hijos de Su Padre Celestial. Su felicidad es la de ellos y siente la tristeza de ellos como si fuera la Suya propia, ya que ha pagado el precio de todos sus pecados, tomado sobre Sí todas sus enfermedades, soportado todas sus tribulaciones y experimentado todos sus anhelos. Sus propósitos son puros. No busca ningún reconocimiento para Sí mismo, sino otorgar toda la gloria a Su Padre Celestial. El amigo perfecto, Jesucristo, es completamente generoso al ofrecer la felicidad a otras personas.

Todos aquellos de nosotros que hemos concertado el convenio bautismal hemos prometido seguir Su ejemplo de llevar las cargas los unos de los otros como Él lo haría (véase Mosíah 18:8).

Durante los próximos días tendrán muchas oportunidades de tomar el lugar de Él en calidad de amigo; tal vez sea mientras anden por un camino polvoriento o viajen sentados en un tren, o mientras busquen un lugar para sentarse en una congregación de la Iglesia. Si están atentos, verán a alguna persona que porta una carga pesada: quizá sea una carga de tristeza, soledad o resentimiento y podrán percibirlo únicamente si han orado para que el Espíritu les dé ojos para discernir los corazones, y si han hecho la promesa de fortalecer las manos caídas.

Puede que la respuesta a su oración sea el semblante de un viejo amigo, al que no han visto desde hace años pero cuyas necesidades les vienen de repente a la mente y al corazón y ustedes las sienten como si fuesen las suyas. Esto ya me ha sucedido alguna vez. Viejos amigos se han puesto en contacto conmigo para alentarme desde largas distancias y tras el paso de los años, cuando solamente Dios podría haberles dicho de mi carga.

Los profetas vivientes de Dios nos han pedido que seamos amigos fieles de aquellos que vienen a la Iglesia como conversos, y que salgamos al rescate de los que se han desviado. Podemos hacerlo y lo haremos si recordamos siempre al Salvador. Cuando extendemos la mano para prestar socorro y aliviar una carga, Él extiende la mano con nosotros. Él nos conducirá a los necesitados. Él nos bendecirá para que sintamos lo que ellos sienten. A medida que persistamos en nuestro esfuerzo de servirles, se nos concederá más y más el don de sentir Su amor por ellos y esto nos brindará valor y fortaleza para extender la mano una y otra vez con fidelidad.

Además, en el tiempo y en la eternidad, sentiremos el gozo de que se nos reciba entre aquellos que son Sus amigos fieles. Es mi oración que todos nosotros y las personas a las que sirvamos reciban esta bendición.

Cómo enseñar con este mensaje

Los miembros de la familia probablemente participarán de manera más significativa si se les pide que busquen algo en especial al escudriñar las Escrituras y las palabras de los profetas (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 60–61). Mientras lea el artículo, pida a los miembros de la familia que encuentren principios que les ayuden a ser dignos de ser llamados amigos del Señor.

En La enseñanza: El llamamiento más importante se explica: “Si usted tiene amor semejante al de Cristo, estará mejor preparado para enseñar el Evangelio. Será inspirado a fin de ayudar a que otros conozcan al Salvador y le sigan” (pág. 12). En el artículo, encuentre principios que le ayudarían a ser un mejor maestro orientador. Analícelos con su compañero, y mediten juntos con un espíritu de oración cómo podrían ser “amigos fieles” de las personas a las que sirven.

Jóvenes

El chico nuevo

Mi familia acababa de mudarse al otro extremo del país y yo tenía problemas para integrarme. En el nuevo barrio había un grupo muy grande de jóvenes, pero ésta era la primera vez que yo sería “el chico nuevo”. Lo peor de todo era que tenía que asistir a una nueva escuela, e inmediatamente me pasó por la cabeza este pensamiento: “¿Con quién me voy a sentar durante la hora de comer?”. Quizá vería a alguien de la iglesia, pero no quería imponerme y sentarme en la mesa de otros, ¡sobre todo porque no sabía si me querrían allí!

El primer día en la escuela se me hizo interminable. Finalmente, llegó la hora de comer. Al entrar en el comedor lentamente, oré al Padre Celestial para que me ayudara a encontrar a alguien conocido. Eché un vistazo a mi alrededor para ver si reconocía a alguien, pero no fue así. Entonces me dirigí a una mesa en un lugar apartado del comedor y allí almorcé.

Un poco después, durante la clase de matemáticas, reconocí una cara familiar. Había visto a David en la clase de seminario esa mañana. Me pidió que le dejara ver mi horario y descubrió que los dos teníamos el mismo horario de comida. “Oye, ¿dónde estuviste hoy durante la hora de comer?”, me dijo.

“Almorcé en un lugar apartado del comedor”, le respondí.

“Bueno, pues mañana ven y siéntate conmigo a la hora de comer”, dijo.

Me siento agradecido por un amoroso Padre Celestial que conoce cada una de nuestras necesidades y contesta cada una de nuestras oraciones. También siento gratitud por que hubiera una persona dispuesta a extender una mano de amistad. Algo tan sencillo como una invitación puede marcar una enorme diferencia.

Niños

Jesucristo, nuestro amigo perfecto

El presidente Eyring dijo que Jesús es nuestro amigo perfecto. A continuación se indican varias maneras en que Jesús nos muestra Su amistad perfecta.

Él desea lo mejor para nosotros.

Es feliz cuando nosotros somos felices.

Se entristece cuando nos sentimos tristes o dolidos.

Sufrió por nuestros pecados para que podamos regresar con el Padre Celestial.

Cómo ser amigos de Jesús

El presidente Eyring dijo que podemos llegar a ser amigos de Jesús cuando somos amigos de los demás en Su lugar. Estas imágenes muestran algunas de las maneras en que podemos ser amigos de otras personas. Escribe la letra de la imagen junto a la frase que describa dicha imagen.

Podemos ayudar a una persona que esté triste.

Podemos ser amigos de una persona que se sienta sola.

Podemos invitar a alguien a regresar a la Iglesia.

Podemos recordar siempre a Jesús.