Henry B. Eyring

El Libro de Mormón como guía personal

Todos sentimos, en nuestros mejores momentos, el deseo de regresar a casa a vivir con Dios. Él nos mandó la dádiva de Su Hijo Amado como Salvador a fin de proporcionarnos el sendero y enseñarnos a seguirlo. Nos dio profetas para señalarnos el camino. El profeta José Smith recibió inspiración para traducir el registro de profetas que es el Libro de Mormón, el cual es nuestra guía segura en el camino de regreso a nuestro hogar con Dios.

Sobre ese libro preciado, José Smith dijo: “Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”1.

Los preceptos del Libro de Mormón son los mandamientos de Dios que en él encontramos. Algunos son mandatos directos del Salvador por medio de Sus profetas sobre lo que debemos hacer y lo que debemos llegar a ser. En el Libro de Mormón se nos presenta el ejemplo del Salvador a fin de aumentar nuestra fe y nuestra determinación de obedecer Su mandato de seguirlo a Él. El libro está lleno de la doctrina de Cristo para guiarnos. A continuación hay un ejemplo de 2 Nefi:

“[Jesús] dijo a los hijos de los hombres: Seguidme. Por tanto, mis amados hermanos, ¿podemos seguir a Jesús, a menos que estemos dispuestos a guardar los mandamientos del Padre?

“Y el Padre dijo: Arrepentíos, arrepentíos y sed bautizados en el nombre de mi Amado Hijo” (2 Nefi 31:10–11).

En el libro se deja bien claro que debemos recibir el Espíritu Santo como bautismo de fuego para que nos ayude a mantenernos en el camino estrecho y angosto. Se nos enseña que debemos orar siempre en el nombre de Cristo, sin desmayar, y que si así lo hacemos, tenemos esta promesa: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna” (2 Nefi 31:20).

En el Libro de Mormón, en el maravilloso sermón del rey Benjamín, se explica con claridad lo que quiere decir el tener amor por Dios y por todos los hombres. Cuando nuestra naturaleza se ve cambiada por el poder de la Expiación y por nuestra fiel obediencia a los mandamientos, seremos llenos del amor de Dios (véase Mosíah 4:1–12).

Además, el Libro de Mormón nos da la confianza de que en esta vida podemos llegar a ser purificados de tal forma que ya no tendremos el deseo de obrar mal (véase Mosíah 5:2). Tal esperanza nos brinda valor y consuelo cuando Satanás intenta tentarnos y desalentarnos en nuestro camino.

Cada vez que leo aunque sea unos pocos renglones del Libro de Mormón, siento que se fortalece mi testimonio de que el libro es verdadero, de que Jesús es el Cristo, de que podemos seguirlo a Él hasta llegar a casa y de que podemos llevar con nosotros a las personas a las que amamos. Para mí ha sido el libro de libros. Es la palabra de Dios.

Ruego que tanto nosotros como todas aquellas personas a quienes amamos bebamos grande y diariamente de él. Testifico en el nombre de Jesucristo que se trata de una guía verdadera.

Cómo enseñar con este mensaje

“Cuando empleamos las Escrituras y las palabras de los profetas de los últimos días como la fuente de toda nuestra enseñanza, invitamos al Espíritu a que testifique. Esto trae a nuestra enseñanza ‘el poder de Dios para convencer a los hombres’ (D. y C. 11:21)” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 55). Considere leer algunos pasajes selectos del mensaje del presidente Eyring, entre ellos la declaración de José Smith sobre el Libro de Mormón. Pida a los integrantes de la familia que expresen ideas sobre la manera en que vivir las enseñanzas que se encuentran en el Libro de Mormón nos ayuda a acercarnos más a Dios.

“Al analizar los principios de las Escrituras, [los alumnos] van desarrollando la capacidad necesaria para estudiarlas personalmente” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 59). Considere leer los pasajes de las Escrituras a los que se hace referencia en este mensaje y buscar los principios que éstos enseñan para analizarlos.

Jóvenes

Mi propio Libro de Mormón

En agosto de 2005, cuando el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dio el desafío a los miembros de la Iglesia de leer el Libro de Mormón antes de que terminara el año, me prometí que leería todo el libro. Estaba familiarizada con los relatos del Libro de Mormón, pero nunca lo había leído de principio a fin. Ahora tenía toda la intención de cumplir con mi promesa.

Me habían enseñado que debía aplicar las Escrituras a mi vida y que las hiciera parte mía, así que al leer, escribía en los márgenes de las hojas lo que me parecía que era la idea principal del pasaje. También subrayaba las palabras o frases repetidas para mostrar el énfasis.

Escribía mi nombre al lado de los nombres en las Escrituras para ayudarme a recordar que la palabra que Dios habló a otros también puede ser la palabra dirigida a mí. Por ejemplo, escribí mi nombre en 2 Nefi 2:28: “Y ahora bien, [Hillary], quisiera que confiaseis en el gran Mediador y que escuchaseis sus grandes mandamientos”. Cuanto más personalizaba el Libro de Mormón, más me entusiasmaba leerlo todos los días.

Al leer a diario, mis oraciones se volvieron más sinceras e íntimas. También pude concentrarme en mis estudios y seguir los susurros del Espíritu de hacerme amiga de los demás. Terminé de leer el Libro de Mormón en la última noche del año.

Entonces entendí la importancia de leer todo el Libro de Mormón, junto con las otras Escrituras, y quiero hacerlo muchas veces más en mi vida.

Niños

Una guía para ayudarnos a volver a casa

¿Cómo te sentirías si estuvieras perdido y no supieras cómo volver al lado de tu familia? ¿Te pondrías contento si pudieras seguir a alguien que te mostrara el camino? El presidente Eyring dice que el Libro de Mormón es como una guía que nos ayuda a regresar a nuestro Padre Celestial.

Mira las ilustraciones de algunas cosas que el Libro de Mormón nos dice que tenemos que hacer para volver a casa. Lee 2 Nefi 31:10, 11, 20. Bajo cada ilustración, anota el versículo correcto del Libro de Mormón. Tendrás que usar uno de los versículos dos veces.

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    Nota

  1.   1.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 51–52.