El sueño de Lehi nos incluye a nosotros

Tomado de un discurso pronunciado el 16 de enero de 2007, en la Universidad Brigham Young. Si desea ver el texto completo en inglés, vaya a http://speeches.byu.edu.


Boyd K. Packer
El sueño de Lehi contiene todo lo que un Santo de los Últimos Días necesita para entender la prueba de la vida.

Pregunté en el departamento de registros de la Iglesia cuántos jóvenes tenemos en edad universitaria, y me contestaron: “1.974.001”.

“Bien, le hablaré a ese uno”, pensé.

Mi vida universitaria comenzó en seguida de terminar la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los hombres de mi clase acababan de regresar del servicio militar; casi todos éramos más maduros que los estudiantes universitarios de la actualidad. Habíamos pasado por la guerra y estábamos llenos de recuerdos, algunos que queríamos conservar y otros que preferíamos olvidar. Éramos más serios que los estudiantes de hoy en día y no entrábamos mucho en diversiones; queríamos retomar nuestra vida y sabíamos que era fundamental obtener una educación académica.

En la vida militar nos habíamos enfocado en la destrucción; en eso consiste la guerra. Estábamos inspirados por la virtud noble del patriotismo y la prueba de la vida fue dedicarnos a la destrucción sin ser destruidos espiritual o moralmente.

Ustedes también viven en tiempos de guerra, la guerra espiritual que nunca tendrá fin y que ahora domina los asuntos de la humanidad. Este mundo en guerra ha perdido la inocencia; ya no hay nada, por grosero o indigno que sea, que no se considere aceptable para las películas, el teatro, la música o la conversación. Parece que el mundo se ha dado vuelta al revés. (Véase 2 Pedro 2).

La formalidad, la dignidad, la nobleza y el respeto a la autoridad son objeto de burlas; la modestia y la pulcritud dan paso al desaliño, al desaseo en la vestimenta y en el arreglo personal. Las reglas de honestidad, integridad y moralidad básica ahora se pasan por alto; la conversación está salpicada de profanidad y vulgaridad, y eso se ve en el arte y la literatura, en el teatro y otros entretenimientos. En lugar de ser refinados se han vuelto groseros. (Véase 1 Timoteo 4:1–3; 2 Timoteo 3:1–9).

Casi a diario ustedes tienen que tomar decisiones en cuanto a si van a seguir o no esas tendencias. Tienen muchas pruebas por delante.

Aférrense a la barra de hierro

En el capítulo 8 de 1 Nefi, lean sobre el sueño de Lehi. Él dijo a su familia: “He aquí, he soñado un sueño o, en otras palabras, he visto una visión” (1 Nefi 8:2).

Tal vez piensen que el sueño o la visión de Lehi no tiene ningún significado para ustedes, pero sí lo tiene, porque ustedes están en él; todos estamos en él.

Nefi dijo: “[Todas las Escrituras se aplican] a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción” (1 Nefi 19:23).

El sueño o la visión que tuvo Lehi de la barra de hierro contiene todo lo que un Santo de los Últimos Días necesita para entender la prueba de la vida.

Esto es lo que Lehi vio:

Lean el sueño o la visión atentamente; después, vuelvan a leerlo.

Si se aferran a la barra de hierro, podrán seguir adelante a tientas con el don del Espíritu Santo que se les confirió en el momento de ser confirmados miembros de la Iglesia. El Espíritu Santo los reconfortará y podrán sentir, como Nefi, la influencia de ángeles y seguir adelante a tientas a lo largo de la vida.

El Libro de Mormón ha sido mi barra de hierro.

Lehi vio a gran multitud de personas apremiándose “a fin de llegar… al árbol” (1 Nefi 8:21).

El edificio grande y espacioso “estaba lleno de personas, tanto ancianas como jóvenes, hombres así como mujeres; y la ropa que vestían era excesivamente fina; y se hallaban en actitud de estar burlándose y señalando con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto y estaban comiendo de él” (1 Nefi 8:27).

Una palabra que hay en este sueño o visión debería tener significado especial para los jóvenes Santos de los Últimos Días: es la palabra después. La gente se avergonzó después de haber encontrado el árbol y, debido a las burlas del mundo, se apartaron de él.

“Y después que hubieron probado del fruto, se avergonzaron a causa de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron…

“Y grande era la multitud que entraba en aquel singular edificio. Y después de entrar en él nos señalaban con dedo de escarnio a mí y también a los que participaban del fruto”. Ésa fue la prueba; luego, Lehi dijo: “pero no les hicimos caso” (1 Nefi 8:28, 33; cursiva agregada). Y ésa fue la manera de responder a la prueba.

Nefi, hijo de Lehi, escribió:

“Yo, Nefi, sentí deseos de que también yo viera, oyera y supiera de estas cosas, por el poder del Espíritu Santo, que es el don de Dios para todos aquellos que lo buscan diligentemente…

“Porque el que con diligencia busca, hallará; y los misterios de Dios le serán descubiertos por el poder del Espíritu Santo, lo mismo en estos días como en tiempos pasados, y lo mismo en tiempos pasados como en los venideros; por tanto, la vía del Señor es un giro eterno” (1 Nefi 10:17, 19).

Todo el simbolismo del sueño de Lehi se le explicó a su hijo Nefi, y éste escribió al respecto.

Cuando ustedes se bautizaron y se les confirmó, se aferraron a la barra de hierro; pero nunca están a salvo. Su prueba no les sobrevendrá sino hasta después de haber comido de ese fruto.

De vez en cuando pienso en uno de nuestros compañeros de clase, muy inteligente, apuesto y fiel en la Iglesia, y lleno de talento y capacidad. Se casó bien y pronto llegó a ser una persona prominente. Pero, a fin de complacer al mundo y a los que lo rodeaban, empezó a transigir; ellos lo engatusaron con halagos para que siguiera los caminos de ellos, los del mundo.

A veces se trata de algo sumamente sencillo, como la forma en que se arreglen o la ropa que usen; por ejemplo, una joven que se enmaraña el pelo para dar la impresión de que no se ha peinado o un muchacho que se viste con ropa suelta porque quiere estar a la moda.

En alguno de esos aspectos leves, mi compañero de clase aflojó un tanto la mano con que asía la barra de hierro; la esposa se aferraba a la barra con una mano y a él con la otra. Al fin, él se fue apartando de ella y se soltó de la barra y, tal como lo predijo Lehi con su sueño o visión, se apartó hacia senderos prohibidos y se perdió.

En gran parte debido a la televisión, en lugar de observar ese edificio espacioso estamos, en efecto, viviendo dentro de él. Ésa es la suerte que les toca en esta generación: ustedes viven en ese edificio grande y espacioso.

¿Quién escribió esa increíble visión? En la Biblia no hay nada que se le parezca. ¿La compuso José Smith? ¿Fue él quien escribió el Libro de Mormón? Eso es más difícil de creer que el relato sobre los ángeles y las planchas de bronce. José Smith tenía sólo veinticuatro años cuando se publicó el Libro de Mormón.

Ustedes estarán a salvo si tienen el aspecto de un Santo de los Últimos Días común, y se arreglan y se comportan como tal: vistan con modestia, asistan a las reuniones de la Iglesia, paguen el diezmo, tomen la Santa Cena, honren el sacerdocio, respeten a sus padres, sigan a sus líderes, lean las Escrituras, estudien el Libro de Mormón y oren, oren siempre. Mientras se aferren a la barra de hierro, un poder invisible los sostendrá de la mano.

¿Resolverá esto todos sus problemas? ¡Por supuesto que no! Eso sería contrario al propósito por el que vinieron a la existencia mortal, no obstante, les dará un fundamento sólido sobre el cual edificar su vida (véase Helamán 5:12).

Habrá veces en que el vapor de tinieblas los cubrirá de tal manera que no podrán ver el camino, ni siquiera lo que tengan ante los ojos; no les será posible ver claramente, pero con el don del Espíritu Santo, pueden seguir adelante a tientas por el camino a lo largo de la vida. Aférrense a la barra de hierro y no se suelten. (Véase 3 Nefi 18:25; D. y C. 9:8).

Una época de guerra espiritual

Vivimos en una época de guerra, la guerra espiritual que no tiene fin. Moroni nos advirtió que las combinaciones secretas que Gadiantón inició “existen entre todos los pueblos…

“Por lo tanto, oh gentiles [y el vocablo gentiles en esa parte del Libro de Mormón se refiere a nosotros, los de nuestra generación], está en la sabiduría de Dios que se os muestren estas cosas, a fin de que así os arrepintáis de vuestros pecados, y no permitáis que os dominen estas combinaciones asesinas…

“Por consiguiente, el Señor os manda que cuando veáis surgir estas cosas entre vosotros, que despertéis a un conocimiento de vuestra terrible situación, por motivo de esta combinación secreta que existirá entre vosotros…” (Éter 8:20, 23–24).

Ateos y agnósticos convierten su incredulidad en una religión y actualmente se organizan de manera nunca vista para atacar la fe y la creencia. Están organizados ahora y tratan de obtener poder político; ustedes oirán hablar mucho acerca de ellos y también los escucharán. Gran parte de su ataque es indirecto, burlándose de los fieles y de la religión.

En la actualidad viven entre nosotros tipos similares a Sherem, Nehor y Korihor (véase Jacob 7:1–21; Alma 1:1–15; 30:6–60). Y sus argumentos no son muy diferentes de los de esos personajes del Libro de Mormón.

Ustedes, los jóvenes, verán muchas cosas que pondrán a prueba su valor y su fe. Las burlas no provienen solamente del exterior de la Iglesia. Permítanme repetirlo: Las burlas no provienen solamente del exterior de la Iglesia. Cuídense de no caer en la categoría de los que se burlan.

El Señor prometió: “…si estáis preparados, no temeréis” (D. y C. 38:30).

Incluso Moroni afrontó la misma dificultad; dijo que a causa de su debilidad para escribir:

“…temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras.

“[Y el Señor le dijo:] Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán; y mi gracia es suficiente para los mansos, para que no saquen provecho de vuestra debilidad;

“y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos” (Éter 12:25–27).

Nos regocijamos en Cristo

Engarzada en ese sueño o visión está la “perla de gran precio” (Mateo 13:46).

Lehi y Nefi vieron:

Todo eso es lo que vieron en un sueño o visión. Y eso es lo que nosotros afrontamos actualmente.

Ahora te hablo individualmente a ti, al “uno” de los dos millones: Igual que los profetas y apóstoles de tiempos pasados nosotros “hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo… para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

“Los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo; por lo que declaran las palabras de Cristo. Por tanto, os dije: Deleitaos en las palabras de Cristo; porque he aquí, las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer” (2 Nefi 32:3).

Después Nefi agregó:

“Por tanto, si después de haber hablado yo estas palabras, no podéis entenderlas, será porque no pedís ni llamáis; así que no sois llevados a la luz, sino que debéis perecer en las tinieblas.

“Porque he aquí, os digo otra vez, que si entráis por la senda y recibís el Espíritu Santo, él os mostrará todas las cosas que debéis hacer” (2 Nefi 32:4–5).

Las impresiones del Espíritu Santo

Ustedes son parte de una generación interesante en la que las pruebas serán constantes en su vida. Aprendan a seguir las impresiones del Espíritu Santo, que ha de ser su escudo, su protección y su maestro. No se avergüencen nunca de las doctrinas del Evangelio ni de las normas que enseñamos en la Iglesia. Si son fieles en la Iglesia, siempre serán muy diferentes de la mayoría del mundo.

Tienen la ventaja de saber que pueden ser inspirados en todas sus decisiones. Son muchas las que tienen por delante: la que tiene que ver con terminar sus estudios, la de buscar al compañero o compañera de su vida, la de encontrar empleo, la de establecerse, la de criar hijos en un mundo que está al revés. Sus hijos estarán expuestos a mucho más que nosotros, los de mi generación.

Al viajar por la Iglesia, notamos que nuestra juventud de hoy es más fuerte que la del pasado. Cuando los oigo hablar en las conferencias y en la reunión sacramental, los oigo citar pasajes de las Escrituras y defender las normas; no oigo las burlas cínicas típicas de los que no son fieles ni están totalmente convertidos.

Presidimos una iglesia de más de trece millones de miembros que continúa creciendo. La Iglesia está en el mundo; ahora gran parte de ella es internacional. Muchos de sus miembros no tienen la oportunidad de asistir a la universidad, pero viven el Evangelio. Y verlos y estar entre ellos es maravilloso y extraordinario.

Al pensar en ustedes, jóvenes Santos de los Últimos Días, y en el Libro de Mormón y en el sueño o la visión que tuvo Lehi, vemos que en él hay profecías que se pueden aplicar específicamente a ustedes. Vuelvan a leerlo, empezando por 1 Nefi 8, y sigan hasta leer el consejo que se da. El Libro de Mormón habla de la vida después de la muerte: lo que le sucede al espíritu (véase Alma 40:11–12) y lo que pasa en el mundo de los espíritus (véase 2 Nefi 2:29; 9:10–13). Todo lo que necesitan saber está ahí. Léanlo e intégrenlo en su vida; entonces, las críticas y las mofas del mundo, burlándose de los que son de la Iglesia, no tendrán importancia para ustedes como no la tiene para nosotros (véase 1 Nefi 8:33). Nosotros nos limitamos a seguir adelante, haciendo lo que se nos llama a hacer, y sabemos que el Señor nos guía.

Ruego que reciban las bendiciones del Señor en sus labores. Invoco las bendiciones del Señor para ustedes al seguir avanzando en la mañana de su existencia, donde se encuentran ahora, hacia el atardecer de su vida, donde me encuentro yo, para que sepan que el Evangelio de Jesucristo es verdadero. Enfrentarán muchos momentos grandiosos, tumultuosos y difíciles a lo largo de su vida, y disfrutarán de gran inspiración y gozo.

Ustedes son mejores de lo que éramos nosotros. Estoy convencido de que, en vista de lo que sin duda iba a suceder y de las profecías que se recibieron, el Señor ha reservado espíritus especiales para venir en esta época a fin de asegurarse de que Su Iglesia y reino estén protegidos y avancen en el mundo. Como siervo del Señor, invoco Sus bendiciones sobre ustedes y les testifico que el Evangelio es verdadero.